Jueves, 17 de septiembre de 2026
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Una madre en Holguín confina a su hija tras una reja ante el colapso de la atención psiquiátrica en Cuba

Una madre en Holguín confina a su hija tras una reja ante el colapso de la atención psiquiátrica en Cuba

Gretel Leiva Larigolle, una joven de 26 años diagnosticada con esquizofrenia paranoide, pasa sus días confinada detrás de una puerta enrejada en la localidad de Velasco, en la provincia de Holguín. Su madre, Yaquelín Larigolle González, ha tenido que recurrir a este extremo método de contención como única alternativa para proteger a la familia ante la nula respuesta institucional y la aguda escasez de medicamentos que padece el sistema sanitario cubano.

La historia de esta familia es un retrato crudo del abandono en el que se encuentran miles de cubanos que padecen enfermedades mentales severas. Según relató Larigolle González, los problemas de salud de Gretel comenzaron a manifestarse en 2012, cuando la joven tenía apenas 19 años y recibió el diagnóstico clínico. Desde entonces, la evolución de la enfermedad ha obligado a la familia a adaptar su vida y su hogar a las exigencias de una patología que, en condiciones normales, requeriría atención especializada y tratamiento farmacológico constante.

La decisión de instalar la reja en la habitación de Gretel se concretó hace dos o tres años, tras episodios de crisis donde la joven llegó a romper objetos y agredir físicamente a su madre, a quien golpeaba, pellizcaba y mordía. \»Nosotros somos los que estamos viviendo y conviviendo con ella. Eso es una cosa que no es fácil\», explicó Yaquelín, de 56 años, quien junto a su esposo, Edgar Leiva Pérez, asume la totalidad del cuidado de la joven sin ningún tipo de apoyo estatal especializado.

La dinámica familiar ha sido completamente alterada por esta realidad. Las tareas cotidianas se han convertido en un reto logístico y emocional. Yaquelín debe entregar los alimentos y los medicamentos a través de los barrotes. Debido a que Gretel ha arrojado los platos en varias ocasiones, la madre se vio en la obligación de alimentarla personalmente. El aseo personal también se realiza bajo estricta vigilancia; la joven se baña por sí misma, pero su madre debe permanecer atenta desde el exterior de la reja para evitar cualquier incidente.

El desgaste físico y psicológico de los cuidadores es evidente. Edgar Leiva Pérez, de 81 años, ha sido sometido a dos operaciones, lo que agrava la complejidad del cuidado en un hogar donde no hay descanso. Yaquelín ha admitido vivir en un estado constante de nerviosismo, sufriendo una notable pérdida de peso y un deterioro emocional profundo. \»Eso también le afecta a uno psicológicamente, le afecta a uno emocionalmente\», señaló, evidenciando la tragedia silenciosa que se vive dentro de los hogares cubanos.

El abandono institucional y la burocracia sanitaria

La tragedia de Gretel no es solo consecuencia de su enfermedad, sino del colapso estructural del sistema de salud pública en Cuba. La madre relató que una trabajadora social intentó gestionar la entrega de medicamentos a domicilio, un servicio que teóricamente debería estar garantizado por las autoridades de la isla para pacientes con movilidad reducida o condiciones psiquiátricas severas. Sin embargo, la respuesta de la farmacia local fue que no contaban con el personal necesario para realizar la entrega.

Ante esta realidad, Yaquelín ha dejado de acudir a la consulta de psiquiatría del policlínico de su localidad. La razón no es otra que la inutilidad de las visitas médicas cuando los tratamientos recetados no llegan a las farmacias. El régimen de La Habana ha sido incapaz de garantizar la cadena de suministro de medicamentos psiquiátricos, dejando a pacientes en estado de vulnerabilidad extrema y a sus familias expuestas a las consecuencias directas de las crisis no tratadas.

Contexto sistemico: La crisis sanitaria y el desamparo social

El caso de esta familia en Holguín se inscribe en una crisis mucho más amplia que afecta a toda la isla. El sistema de salud cubano, otrora presentado por el gobierno cubano como uno de sus principales logros, se encuentra en estado de profunda decadencia. La falta de insumos médicos, el deterioro de las instalaciones hospitalarias y la masiva migración de profesionales de la salud han dejado a la población sin atención básica. Históricamente, las instituciones psiquiátricas en Cuba han sido señaladas por su hacinamiento, pero en las provincias orientales y zonas rurales como Velasco, la atención ambulatoria es prácticamente inexistente.

En el ámbito de la salud mental, la situación es aún más crítica. Los medicamentos para tratar condiciones como la esquizofrenia, el trastorno bipolar o la depresión severa son prácticamente inexistentes en las farmacias estatales. Esta carencia obliga a los pacientes a depender de la solidaridad o de las remesas enviadas desde el exterior. En el caso de Gretel, la supervivencia de la familia depende de medicamentos, alimentos y artículos de aseo enviados desde Estados Unidos o donados por vecinos de Velasco e iglesias locales.

A esto se suma el éxodo migratorio sin precedentes que ha vivido la isla en los últimos años, el cual ha incluido a una gran cantidad de enfermeros, psicólogos y personal técnico de salud. La fuga de cerebros y manos de obra especializada ha dejado a los policlínicos funcionando con personal insuficiente, lo que explica la incapacidad de las farmacias para realizar entregas a domicilio o de los centros de salud para ofrecer seguimiento a pacientes crónicos. La dependencia de la caridad privada y la diáspora para suplir las deficiencias del Estado es un claro indicativo del fracaso del modelo impuesto por la dictadura cubana.

Implicaciones y consecuencias a futuro

El panorama a futuro para los pacientes con enfermedades mentales en Cuba es desolador. Sin una reforma estructural que garantice el suministro de medicamentos y la creación de centros de atención especializada, casos como el de Gretel se multiplicarán. La falta de esperanza y el colapso económico empujan a más cubanos a la depresión y la angustia, aumentando la demanda de servicios psiquiátricos que el sistema no puede satisfacer.

Mientras tanto, la represión social y la censura impiden que estas realidades salgan a la luz con la frecuencia necesaria. Las familias sufren en el anonimato, atrapadas entre la enfermedad y la inoperancia del sistema. La comunidad internacional y las organizaciones defensoras de los derechos humanos deben dirigir su atención hacia estas violaciones silenciosas. La negligencia médica sistemática por parte del ejecutivo cubano constituye una forma de vulneración de los derechos fundamentales de la ciudadanía. La historia de Yaquelín y Gretel en Velasco no es un caso aislado, sino el espejo de una nación donde el Estado ha fallado en su deber más básico: proteger a los ciudadanos más desamparados.

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya
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