Redacción Reporte Cuba Ya
En una maniobra que recuerda las estrategias de distracción más antiguas de la política autoritaria, el gobierno cubano ha desplegado nuevamente su maquinaria propagandística para celebrar el 67 aniversario de la Revolución y el centenario de Fidel Castro. Bajo la premisa que el poeta romano Juvenal definiera como «pan y circo», las autoridades provinciales han comenzado a organizar lo que la ciudadanía y observadores independientes han bautizado acertadamente como las «Ferias del Hambre».
Reportes provenientes de diversas localidades, citados por el medio independiente La Tijera, confirman movimientos logísticos en Guantánamo, La Habana, Santiago de Cuba y Granma. En estos territorios, el Partido y el Gobierno han ordenado la instalación de tarimas, equipos de audio y quioscos de venta improvisados. El contraste no podría ser más ofensivo: estas estructuras festivas se levantan en medio de ciudades asoladas por la acumulación de basura, la proliferación de enfermedades virales y un sistema eléctrico que mantiene a la población en la oscuridad la mayor parte del día.
El contexto de este cierre de año es particularmente crítico. El 2025 ha sido un año que pasará a la historia por la profundización de la miseria en la isla. Sin embargo, lejos de ofrecer un plan de estabilización económica o alivio humanitario, la cúpula gobernante apuesta por el ruido y la festividad forzada. Se trata de un intento evidente de maquillar la tragedia nacional, buscando que la música y la venta de productos —que probablemente escasearán al día siguiente— sirvan como un velo sobre décadas de gestión fallida y saqueo institucional.
La indignación popular es palpable. Para el cubano de a pie, que sobrevive sin un suministro estable de comida, sin medicinas básicas en las farmacias y sin esperanza de un futuro próspero en su propia tierra, estas celebraciones son percibidas como una burla. El régimen parece convencido de que unas horas de espectáculo pueden borrar la memoria de un año marcado por la represión y el abandono total de las infraestructuras básicas. La realidad, sin embargo, es que ninguna tarima puede ocultar el hambre, ni ningún discurso oficialista puede iluminar los hogares cubanos sumidos en el apagón.
Desde Reporte Cuba Ya, seguiremos monitoreando el desarrollo de estas actividades y contrastando el discurso oficial con la realidad que viven nuestros seguidores en cada provincia. La «Robo-Ilusión», como la denominan los críticos, enfrenta su aniversario más gris, intentando celebrar sobre las ruinas de un país que pide a gritos libertad y vida digna, no más propaganda.
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