Por: Redacción Reporte Cuba Ya | La Habana
Una tormenta política se ha desatado sobre la Fábrica de Arte Cubano (FAC). En las últimas 48 horas, los medios estatales —con el programa Con Filo y columnas de opinión en Cubadebate a la cabeza— han orquestado una ofensiva mediática brutal contra el músico y director X Alfonso. La excusa para esta embestida es la denuncia viralizada por un grupo de jóvenes que, con valentía, expusieron en redes sociales haber sido víctimas de segregación y trato racista por parte del equipo de seguridad del recinto. Si bien la denuncia de las víctimas es legítima y exige reparación inmediata, la respuesta del Estado cubano revela una maniobra oscura: instrumentalizar el racismo para ajustar cuentas con un espacio cultural que opera fuera de su control total.
El cinismo de la prensa oficialista es palpable. Voceros del sistema, que habitualmente ignoran las golpizas policiales contra activistas negros o la pobreza que azota a los barrios mayoritariamente afrocubanos de La Habana, ahora se erigen como los guardianes de la moral antirracista. Analistas consultados por Reporte Cuba Ya coinciden en que el objetivo de esta campaña no es proteger a los jóvenes discriminados, sino debilitar la figura de X Alfonso y justificar una posible intervención estatal o cierre temporal de la FAC, un lugar que ha logrado un éxito comercial y de convocatoria que las instituciones del Ministerio de Cultura no pueden replicar.
Sin embargo, para entender la magnitud de esta hipocresía, es necesario mirar el retrovisor. La historia condena a ambas partes. En el año 2015, la misma Fábrica de Arte Cubano protagonizó otro episodio vergonzoso de exclusión: se le impidió la entrada al artista visual y líder del Movimiento San Isidro, Luis Manuel Otero Alcántara. En aquella ocasión, el motivo no fue un «error de protocolo», sino una clara discriminación política y social hacia un artista negro y contestatario.
Lo más grave de aquel episodio de 2015 fue el silencio ensordecedor. La prensa estatal, que hoy pide la cabeza de X Alfonso, no dedicó ni un segundo de televisión a defender a Otero Alcántara; al contrario, aplaudieron tácitamente su segregación porque servía a los intereses del régimen. Pero la responsabilidad también recae sobre la administración de la FAC: ni X Alfonso ni su equipo salieron entonces a defender a Luis Manuel con la vehemencia con la que hoy intentan salvar su imagen. Ese silencio de hace casi una década validó una lógica de exclusión que hoy se vuelve en su contra.
Desde nuestra redacción, apoyamos a las víctimas actuales del racismo en la FAC y exigimos cambios estructurales en el lugar. Pero no permitiremos que el régimen cubano reescriba la historia. Es inaceptable que se utilice la legítima indignación popular para montar un show político, mientras Luis Manuel Otero Alcántara sigue preso en una cárcel de máxima seguridad, castigado por el mismo sistema que hoy finge preocuparse por los negros en Cuba.
La lección es clara: cuando se acepta la censura contra uno (Otero Alcántara), se abre la puerta para que la injusticia nos alcance a todos. Hoy le toca a X Alfonso enfrentar al monstruo que, con su silencio, ayudó a alimentar.
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