La empresa mixta Habanos S.A. ha confirmado la cancelación definitiva del XXVI Festival del Habano, que inicialmente fue pospuesto en febrero y que no se celebrará a lo largo de este año. La decisión, comunicada a través de un escueto comunicado oficial, deja a La Habana sin su principal evento promocional del tabaco y traslada las celebraciones del 60 aniversario de la marca Cohiba a Londres, en medio de la profunda crisis económica y energética que asola a la isla.
El Comité Organizador del Festival del Habano emitió un comunicado el 20 de julio a través de sus redes sociales oficiales, en el que alegó «las circunstancias actuales» y el objetivo de «preservar los estándares de excelencia» para justificar la suspensión del evento. Esta postura contrasta con la emitida el pasado 14 de febrero, cuando el Estado cubano, a través del Grupo Empresarial de Tabaco de Cuba (Tabacuba), atribuyó la postergación a «la compleja situación económica del país» y a la política de sanciones de Estados Unidos. La nueva versión omite cualquier mención directa a la crisis nacional, limitándose a un lenguaje ambiguo que evidencia la falta de capacidad del régimen de La Habana para garantizar la logística de un evento internacional.
El certamen estaba planificado para celebrarse entre el 23 y el 27 de febrero en el Palacio de Convenciones de La Habana, según el calendario oficial de eventos del país para este año. El programa central giraba en torno a la conmemoración del 60 aniversario de Cohiba, la marca estandarte de la industria tabacalera nacional. Con la cancelación, las autoridades de la isla renuncian a la sede principal de estos festejos, cediendo el protagonismo a mercados extranjeros ante la imposibilidad de asegurar las condiciones mínimas en su propio territorio.
Ante la imposibilidad de realizar el festival en territorio nacional, Habanos S.A. ha reestructurado su programa internacional. La primera gran actividad de celebración del aniversario de Cohiba se llevará a cabo el 7 de octubre en Londres. En esa ciudad está previsto el debut mundial del cigarro Cohiba Talismán, que pasará a formar parte de la Línea Clásica de la marca, tras su introducción inicial en 2017 como Edición Limitada. De este modo, el lanzamiento de un producto ícono de la cultura cubana ocurrirá fuera de las fronteras nacionales, un hecho insólito para una industria que tradicionalmente ha centralizado sus grandes presentaciones en La Habana.
Impacto comercial y opacidad en la gestión de recursos
El Festival del Habano no es un evento menor; representa la vitrina comercial más importante de la industria tabacalera cubana. Históricamente, ha combinado visitas a plantaciones y fábricas con catas, conferencias y cenas de gala dedicadas a los lanzamientos de productos. Según datos de la propia empresa, el evento atraía a más de 1.300 participantes provenientes de unos 70 países, mientras que su feria comercial paralela reunía a más de 2.000 asistentes y cerca de 80 empresas expositoras. La suspensión de este encuentro supone un duro golpe para el sector turístico de negocios y para la inyección de divisas en el país, en un momento donde ambas líneas son críticas para la supervivencia del ejecutivo cubano.
Uno de los actos más emblemáticos del festival era la subasta de humidores durante la cena de gala. En la edición de 2025, los siete humidores subastados recaudaron aproximadamente 18,72 millones de dólares. El humedor conmemorativo del 15 aniversario de Cohiba Behike fue vendido por 5,2 millones de dólares, marcando el precio más alto jamás registrado en la historia del evento. Las autoridades cubanas han sostenido tradicionalmente que estos fondos se destinan al sistema de salud pública de la isla, aunque nunca han publicado informes detallados que permitan una verificación independiente de cómo se administran estos millones de dólares, alimentando sospechas sobre la opacidad en la gestión de los recursos por parte del régimen.
La edición anterior del festival generó una ola de críticas internacionales y nacionales tras celebrar una opulenta cena de gala en el Capitolio Nacional de Cuba, mientras grandes extensiones del país sufrían apagones prolongados y una crisis de infraestructura sin precedentes. La imagen de funcionarios y empresarios disfrutando de lujos extremos contrastaba dramáticamente con la realidad de una ciudadanía sumida en la oscuridad y el desabastecimiento. Aunque Habanos S.A. no ha vinculado explícitamente la cancelación actual con la crisis energética, es evidente que el gobierno cubano carece de las condiciones mínimas de infraestructura, energía y suministros para albergar a miles de visitantes extranjeros bajo estándares internacionales.
La paradoja de los ingresos récord frente al colapso nacional
La paradoja de la industria tabacalera es notable. En 2024, Habanos S.A. reportó ingresos récord de 827 millones de dólares, lo que representó un aumento del 16% respecto al año anterior. Sus cinco principales mercados por valor de ventas son China, España, Suiza, Reino Unido y Alemania, con presencia en más de 130 mercados a nivel mundial. Sin embargo, este éxito comercial contrasta con el colapso interno de la agricultura y la industria procesadora en la isla. La inflación galopante, la falta de insumos agrícolas, el deterioro de la maquinaria y la constante migración de fuerza de trabajo cualificada han mermado la capacidad productiva nacional, obligando al régimen a depender de la exportación de un producto de lujo mientras el mercado interno se desmorona.
La cancelación del Festival del Habano es un síntoma más de la profunda crisis estructural que atraviesa Cuba. El país se encuentra sumido en una recesión económica prolongada, agudizada por la ineficiencia del modelo centralizado, la falta de libertades económicas y la dependencia de factores externos. Los apagones diarios, que a veces superan las 12 horas en diversas provincias, hacen inviable la planificación de eventos que requieren un alto consumo energético y garantías de servicios básicos como el abastecimiento de agua y la conectividad a internet. El sector hotelero y de servicios, pilar tradicional para la captación de divisas, opera con bajos niveles de ocupación y enfrenta quejas constantes por la degradación de la calidad.
A la crisis material se suma un clima de creciente represión social y política. La dictadura cubana ha incrementado las tácticas de amedrentamiento contra la sociedad civil, periodistas independientes y opositores políticos, creando un entorno desfavorable para el libre tránsito y la expresión. El éxodo migratorio masivo, que ha llevado a cientos de miles de cubanos a abandonar la isla en los últimos años, ha dejado al descubierto el rechazo ciudadano al status quo. En este contexto, traer a inversores y aficionados extranjeros a un país en crisis social y sin garantías de servicios públicos suponía un riesgo de imagen que las autoridades de la isla no estaban dispuestas a asumir.
Antecedentes y consecuencias a futuro
No es la primera vez que el festival se ve interrumpido. Durante los años 2021 y 2022, Habanos S.A. también canceló las ediciones del evento a causa de la pandemia de COVID-19, trasladando varios lanzamientos de productos a eventos alternativos en el extranjero. Sin embargo, mientras que en aquella ocasión el motivo fue una crisis sanitaria global, la actual suspensión responde a un deterioro sistémico interno. La diferencia radica en que la pandemia fue un factor exógeno, mientras que el actual colapso es producto directo de las políticas del régimen de La Habana y su incapacidad histórica para gestionar la economía del país.
La cancelación del XXVI Festival del Habano y el traslado de las celebraciones de Cohiba a Londres marcan un antes y un después para la industria tabacalera cubana. El régimen pierde una de sus pocas vitrinas internacionales seguras en su territorio, evidenciando ante la comunidad global la magnitud de su fracaso en la gestión estatal. A futuro, la ciudadanía cubana seguirá soportando las consecuencias de un modelo económico agotado, donde los millones generados por productos de lujo en el extranjero no logran traducirse en mejoras para los servicios públicos en la isla. La comunidad internacional y los inversores deberán evaluar el riesgo creciente de operar en un país donde ni siquiera el sector más rentable del Estado puede garantizar la celebración de sus propios eventos.