Cuba atraviesa una de sus peores crisis sanitarias en años, marcada por una epidemia que avanza a un ritmo acelerado mientras la población enferma sin siquiera recibir un diagnóstico claro. Las autoridades reconocieron que el país registra cerca de 44,000 personas con “síndrome febril inespecífico”, una definición que usan para describir los primeros síntomas de enfermedades virales transmitidas por mosquitos, sin precisar cuál. Hasta ellas mismas admiten que la cifra real podría ser mucho mayor.
En una isla donde casi no se realizan pruebas diagnósticas, miles de cubanos están quedando desamparados, enfrentando fiebres prolongadas, dolores incapacitantes y recaídas constantes. Ese es el caso de Laura —nombre cambiado por temor a represalias—, una mujer de 58 años de Santa Clara que lleva más de 35 días intentando recuperarse de un virus que la ha dejado sin fuerzas incluso para caminar hasta el baño.
“Este virus está acabando con los cubanos. Y lo peor es lo que tarda en quitarse; no se va”, contó a Univision Noticias. Como ella, decenas de personas entrevistadas en diferentes provincias coinciden en la duración inusual de los síntomas y la falta de apoyo médico.
Una epidemia que avanzó en silencio
Después de semanas de silencio oficial, el Ministerio de Salud Pública reconoció finalmente que Cuba enfrenta una epidemia de arbovirosis, fundamentalmente chikungunya y dengue. El brote habría comenzado en julio en Matanzas y, desde entonces, se extendió por toda la isla.
En el oriente, la situación es aún más crítica debido al paso reciente del huracán Melissa, que dejó severas inundaciones, pérdidas materiales y familias hacinadas en albergues improvisados, condiciones ideales para la proliferación de mosquitos Aedes aegypti.
Qué son el chikungunya y el dengue
El chikungunya, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), provoca fiebre alta, dolor e inflamación intensa en articulaciones, cefalea, erupciones cutáneas y malestar general. Sus efectos pueden prolongarse por semanas o incluso meses.
El dengue, por su parte, causa fiebre elevada, dolores musculares y articulares, náuseas, vómitos y sarpullido. En casos graves puede evolucionar a formas hemorrágicas potencialmente mortales. No existen antivirales específicos para estos virus; el tratamiento se limita a reposo e hidratación.
Un escenario agravado por la negligencia
A diferencia de otros países donde se refuerzan los programas de fumigación y control vectorial, Cuba atraviesa esta epidemia con basureros desbordados, calles llenas de charcos, zanjas sin drenar y comunidades sin servicios básicos. Los criaderos de mosquitos se multiplican mientras el Estado hace llamados a la “responsabilidad ciudadana”, pero no logra garantizar las condiciones mínimas de higiene pública.
La falta de recursos, de planificación y de transparencia informativa coloca a la población en una situación de vulnerabilidad extrema.
¿Cuántos cubanos están realmente enfermos?
Con la ausencia de pruebas diagnósticas y el colapso del sistema de salud, resulta imposible conocer la magnitud real del brote. Sin embargo, los testimonios que llegan a nuestra redacción desde varias provincias señalan que casi cada cuadra tiene uno o varios enfermos, muchos incapaces de trabajar o desplazarse por el dolor.
Las autoridades insisten en que “el pueblo debe extremar las medidas”, pero para miles de familias que viven rodeadas de basura o sin agua potable regular, evitar los mosquitos es prácticamente imposible.
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