Por: Redacción Reporte Cuba Ya | La Habana
La guerra entre la Fábrica de Arte Cubano (FAC) y el Ministerio de Cultura ha entrado en una fase de confrontación directa. Tras días de linchamiento mediático por parte de la prensa estatal, que acusaba a la institución de racismo, su director X Alfonso ha emitido una contundente respuesta que desenmascara las verdaderas intenciones del oficialismo. Según el comunicado oficial de la FAC, la campaña de descrédito no es por la protección de los derechos civiles, sino una represalia política: el régimen intentó censurar, a última hora, un homenaje que la FAC preparaba para Celia Cruz en el centenario de su nacimiento.
En un texto cargado de indignación, X Alfonso aclaró el incidente que sirvió de excusa al gobierno. Explicó que la negativa de entrada al joven Kevin el pasado 26 de diciembre se debió a una lamentable confusión del equipo de seguridad, quienes lo confundieron con un carterista reincidente. Alfonso confirmó que contactó personalmente al afectado para disculparse, una explicación que el joven aceptó.
Sin embargo, el músico fue más allá y devolvió el golpe al Estado cubano con una dureza pocas veces vista en figuras públicas que residen en la isla. Calificó de hipócrita el discurso de «igualdad» del gobierno, recordándoles que la verdadera discriminación sistémica la ejercen ellos: «Nos negaban la entrada a hoteles por ser cubanos… y hoy, 1 de enero de 2026, la realidad nos niega el acceso a lo necesario para sobrevivir porque se vende en una moneda que no ganamos».
La memoria selectiva y el caso Luis Manuel Otero Alcántara
A pesar de la valentía de X Alfonso al mencionar a la «Guarachera de Cuba» —históricamente borrada por el castrismo— y al denunciar el apartheid económico, desde Reporte Cuba Ya es nuestro deber periodístico señalar las grietas éticas de esta defensa. X Alfonso afirma que son «una espina en el zapato del Ministerio de Cultura desde julio de 2018». Esta afirmación ignora convenientemente los años previos de convivencia pacífica con la censura, específicamente lo ocurrido en 2015.
Resulta irónico que X Alfonso critique hoy el uso malintencionado del «derecho de admisión» cuando se aplica por error a un joven llamado Kevin, pero no haya tenido esa misma contundencia cuando se aplicó deliberadamente y por motivos políticos contra el artista Luis Manuel Otero Alcántara. En aquel entonces, la FAC cerró sus puertas a Otero Alcántara, alineándose con las directrices de exclusión del mismo Ministerio de Cultura que hoy los ataca.
La situación actual demuestra una verdad dolorosa: en Cuba, nadie está a salvo del totalitarismo. El régimen que hoy prohibe homenajear a una mujer negra y exitosa como Celia Cruz, es el mismo que encarceló a un artista negro y disidente como Luis Manuel Otero. La diferencia radica en que, cuando fueron a por Luis Manuel, la élite cultural guardó silencio. Ahora que el monstruo devora a sus propios «espacios de libertad», la indignación parece llegar con años de retraso.
Un proyecto bajo asedio
La FAC ha dejado claro que su sostenibilidad es 100% privada y que el ataque busca el cierre de un espacio que genera 300 empleos y realiza labor comunitaria real, a diferencia de las instituciones estatales. La defensa de la autonomía de la FAC es necesaria ante el abuso de poder del Estado, pero esa defensa debe ir acompañada de una autocrítica honesta. No se puede reclamar libertad para homenajear a Celia Cruz mientras se olvida que se colaboró en el ostracismo de otros artistas cubanos.
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