Por Redacción Reporte Cuba Ya
Miguel Díaz-Canel Bermúdez encabezó este fin de semana los Plenos Extraordinarios del Partido Comunista de Cuba (PCC) en las provincias de Granma y Holguín. Lejos de ofrecer soluciones tangibles para la crisis crónica que atraviesa la familia cubana, la visita oficial se caracterizó por el reciclaje de viejas consignas, el reconocimiento de graves fallos productivos y el uso de la geopolítica regional como escudo ante el desastre interno.
Granma: La agricultura en números rojos
En la provincia de Granma, el encuentro destapó una realidad que los ciudadanos sufren a diario: la incapacidad del Estado para garantizar la comida en la mesa. Las autoridades reconocieron deficiencias críticas en la siembra de viandas, la contratación con campesinos y el acopio de leche, un producto prácticamente desaparecido de la dieta regular.
Si bien el oficialismo intentó justificar parte del descalabro con los daños causados por el reciente huracán Melisa, Díaz-Canel insistió en una tesis que ya suena a disco rayado: la necesidad de «cambiar la mentalidad importadora». El mandatario instó a dejar de traer productos acabados y centrarse en materias primas, una directriz que choca frontalmente con la realidad de una industria nacional descapitalizada y obsoleta. «Con el mismo dinero podemos hacer más», aseguró, ignorando que la centralización excesiva es, precisamente, lo que impide a las empresas cubanas ser eficientes.
La autocrítica como estrategia de contención
Roberto Morales Ojeda, Secretario de Organización del Comité Central, se sumó al coro de la «autocrítica», señalando problemas en la circulación mercantil y el incumplimiento de planes. Su llamado a «desterrar la autocomplacencia» parece ser la nueva orden del día para intentar calmar el malestar social. Sin embargo, en la práctica, estas reuniones rara vez se traducen en más comida o mejores servicios para la población; suelen quedar en meros formalismos burocráticos donde se exige más sacrificio a los de abajo.
Holguín y la obsesión por el control ideológico
En Holguín, el escenario no fue más alentador. Joel Queipo Ruiz, primer secretario en la provincia, delineó las prioridades para el 2026: más control fiscal, enfrentamiento al delito y, sobre todo, fortalecimiento de la labor ideológica.
Llama la atención la preocupación del Partido por la juventud y el proceso de crecimiento en sus filas. En un momento donde el éxodo masivo desangra al país, los dirigentes se preguntan «¿hasta cuándo vamos a esperar que maduren?», evidenciando una desconexión total con las aspiraciones de las nuevas generaciones, que no ven en el PCC una vía de futuro, sino un obstáculo.
La carta de Venezuela: Distracción geopolítica
Quizás el punto más alarmante del discurso de clausura fue el uso de la situación en Venezuela para cerrar filas internamente. Díaz-Canel calificó el escenario regional de «complejo», haciendo referencia a la escalada de tensiones y al presunto secuestro de Nicolás Maduro y Cilia Flores.
Esta retórica de «plaza sitiada» es una herramienta habitual del castrismo: ante la falta de pan, se exacerba la trinchera. Al vincular la resistencia interna con el conflicto venezolano, el gobierno intenta desviar la atención de la responsabilidad propia en la crisis nacional, apelando a un nacionalismo defensivo que cada vez convence a menos cubanos.
Conclusión
La visita al oriente deja claro que, para el 2026, la estrategia del gobierno no contempla reformas estructurales profundas ni libertades económicas reales. La receta sigue siendo la misma: presión sobre los productores, control ideológico sobre la juventud y culpas al escenario externo. Mientras tanto, en los mercados de Granma y Holguín, la «mentalidad» no llena los calderos.
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