El ministro de Salud Pública de Cuba, José Ángel Portal Miranda, expuso ante la XVI Reunión Ministerial de Salud de los BRICS una radiografía devastadora del sistema sanitario nacional, reconociendo un rezago de más de 100.000 cirugías y un repunte histórico de la mortalidad infantil. La intervención, transmitida mediante un mensaje grabado debido a la «compleja situación» que atraviesa la isla, evidenció ante la comunidad internacional la profunda crisis que atraviesa el sector, atribuida por las autoridades a factores externos, pero que la sociedad civil vincula a décadas de desinversión y mala gestión gubernamental.
La participación del funcionario en el encuentro celebrado en India, que reunió a representantes de los países miembros y socios del bloque, se produjo mediante una intervención grabada al no poder viajar físicamente. Portal Miranda justificó su ausencia alegando el «recrudecimiento sin precedentes» del embargo estadounidense, un supuesto cerco energético y lo que calificó como una permanente amenaza de agresión. Sin embargo, más allá de la retórica oficial, sus declaraciones dejaron al descubierto la magnitud del deterioro de un sistema que durante décadas fue explotado como bandera ideológica por el ejecutivo cubano.
Las cifras presentadas por el titular de Salud son el reflejo más crudo de la emergencia hospitalaria. Portal Miranda informó que más de 100.000 pacientes se encuentran actualmente en lista de espera para someterse a una intervención quirúrgica, una cifra que incluye a unos 12.000 niños. De igual manera, admitió que la tasa de mortalidad infantil alcanzó los 9,9 fallecidos por cada 1.000 nacidos vivos al cierre del año pasado, marcando el nivel más elevado registrado en más de dos décadas y evidenciando un retroceso alarmante en indicadores básicos de supervivencia materno-infantil.
Ante sus homólogos internacionales, el ministro aseguró que Cuba mantiene un sistema universal con profesionales altamente calificados, y afirmó que «detrás de esas restricciones existen rostros, pacientes, familias que sufren». El gobierno cubano ha atribuido sistemáticamente este deterioro a las políticas de Estados Unidos, incluyendo la reincorporación de la isla en la lista de países patrocinadores del terrorismo a inicios de 2025. No obstante, esta narrativa choca frontalmente con los testimonios de profesionales de la salud y activistas dentro del país, quienes señalan que la catástrofe sanitaria responde a factores endógenos y estructurales.
La intervención de Portal Miranda en el foro internacional ocurrió apenas un día después de que el Departamento de Estado de Estados Unidos anunciara sanciones directas contra él, así como contra nueve entidades y dos personas vinculadas al sistema de misiones médicas cubanas. Estas medidas, derivadas de la Orden Ejecutiva 14404 firmada en mayo de 2026, buscan penalizar lo que Washington considera un esquema de explotación laboral y tráfico de talento por parte de las autoridades de la isla, un programa que históricamente ha privado al sistema sanitario interno de sus mejores recursos humanos para lucrarse en el exterior.
El colapso desde adentro: carencias y abandono institucional
La visión oficial contrasta diametralmente con la realidad descrita por especialistas de la salud en Cuba. El doctor Roberto Serrano de Lis, especialista en fisioterapia, ha sido tajante al afirmar que la situación actual trasciende una crisis temporal para constituir un colapso sistémico. «El sistema ha sufrido un deterioro progresivo durante muchos años y en este momento hay prácticamente un colapso total», declaró el especialista, detallando un escenario desolador en hospitales y policlínicos donde escasea hasta lo más elemental.
«Falta desde un simple material de cura hasta ambulancias. No hay absolutamente nada», sostuvo Serrano de Lis en declaraciones a medios independientes. Esta percepción es respaldada por los datos oficiales divulgados a mediados de año, que reportaron que 461 de los 651 medicamentos esenciales no estaban disponibles en las farmacias estatales, dejando a la población desprotegida ante enfermedades crónicas y emergencias básicas. A esta escasez farmacológica se suma la paralización de cientos de ambulancias por la falta de combustible y piezas de repuesto, un síntoma directo de la crisis energética y económica general.
Contexto: La crisis sanitaria como síntoma del fracaso estructural
El descalabro del sistema de salud no es un fenómeno aislado, sino la consecuencia directa de décadas de políticas centralizadas, falta de inversión en infraestructura y la priorización de la exportación de servicios médicos sobre la atención a la población local. La dictadura cubana ha utilizado históricamente el sector salud como instrumento de propaganda internacional, mientras el mantenimiento de los hospitales, la actualización tecnológica y el pago digno a los médicos quedaban relegados a un segundo plano. Hoy, esa deuda histórica se cobra con la vida y la calidad de vida de los cubanos comunes.
La crisis sanitaria se entrelaza indisolublemente con el colapso económico generalizado que sufre la isla. La hiperinflación, la devaluación del peso cubano y la incapacidad del régimen de La Habana para generar riqueza han empobrecido a la población, obligándola a depender de un sistema de salud gratuito pero inoperante. La falta de combustible no solo inmoviliza ambulancias, sino que provoca cortes eléctricos constantes en centros hospitalarios, afectando equipos de ventilación y refrigeración de medicamentos vitales.
Asimismo, el éxodo migratorio sin precedentes ha arrancado del país a miles de profesionales de la salud, quienes han abandonado la isla huyendo de los salarios de miseria y las condiciones precarias de trabajo. La pérdida de capital humano, sumada a la falta de insumos, configura un escenario de difícil reversión a corto plazo, donde la promesa de un sistema de salud universal y gratuito se ha convertido en una ficción insostenible que solo beneficia a la narrativa oficial.
Antecedentes de un deterioro anunciado
El declive del sistema sanitario cubano ha sido un proceso gradual que se aceleró en la última década. Durante la pandemia de COVID-19, las deficiencias estructurales quedaron al descubierto, con hospitales desbordados, personal médico contagiado por la falta de equipos de protección y una logística colapsada. A partir de entonces, la situación no hizo más que empeorar. La decisión de la administración de Donald Trump de recrudecer las medidas coercitivas y reinstaurar a Cuba en la lista de patrocinadores del terrorismo en enero de 2025 complicó aún más la capacidad del gobierno para adquirir insumos en el mercado internacional, aunque los expertos coinciden en que la desidia interna fue el principal catalizador del desastre.
Previamente, las autoridades de la isla ya habían reconocido de forma fragmentada la escasez de medicamentos y el deterioro de la infraestructura, pero nunca con la contundencia numérica expuesta en el foro de los BRICS. La admisión de una tasa de mortalidad infantil de 9,9 por cada 1.000 nacidos vivos es particularmente alarmante, ya que rompe con uno de los supuestos pilares de legitimidad del poder en Cuba: el supuesto éxito de su salud materno-infantil, utilizado durante años para lavar la imagen del régimen en foros multilaterales.
Implicaciones y futuro del sector salud en Cuba
El encuentro de los BRICS concluyó con compromisos de cooperación sanitaria enfocados en la prevención de enfermedades, el uso de herramientas digitales y la creación de mecanismos de alerta temprana, aunque queda por ver cómo estos acuerdos pueden materializarse en una Cuba con limitaciones estructurales severas. Para la ciudadanía de la isla, las declaraciones de su ministro en el exterior no son más que la confirmación oficial de una tragedia que viven a diario en las salas de espera de hospitales vacíos.
El futuro inmediato del sistema sanitario cubano se presenta incierto y sombrío. Sin una apertura democrática, una reestructuración económica profunda y el cese de la represión y el control sobre los profesionales, es improbable que el sector pueda recuperarse. La comunidad internacional, incluyendo a los aliados del bloque BRICS, se enfrenta al reto de asistir a una población en estado de vulnerabilidad extrema, mientras la dictadura cubana continúa debatiéndose entre la negación de su responsabilidad interna y la búsqueda de culpables externos para una crisis que, en gran medida, ha sido fabricada por su propio modelo de gestión.