La alcaldesa de la demarcación de Cuauhtémoc, Alessandra Rojo de la Vega, ordenó la retirada de las esculturas de Ernesto «Che» Guevara y Fidel Castro ubicadas en el Jardín Tabacalera. La decisión se fundamentó en la falta de documentación legal para su instalación y en el reclamo de los vecinos por recuperar los espacios públicos, poniendo fin a una controversia que durante años generó rechazo entre la ciudadanía y la diáspora cubana.
Las figuras de bronce, que formaban parte del monumento titulado «El Encuentro», fueron retiradas de las banquetas del parque capitalino tras una serie de inspecciones administrativas. La mandataria local aseguró que la remoción responde a un compromiso adquirido con los habitantes de la colonia Tabacalera, quienes habían exigido reiteradamente la restitución de las áreas de tránsito peatonal y de esparcimiento. «Vecinas y vecinos nos pidieron muchísimas veces recuperar las banquetas del Jardín Tabacalera. Nos decían claramente: quiero volver a caminar libremente, descansar, disfrutar mi parque», explicó la funcionaria a través de sus redes sociales oficiales.
Desde el punto de vista legal, la administración municipal detectó vacíos institucionales graves que invalidaban la presencia de las esculturas en el espacio público. El monumento no contaba con la cédula obligatoria ni con la autorización del Comité de Monumentos y Obras Artísticas en Espacios Públicos (COMAEP). En los archivos de la Alcaldía no existía ni un solo documento que respaldara su instalación, lo que demostraba una actuación arbitraria durante gestiones anteriores. Además, las estatuas se encontraban bajo el resguardo irregular de un empleado municipal, sin ningún antecedente legal que justificara tal designación.
Origen del monumento y antecedentes de rechazo
El conjunto escultórico, obra del artista Óscar Pozanelli, fue inaugurado el 2 de diciembre de 2017 durante la gestión del entonces jefe delegacional Ricardo Monreal. La pieza pretendía conmemorar el primer encuentro entre Castro y Guevara en 1955, acontecimiento histórico que tuvo lugar precisamente en las inmediaciones de la colonia Tabacalera durante el exilio del líder cubano en territorio mexicano. Sin embargo, desde su colocación, el homenaje generó fricciones sociales y políticas.

Hechos: Manifestantes exigen que se retire estatua de Fidel Castro y El Che
La presencia de estas figuras no era ajena a la polémica y había sido objeto de actos de repudio. En septiembre de 2021, dos individuos vandalizaron las estatuas arrojándoles pintura blanca, un hecho que resultó en su detención por las autoridades capitalinas. Un mes después, la organización civil Misión Rescate México CDMX convocó una manifestación en el mismo lugar para exigir el desmantelamiento del monumento. Durante aquella protesta, los activistas portaron carteles con leyendas como «México no puede rendir tributo a asesinos» y «En Cuba se encarcela a los disidentes», evidenciando el profundo rechazo que generan los símbolos de la revolución cubana entre sectores democráticos.
El contraste entre el bronce y la realidad del régimen cubano
Mientras en México se procedía a la retirada de las esculturas por vicios legales y presión ciudadana, la realidad dentro de la isla refleja el verdadero legado de los personajes homenajeados. La dictadura cubana, cimentada bajo los preceptos políticos e ideológicos de Fidel Castro y el Che Guevara, ha mantenido durante más de seis décadas un sistema de control absoluto sobre la sociedad, caracterizado por la ausencia de garantías democráticas, el hostigamiento constante a la prensa independiente y la criminalización de la disidencia.
El régimen de La Habana ha dirigido al país hacia un colapso estructural sin precedentes. El modelo económico impuesto, inicialmente diseñado bajo la estricta planificación guevarista y posteriormente gestionada por la cúpula castrense, ha demostrado su fracaso absoluto. Hoy, el gobierno cubano es incapaz de garantizar el abastecimiento básico de alimentos, medicinas y combustible, sumiendo a la población en una hiperinflación rampante y en una pobreza generalizada que ha desencadenado el mayor éxodo migratorio de la historia del país.
Las demandas de los activistas en México, quienes recordaron que en Cuba no existe la libertad de expresión ni de manifestación, encuentran su correlato exacto en la actualidad insular. La dictadura cubana utiliza el aparato estatal para ejecutar detenciones arbitrarias, juicios sumarios y torturas contra aquellos que osan exigir derechos fundamentales. Las decenas de presos políticos del estallido social del 11 de julio de 2021 son la prueba más contundente de la maquinaria represiva heredada y perfeccionada por las figuras que fueron inmortalizadas en el bronce del Jardín Tabacalera.
Implicaciones internacionales y caída del mito revolucionario
La decisión tomada por las autoridades de Cuauhtémoc trasciende el ámbito de la administración pública local; se inscribe en una tendencia regional más amplia de cuestionamiento y desmantelamiento de la iconografía asociada a regímenes totalitarios. La sociedad civil en América Latina comienza a repudiar de manera frontal la romantización de figuras que, en la práctica, construyeron sistemas de persecución y aniquilación de las libertades individuales.
El gobierno cubano ha invertido históricamente enormes recursos diplomáticos y propagandísticos en exportar la imagen épica de su revolución. Sin embargo, a medida que se profundiza la crisis humanitaria y la represión en la isla, esta narrativa pierde legitimidad en el extranjero. La falta de papeles que rodeó la instalación de las estatuas en 2017 es un reflejo de cómo los simpatizantes del régimen suelen operar al margen de la legalidad institucional para imponer sus símbolos, una táctica que ahora ha sido revertida por la actual gestión municipal.
Para la diáspora cubana y las organizaciones de derechos humanos, la remoción de «El Encuentro» representa una victoria simbólica. Envía un mensaje claro de que el espacio público en democracias funcionales no puede ser utilizado para exaltar a los responsables de una dictadura que mantiene secuestrada la soberanía y el desarrollo del pueblo cubano. La acción administrativa en Ciudad de México despoja a Castro y Guevara del aura de invulnerabilidad que el régimen intenta proyectar en el exterior.
Consecuencias a futuro y panorama regional
La restitución del Jardín Tabacalera a sus vecinos marca un precedente importante sobre la gestión de los espacios públicos y el respeto a la legalidad, pero también plantea un desafío para la comunidad internacional respecto a su postura frente a la dictadura cubana. El acto de retirar monumentos es un paso hacia la corrección histórica, aunque la verdadera justicia para el pueblo cubano requerirá un compromiso más firme de los gobiernos democráticos frente a las violaciones sistemáticas de derechos humanos que ocurren a diario en la isla.
A medida que las nuevas generaciones de cubanos y latinoamericanos acceden a información no censurada, el desmontaje del mito revolucionario se acelera. Las futuras implicaciones políticas de este tipo de acciones apuntan hacia un aislamiento creciente de la cúpula gobernante en La Habana, cuya retórica anticapitalista y antiimperialista choca frontalmente con la demanda ciudadana de prosperidad, legalidad y respeto irrestricto a la dignidad humana. La caída de los bronces en México anticipa, en cierta medida, el agotamiento definitivo de un modelo político que la ciudadanía, tanto dentro como fuera de Cuba, rechaza de manera contundente.



