El Sistema Electroenergético Nacional cubano opera al 30% de su capacidad durante las horas de mayor consumo, con un déficit previsto de 2.260 megavatios que mantendrá a todas las provincias de la isla sin servicio eléctrico de forma simultánea. Once unidades termoeléctricas permanecen fuera de servicio y la generación distribuida está paralizada por falta de combustible, en medio de la peor crisis energética que recuerda la isla en décadas.
La Unión Eléctrica (UNE), empresa estatal monopolio del sector energético en Cuba, pronosticó para la tarde-noche de este jueves una afectación de 2.260 megavatios (MW), equivalente al 70,6% de la demanda máxima calculada en 3.200 MW. La disponibilidad prevista para el horario pico se sitúa en apenas 970 MW, menos de un tercio de lo que necesita el país para mantener el servicio sin interrupciones. Este escenario coloca a la isla en una situación de colapso energético virtual, donde la mayoría de la población quedará sin electricidad durante las horas en que más se necesita.
La jornada del miércoles ya registró cortes ininterrumpidos durante las 24 horas, con un déficit real máximo de 2.162 MW registrado a las 10:50 de la noche, según reconoció el propio informe oficial de la UNE. Las interrupciones afectaron a todas las provincias del país sin excepción, prolongando una crisis que se ha vuelto estructural y que el régimen de La Habana parece incapaz de revertir pese a los repetidos anuncios de planes de recuperación que nunca se materializan.
Once termoeléctricas inoperativas
El informe técnico de la UNE detalla que once unidades termoeléctricas permanecen fuera de servicio, siete por averías y cuatro por mantenimiento programado. Entre las unidades averiadas se encuentran las unidades 5 y 6 de la Central Termoeléctrica (CTE) Máximo Gómez, en Mariel; las unidades 1 y 2 de la CTE Ernesto Guevara, en Santa Cruz del Norte; la Unidad 6 de la CTE Diez de Octubre, en Nuevitas; la Unidad 2 de la CTE Lidio Ramón Pérez, en Felton; y la Unidad 3 de la CTE Antonio Maceo, en Renté. En mantenimiento se encuentran la Unidad 3 de la CTE de Santa Cruz, la Unidad 5 de Nuevitas y las unidades 5 y 6 de Renté.
La generación distribuida, que debería funcionar como respaldo ante el colapso de las grandes termoeléctricas, también se encuentra severamente limitada por la falta de combustible. El informe oficial contabiliza 106 centrales de generación distribuida fuera de servicio, además de las plantas flotantes de Regla y Melones y las denominadas Central Fuel de Mariel y Moa. Esta paralización masiva de los grupos electrógenos demuestra que el gobierno cubano no dispone ni siquiera del combustible necesario para activar los sistemas de emergencia diseñados precisamente para escenarios como este.
Para el horario pico, la UNE prevé incorporar la Unidad 2 de la CTE de Santa Cruz con 80 MW, una contribución marginal que ya está incluida en el cálculo que sitúa la disponibilidad nocturna en solo 970 MW. El ejecutivo cubano ha presentado en reiteradas ocasiones la incorporación de pequeñas unidades al sistema como si fueran logros significativos, cuando en realidad representan menos del 3% de la demanda nacional y no alteran sustancialmente el panorama de colapso.
Los parques solares: una alternativa insuficiente
Los 54 parques solares fotovoltaicos instalados en la isla generaron el miércoles 5.255 megavatios-hora y alcanzaron una potencia máxima conjunta de 863 MW, de acuerdo con los datos de la UNE. Sin embargo, ese máximo se produjo únicamente durante las horas de mayor radiación solar y no evita el desplome de la disponibilidad prevista para el pico nocturno, cuando la demanda se concentra y la generación solar cae a cero. Las autoridades de la isla han promovido la instalación de parques fotovoltaicos como una de las soluciones a la crisis energética, pero los datos demuestran que esta estrategia es completamente insuficiente para sustituir la generación térmica convencional, especialmente durante la noche.
La previsión para este jueves se encuentra entre las más graves registradas durante la crisis eléctrica, aunque no supera la registrada apenas seis días antes, cuando el 17 de julio la UNE calculó una afectación de 2.290 MW frente a una demanda de 3.200 MW, equivalente al 72% del consumo previsto. El hecho de que el sistema opere de manera sostenida con déficits superiores al 70% de la demanda indica que nos encontramos ante un colapso sistémico, no ante una contingencia puntual.
Tres apagones nacionales en ocho días
El deterioro del Sistema Electroenergético Nacional (SEN) provocó tres apagones generales entre el 6 y el 14 de julio, un periodo de apenas ocho días. El primero ocurrió el día 6; el segundo, el 10 de julio, después de un fallo en una línea de 220 kilovoltios entre Santa Clara y Sancti Spíritus; y el tercero, el día 14, tras la salida de la Unidad 1 de la CTE de Felton y una brusca alteración de la frecuencia del sistema. Hasta esa fecha, la agencia EFE contabilizaba cinco desconexiones nacionales en lo que va de año y diez en cerca de 24 meses, una cifra que evidencia la fragilidad extrema de la infraestructura energética cubana.
Cada apagón nacional representa un trauma adicional para una población que ya soporta cortes diarios de entre 10 y 18 horas en la mayor parte del territorio. La desconexión total del sistema implica la paralización de bombas de agua, la pérdida de alimentos refrigerados, la interrupción de servicios médicos básicos y el colapso de las comunicaciones. La dictadura cubana ha responsabilizado reiteradamente del colapso al embargo de Estados Unidos, pero los datos técnicos muestran que el problema radica en décadas de desinversión, mantenimiento deficiente, falta de planificación y corrupción en la gestión del sector energético.
Un colapso con raíces estructurales
La crisis eléctrica no es un fenómeno aislado sino una manifestación más del colapso estructural que atraviesa Cuba en múltiples dimensiones. El sistema eléctrico cubano depende fundamentalmente de plantas termoeléctricas construidas en su mayoría durante las décadas de 1970 y 1980 con tecnología soviética, que han superado ampliamente su vida útil diseñada de 25 a 30 años. La falta de inversiones sostenidas en modernización, la ausencia de repuestos adecuados y la dependencia de combustible importado —cuya cadena de suministro ha sido históricamente vulnerable— han conducido al estado actual de deterioro terminal.
El gobierno cubano ha anunciado en los últimos años múltiples planes de recuperación del SEN, incluyendo acuerdos con Rusia para modernizar plantas termoeléctricas y la instalación de parques solares con financiamiento extranjero. Sin embargo, estos proyectos avanzan a un ritmo extremadamente lento y sus resultados son visiblemente insuficientes frente a la magnitud del colapso. Mientras tanto, la población cubana continúa sufriendo las consecuencias directas: alimentos que se pudren en neveras sin funcionamiento, hospitales que operan con generadores que fallan, estudiantes que no pueden estudiar en horas nocturnas y familias que duermen a la intemperie por las altas temperaturas sin posibilidad de usar ventiladores ni aires acondicionados.
La crisis eléctrica ha sido además uno de los principales motores del éxodo migratorio sin precedentes que ha vivido Cuba en los últimos años. Cientos de miles de cubanos han abandonado la isla hacia Estados Unidos, América Latina y Europa, huyendo de unas condiciones de vida que se han vuelto insostenibles. Los cortes de electricidad de hasta 18 horas diarias, combinados con la escasez de alimentos, la inflación galopante, el deterioro del sistema de salud y la represión política, han configurado un escenario de crisis humanitaria que las autoridades de la isla se niegan a reconocer formalmente.
Implicaciones y perspectivas
Aun sin una nueva desconexión total, el sistema eléctrico cubano continúa siendo incapaz de cubrir más de dos tercios de la demanda del país durante el horario pico, en medio de averías generalizadas, mantenimientos prolongados y una amplia paralización de la generación distribuida por falta de combustible. La entrada en la estación de mayor consumo —los meses de verano en el Caribe, donde las temperaturas superan habitualmente los 35 grados Celsius— agrava las consecuencias sanitarias y sociales de los cortes prolongados.
La persistencia de este escenario plantea interrogantes serias sobre la viabilidad del modelo energético cubano y la capacidad del régimen de La Habana para garantizar servicios básicos a su población. La comunidad internacional, particularmente los países de la región y la Unión Europea, han mantenido una postura de cooperación técnica limitada, pero los resultados son imperceptibles. Mientras tanto, la población cubana continúa pagando el costo más alto de décadas de mala gestión, falta de libertades y ausencia de mecanismos democráticos que permitan exigir responsabilidad a quienes administran los recursos del país.