Domingo, 20 de septiembre de 2026
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El colapso económico en Cuba impone la ley del «No fío» y hunde a los sectores más vulnerables

El colapso económico en Cuba impone la ley del «No fío» y hunde a los sectores más vulnerables

En medio de la profunda crisis inflacionaria y el fracaso del sistema bancario en Cuba, los comerciantes del sector privado se ven obligados a colgar el cartel de «No fío» en sus establecimientos. En la ciudad de Holguín, vendedores y clientes relatan cómo la imposibilidad de acceder al efectivo, la escalada imparable de los precios y el colapso de los servicios públicos han destruido la confianza vecinal, dejando a los adultos mayores en una encrucijada diaria entre el hambre y la deuda impagable. Esta realidad dibuja el rostro más crudo de la crisis estructural que sufre la isla bajo la gestión del régimen de La Habana.

La frase «Hoy no fío y mañana tampoco» se ha convertido en la filosofía obligatoria para la supervivencia de los pequeños negocios en la isla. Marcos Domínguez, un comerciante del agro en el reparto Pueblo Nuevo de Holguín, explica la cruda realidad de la microeconomía cubana: «La gente me dice ‘fíame una libra de arroz y una de frijoles, que mañana te pago’, pero después demora o no cumple». Para Domínguez, la lógica es ineludible: «El comerciante también necesita el dinero para volver a invertir, si no, el negocio fracasa. Dar fiado es muy riesgoso».

Los vendedores del emergente sector privado requieren liquidez inmediata para mantener sus operaciones y pagar a los proveedores, quienes tampoco aceptan aplazamientos. Ante la ausencia de un marco legal que garantice el cobro de deudas y la volatilidad de los precios, vender sin cobrar al instante es una sentencia de quiebra. El gobierno cubano, al fracasar en la creación de un entorno económico estable y al imponer un sistema financiero disfuncional, ha empujado a los actores comerciales a operar bajo esquemas de desconfianza absoluta.

Los más perjudicados por esta dinámica son los adultos mayores, quienes acuden al fiado como último recurso para mitigar el hambre mientras esperan el cobro de sus magras pensiones. Sin embargo, el sistema bancario nacional, colapsado e ineficiente, les impide acceder a su propio dinero. Las colas interminables frente a las sucursales, los cajeros automáticos vacíos y los apagones que inutilizan los sistemas electrónicos dejan a los jubilados sin capacidad de pago, convirtiéndolos en deudores involuntarios ante un comerciante que tampoco tiene margen de maniobra.

Cartel de un vendedor, en Holguín (Foto: CubaNet)

Cartel de un vendedor, en Holguín (Foto: CubaNet)

«Prefiero pasar hambre que pedir fiado y quedar mal», confiesa Rosa Cruz, jubilada del reparto Vista Alegre, mientras permanece en una cola para extraer efectivo de un cajero automático. Lleva días intentando cobrar su pensión, cuyo pago debió ejecutarse hace una semana. «Si me llevo algo fiado con la promesa de pagar al día siguiente, seguro incumplo, aunque no sea por mi culpa. Pasa lo de siempre: hay apagón en el banco, el cajero no tiene dinero, no hay conexión o las colas son interminables», relata la anciana, evidenciando la desesperanza de un sector poblacional abandonado a su suerte por el Estado.

El contraste histórico y la ruptura del tejido social

La ruptura del tejido de confianza comunitaria es un fenómeno que contrasta dramáticamente con el pasado de la nación. Los holguineros de mayor edad evocan una época en la que la palabra empeñada valía más que la moneda en circulación. «Antes de 1959 los comerciantes generalmente fiaban la mercancía», recuerda Roberto Velázquez, vecino del reparto Alcides Pino. «Cuando ibas a liquidar la deuda, el vendedor hasta te regalaba un peso por encima para agradecerte la formalidad. Era otra vida», comenta.

Velázquez atribuye este cambio al desmantelamiento estructural de la economía por parte de las autoridades de la isla. «Antes las bodegas fiaban porque había salarios estables, comercio fluido y las deudas se pagaban. Hoy los salarios se atrasan, los cajeros no tienen dinero y nadie puede garantizar que va a pagar. Por eso los vendedores desconfían y no fían», asegura. La transformación del panorama comercial refleja el fracaso del modelo de planificación central impuesto por el ejecutivo cubano durante más de seis décadas, que ha logrado destruir la estabilidad que alguna vez sostuvo el comercio local.

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El cartel de «No fío» suele portar el peso moral de quien se ve obligado a negar el sustento a un vecino. «Me duele cuando viene una viejita del barrio, que me cargó cuando yo era un niño, a pedirme una mano de plátanos porque no ha podido sacar el dinero de su chequera del banco», admite Felipe Carbonell, atrapado entre la solidaridad humana y la supervivencia de su negocio. «¿Cómo le digo que no?», se cuestiona, para luego responderse a sí mismo ante la crudeza de la inflación: «Si yo doy la mercancía y me la pagan en 15 días, entonces pierdo porque los precios siguen subiendo».

Carbonell ilustra además la presión ejercida por la cadena de suministro, la cual no perdona las deficiencias del sistema bancario nacional. «El que me trae la mercancía me exige los billetes uno arriba del otro, a él no le importa si el cajero del banco está roto», agrega. Esta cascada de exigencias financieras aplasta al pequeño comerciante, quien termina trasladando la rigidez del sistema hacia el consumidor final, generando fricciones y resentimientos en barrios que antes funcionaban bajo redes de apoyo mutuo.

La frustración de los clientes a menudo se canaliza contra los vendedores, desbordando tensiones sociales. «Personas conocidas se han puesto bravas conmigo porque les digo que no le puedo dar nada fiado. Pero yo no soy el culpable», se defiende Lorenzo Cruz, comerciante de alimentos básicos. «Yo no soy un ministerio, ni la Seguridad Social. Yo soy un vendedor que trabaja para que su familia coma, y a mí el proveedor no me acepta fiado; si no hay dinero, no hay negocio», sentencia, evidenciando cómo el Estado ha trasladado su responsabilidad asistencial a un sector privado maniatado.

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Contexto sistémico: inflación, bancarización forzada y abandono estatal

La crisis del «No fío» no es un fenómeno aislado, sino un síntoma directo de la profunda crisis estructural que atraviesa la isla. La decisión del gobierno cubano de implementar una «bancarización» forzada, sin garantizar previamente la infraestructura tecnológica necesaria, ha derivado en un caos financiero sin precedentes. Los frecuentes apagones energéticos, la deficiente conectividad y la escasez crónica de efectivo en las redes bancarias hacen imposible la operatividad diaria de la economía, afectando severamente a una población que depende de pensiones y salarios estatales congelados frente a una inflación que supera con creces el poder adquisitivo real.

Asimismo, la inseguridad alimentaria ha empujado a cientos de miles de cubanos a tomar la ruta del éxodo migratorio, dejando a una población cada vez más envejecida y vulnerable. Los adultos mayores, que dependen de pensiones que no alcanzan para comprar ni una mínima parte de la canasta básica, son los rehenes de este sistema fallido. La dictadura cubana, al priorizar el control político y represivo sobre el bienestar social, ha desmantelado las redes de apoyo estatal, dejando que la supervivencia de los ancianos recaiga en la caridad privada o en las remesas de familiares que lograron escapar del país.

El desabastecimiento crónico y la dependencia de un mercado agropecuario con precios especulativos completan este escenario desolador. Los productores y vendedores privados operan en un limbo legal e institucional, donde el régimen de La Habana no ofrece soluciones reales, sino más obstáculos burocráticos, impuestos confiscatorios y acoso regulatorio. La falta de un sistema de crédito formal y la inestabilidad de la moneda nacional frente al dólar obligan a la microeconomía a operar con reglas de supervivencia inmediata, imposibilitando cualquier planificación a mediano o largo plazo.

Consecuencias y panorama a futuro

La imposición de la cultura del «No fío» marca un punto de no retorno en las relaciones sociales y económicas en Cuba. La pérdida de la confianza comunitaria, erosionada por la miseria inducida por las políticas gubernamentales, augura un futuro de mayor fragmentación social y pobreza extrema. Mientras las autoridades mantengan su negativa a implementar reformas estructurales reales que incluyan la liberación de los mercados, la estabilización monetaria y el respeto a la propiedad privada, la isla continuará sumida en un ciclo de pauperización donde el hambre, el desamparo de los ancianos y la desconfianza serán las únicas constantes para los ciudadanos de a pie.

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya
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Equipo Editorial Reporte Cuba Ya

Equipo editorial de Reporte Cuba Ya, medio digital independiente especializado en noticias de Cuba. Cubrimos politica, derechos humanos, economia, feminicidios, presos politicos, oposicion y la crisis humanitaria en la isla. Nuestro compromiso es la veracidad, la independencia editorial y el rigor periodistico.

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