El ingeniero Lázaro Guerra Hernández, director de Electricidad del Ministerio de Energía y Minas, sufrió un desvanecimiento en plena transmisión televisiva mientras informaba sobre los apagones en la isla. El episodio, ocurrido en el programa oficialista «Buenos Días», ha puesto de manifiesto no solo el desgaste físico y emocional de los rostros visibles del gobierno cubano, sino la gravedad de una crisis estructural que mantiene a la población sumida en la oscuridad y la incertidumbre.
Durante su intervención en enlace con el presentador Bernardo Espinosa, Guerra Hernández comenzó a mostrar signos evidentes de malestar. El funcionario llegó a pedir auxilio a un compañero de trabajo, identificado en el medio como «Migue», antes de perder el equilibrio. La producción del programa reaccionó rápidamente apartando la cámara del directivo para enfocar al periodista, quien tuvo que improvisar frente a la audiencia mientras observaba de reojo la escena. Minutos después, el ingeniero reapareció en pantalla aparentemente recuperado y concluyó su reporte diario sobre el Sistema Eléctrico Nacional.
Antes y después del incidente, el directivo detalló la crítica situación energética que atraviesa el país. Según las cifras aportadas por el régimen de La Habana, la afectación máxima del martes pasado alcanzó los 1.678 megavatios (MW), mientras que para la jornada del miércoles se pronosticaba un déficit de 1.565 MW. Aunque el funcionario aseguró que la tendencia era a disminuir «paulatinamente», se vio obligado a reconocer que el panorama continúa siendo crítico para la ciudadanía, la cual sufre cortes diarios que superan las 12 horas en diversas provincias.
Guerra Hernández indicó que durante la madrugada del miércoles el déficit se redujo a aproximadamente 600 MW, una cifra inferior a la de jornadas anteriores, cuando el país no lograba bajar de los 1.000 MW de afectación en ningún momento del día. En cuanto a la infraestructura, explicó que la unidad número 3 de la Central Termoeléctrica Santa Cruz del Norte se encuentra averiada, sumada a otras tres plantas en fase de mantenimiento. Por su parte, las plantas que operan con gas y las centrales flotantes, conocidas popularmente como «patanas», están generando conforme a su capacidad de diseño.

Actualización de la Generación Eléctrica en Cuba: 02/07/2025
El verdadero cuello de botella, según admitió el propio director de Electricidad, radica en la falta de combustible para la generación distribuida, un componente fundamental para mitigar los cortes en provincias, zonas rurales y ciudades de menor jerarquía. «En la generación distribuida, en este mismo instante tenemos 880 MW que están indisponibles por falta de combustibles. Si tuviéramos combustible en la generación distribuida, la situación fuera totalmente diferente», admitió el ingeniero, exponiendo involuntariamente la profunda dependencia externa y la incapacidad logística del ejecutivo cubano.
Desgaste institucional y frustración popular
El momento fue ampliamente difundido y comentado en plataformas como YouTube, donde la audiencia expresó tanto preocupación por la salud del funcionario como un profundo rechazo hacia el discurso oficial. Internautas señalaron que el estrés de Guerra Hernández es el resultado directo de tener que justificar a diario ante la población una crisis que no tiene solución a la vista. «Tienen a ese hombre viviendo con un estrés brutal, decirle al pueblo todos los días esa cantidad de mentiras, ya le está costando», escribió un usuario, sintetizando la percepción de que la narrativa gubernamental está desconectada de la realidad.
Las críticas también se centraron en la falta de alternativas y el agotamiento de la sociedad civil. Mientras el gobierno cubano insiste en una supuesta «recuperación gradual», los ciudadanos enfrentan cortes prolongados que paralizan la vida cotidiana, arruinan los alimentos y dificultan el descanso. «Si Lázaro está estresado por dar la misma información diaria, imagínate el pueblo que está sin corriente, sin comida, sin medicinas, bueno, sin vivir», manifestó otro internauta, reflejando el cansancio generalizado de una población que exige soluciones concretas y no partes técnicos repetitivos que no conducen a mejoras tangibles.
Contexto: El colapso de un sistema obsoleto y la crisis estructural
El desmayo del máximo responsable de la información eléctrica se erige como un símbolo del agotamiento institucional frente a una crisis que no es coyuntural, sino estrictamente estructural. Desde el verano de 2021, los cubanos viven bajo un régimen de apagones casi diarios que ha devastado la economía doméstica y productiva. Este colapso es la consecuencia directa de décadas de falta de mantenimiento, obsolescencia del parque termoeléctrico —en su mayoría construido durante la era soviética y operando muy por encima de su vida útil— y una absoluta ausencia de inversiones estratégicas en fuentes de energía renovables por parte de las autoridades de la isla.
La crisis energética no opera de manera aislada, sino que se entrelaza con el resto de las políticas fallidas del régimen. La incapacidad para asegurar el suministro de combustible importado se agrava por la falta de liquidez del país, consecuencia de un modelo económico centralizado, ineficiente y productivamente estancado. Esta cadena de fracasos ha disparado la inflación, provocado el desabastecimiento crónico de alimentos y medicinas, y empujado a cientos de miles de cubanos a un éxodo migratorio sin precedentes en busca de condiciones mínimas de supervivencia.
Además, el deterioro del servicio eléctrico ha sido el detonante histórico de protestas sociales, como las masivas manifestaciones del 11 de julio de 2021. Ante cualquier estallido de descontento legítimo, la dictadura cubana ha respondido con violencia estatal, represión policial, censura y el encarcelamiento arbitrario de cientos de manifestantes. Esta respuesta demuestra que el control del poder político está muy por encima del bienestar de la población. La penalización de la protesta social es la herramienta principal para silenciar el descontento que generan precisamente estos apagones interminables y la violación sistemática de derechos básicos.
Un futuro incierto y sin respuestas
A pesar de las promesas de estabilidad y de los informes diarios que intentan maquillar la realidad con datos técnicos, la percepción generalizada en Cuba es de escepticismo absoluto. La generación distribuida permanece paralizada por la escasez de diésel, y no existen planes viables, financiados y ejecutables a corto o mediano plazo para revertir el deterioro del Sistema Eléctrico Nacional. El colapso físico de un alto funcionario en vivo y en directo subraya que la maquinaria propagandística también está llegando a sus límites físicos y psicológicos.
En definitiva, la escena vivida en la televisión nacional refleja la encrucijada definitiva del régimen de La Habana: sin recursos, sin credibilidad internacional y con una infraestructura en ruinas. Mientras la comunidad internacional observa el incesante deterioro de las condiciones de vida en la isla, los cubanos continúan sumidos en la incertidumbre. La población enfrenta no solo la penuria material y los apagones cotidianos, sino también la falta de libertades democráticas que les impide exigir un cambio de modelo y una gestión transparente que rescate al país del abismo.


