Por: Redacción Reporte Cuba Ya
Santiago de Cuba. — En medio de una de las crisis sanitarias más agudas que ha vivido la isla, donde conseguir un simple antibiótico o analgésico se ha convertido en una odisea para el cubano de a pie, una denuncia llegada a nuestra redacción expone las entrañas de la corrupción institucionalizada en Santiago de Cuba. No se trata simplemente de falta de recursos por el «bloqueo», como repite la narrativa oficial, sino de un robo sistemático y organizado desde las propias oficinas que deberían garantizar la salud del pueblo.
La investigación apunta directamente a la cúpula directiva de la Empresa de Farmacias y Ópticas, quienes habrían montado un lucrativo negocio ilícito con los insumos destinados a la población. El modus operandi descrito por las fuentes es tan descarado como efectivo: el robo masivo de alcohol de 90 grados y azúcar, materias primas esenciales que deberían usarse para la elaboración de jarabes y medicina verde en los dispensarios locales.
Según la información recibida, el mecanismo de estafa funciona como un reloj. Los directivos y administradores sustraen el alcohol y el azúcar para venderlos en el mercado negro, donde alcanzan precios altísimos debido a la inflación y la escasez. Para cubrir el desfalco, reportan falsamente que dichos insumos fueron convertidos en medicamentos de producción local. Con una pequeña parte de las ganancias ilícitas, pagan a la empresa el costo de esos «medicamentos» que nunca se fabricaron, y el resto del dinero se reparte entre la cadena de mando. Las hierbas medicinales, que deberían ser la base del producto, terminan en la basura, mientras las farmacias permanecen vacías.
La denuncia identifica con nombres y rostros a los presuntos cabecillas de este «clan». A la cabeza se señala a Yanela, directora de la empresa, quien junto a Eliecer (alias «Titi»), el subdirector, orquestarían las operaciones. Sin embargo, para que un robo de esta magnitud perdure en el tiempo, se necesita complicidad en los mecanismos de control. Aquí es donde entran figuras clave como Manuel y Aimara, auditores de la empresa, cuya función debería ser detectar irregularidades, pero que, según los reportes, actúan como cómplices necesarios para validar los informes fraudulentos.
El círculo de impunidad se cierra con la protección legal y física. La denuncia implica a la abogada de la empresa y a Maritza, jefa de protección física, asegurando que el esquema se mantenga blindado ante cualquier queja externa. También se señala a Georgina, del área comercial, sobre quien pesa el antecedente de que su esposo fue expulsado de la administración de una óptica por vender espejuelos a sobreprecio, lo que sugiere un patrón de conducta familiar vinculado al lucro con recursos estatales.







Lo que resulta indignante para la ciudadanía es que estas maniobras son «un secreto a voces» en Santiago de Cuba. Los volúmenes de venta reportados por estas farmacias son humanamente imposibles de procesar en los lapsos de tiempo que declaran, una inconsistencia matemática que cualquier auditoría honesta detectaría en minutos. Sin embargo, la cadena de sobornos parece ascender a niveles superiores, garantizando que el flujo de alcohol y dinero continúe sin interrupciones.
Mientras estos funcionarios presuntamente se enriquecen, el santiaguero común llega al mostrador de la farmacia solo para escuchar el repetido «no hay». Esta situación evidencia que el desabastecimiento en Cuba no es solo un problema económico, sino moral y sistémico, donde los recursos del estado son canibalizados por quienes los administran.
Desde Reporte Cuba Ya, seguiremos investigando y exponiendo a quienes lucran con la miseria del pueblo.
Preguntas para el debate:
- ¿Es posible desmantelar estas redes cuando los encargados de auditar son parte del problema?
- ¿Qué medidas deberían tomar los ciudadanos ante la evidencia de delitos tan flagrantes en sus comunidades?
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