Domingo, 27 de septiembre de 2026
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El colapso educativo en Cuba: el curso 2024-2025 como prueba de resistencia para estudiantes y docentes

El colapso educativo en Cuba: el curso 2024-2025 como prueba de resistencia para estudiantes y docentes

El reciente año lectivo en Cuba ha dejado al descubierto el profundo deterioro del sistema educativo, transformando la enseñanza en una prueba de supervivencia diaria para miles de estudiantes y familias. La combinación de apagones prolongados, parálisis del transporte público y una inflación galopante ha evidenciado la incapacidad de las autoridades de la isla para garantizar uno de los derechos fundamentales más enarbolados históricamente por el Estado.

El hijo de Marlén Ordoñez Sáez afrontó cada mañana del curso escolar el mismo desafío: caminar hasta cinco kilómetros hasta su preuniversitario ante la total ausencia de ómnibus. La situación se agravaba por las noches de insomnio debido a los cortes de electricidad y la falta de un desayuno adecuado. Para esta madre, el periodo 2024-2025 representó el clímax de tres años de penurias, llegando a dudar que su hijo lograra graduarse ante la hostilidad del entorno para la educación formal.

Este caso no es aislado, sino el reflejo de una crisis sistémica. Imaray Suárez Rojas experimentó una realidad similar con su hija, estudiante de secundaria básica en Centro Habana. La estudiante llegó al punto de expresar que «quería estudiar, pero no podía más». Las jornadas se complicaban con la ausencia de agua corriente, la privación del sueño por los apagones y la falta de pan, atribuida a la escasez crónica de harina en el país. Estas condiciones han convertido la asistencia a las aulas en una excepción más que en una regla.

Un funcionario del Ministerio de Educación (MINED), bajo condición de anonimato por temor a represalias laborales, confirmó que la baja asistencia escolar fue uno de los principales escollos del curso. El déficit de sueño, provocado por el calor sofocante y las picaduras de mosquitos durante las noches sin electricidad, disuadió a numerosos padres de enviar a sus hijos a las escuelas. A esto se sumó la imposibilidad de lavar o planchar los uniformes escolares, cuya venta estatal lleva años sin poder satisfacer la demanda nacional, provocando ausencias que el sistema no supo mitigar.

Transporte y burocracia: barreras insalvables para el aprendizaje

La crisis del transporte público emergió como otro factor determinante en el fracaso del curso. Las escuelas preuniversitorias y técnicas, a menudo concentradas en una o dos instituciones por provincia, se volvieron inaccesibles. A pesar de que los estudiantes salieran con horas de antelación, la falta de combustible y la paralización de la flota estatal los condenaban a llegar tarde o a perder el día completo. Ante esta realidad, los centros educativos se vieron obligados a flexibilizar sus normativas internas, evitando penalizar las ausencias y garantizando el derecho a examinar, en un intento desesperado por maquillar la deserción.

El déficit de maestros, lejos de encontrar solución, se profundizó drásticamente. Los docentes, sometidos a las mismas carencias energéticas y económicas que el resto de la población, manifestaron su rechazo hacia los salarios depreciados por la inflación y las pésimas condiciones de trabajo. La fuga de personal hacia sectores mejor remunerados obligó al gobierno cubano a mantener el pluriempleo, una medida que permitía a los profesores cobrar dos salarios asumiendo dos plazas. Sin embargo, en la práctica, esta iniciativa mermó el tiempo de preparación de las clases y saturó a un magisterio ya exhausto.

Julio Román Cáceres, quien abandonó las aulas a inicios de 2025 tras 12 años de servicio, describe un sector dominado por el fraude y la desidia institucional. Cáceres relata cómo tuvo que impartir clases en aulas con filtraciones y sin materiales básicos, por un salario que apenas cubría el pasaje. Según el exprofesor, el sistema educativo se ha convertido en una estructura basada en «inflar globos» para evitar la rebaja salarial anual, priorizando las métricas burocráticas sobre la calidad de la enseñanza. «El abuso dentro del mismo sector, y la necesidad, están matando la vocación», sentencia.

El descalabro académico y la pérdida de calidad

Las consecuencias para el alumnado han sido devastadoras. Italy Gómez Álvarez, estudiante de Pedagogía en inglés, relata cómo ella y sus compañeros navegaron entre planes incompletos y la ausencia de profesores especializados. La desconexión del personal docente era evidente; las clases se sustituían por charlas improvisadas para llenar el tiempo. Cuando llegaron las pruebas finales, confeccionadas con el mismo rigor de siempre, los estudiantes se presentaron sin haber adquirido los conocimientos necesarios, evidenciando un descalabro académico sin precedentes.

El costo económico de mantener a un estudiante en el sistema también colapsó las finanzas familiares. Mayra Salina Pulido tuvo que desembolsar cientos de pesos diarios para pagar a transportistas privados y que su hijo, estudiante de técnico medio en Informática, llegara a tiempo. Sin embargo, el gasto no se tradujo en educación: el joven pasaba las mañanas sin recibir clases. Ante la inutilidad de enviarlo diariamente, la madre optó por mandarlo dos veces por semana. «No aprendió nada, pero me lo pasaron de grado», concluye Pulido, ilustrando la promoción automática como mecanismo para ocultar el fracaso.

Contexto sistémico: la educación como rehén de la crisis estructural

El desastre del curso 2024-2025 no es un evento aislado, sino la consecuencia directa de la crisis estructural que atraviesa la isla. La incapacidad del régimen de La Habana para mantener el Sistema Electroenergético Nacional (SEN) ha tenido un impacto colateral demoledor en todos los servicios públicos, especialmente en la educación. Los apagones, que en algunas regiones superan las 10 horas diarias, han alterado los ciclos biológicos de la población y hecho inviable cualquier rutina académica que requiera estudio en horarios nocturnos o acceso a recursos digitales.

Asimismo, la hiperinflación y la pérdida del poder adquisitivo han transformado la educación en un lujo. El ejecutivo cubano ha sido incapaz de garantizar la canasta básica familiar, lo que se traduce en estudiantes que asisten a las aulas sin haber ingerido los nutrientes necesarios para el rendimiento cognitivo. La falta de inversión en infraestructura escolar, unida a la ausencia de materiales didácticos, ha convertido las escuelas en espacios inhóspitos. La dictadura cubana, al priorizar el control político y la represión sobre el bienestar social, ha desmantelado progresivamente lo que alguna vez fue su principal bandera de propaganda internacional.

El éxodo migratorio, que ha visto partir a cientos de miles de cubanos en los últimos años, también ha golpeado al sector educativo, privando a las aulas tanto de docentes experimentados como de estudiantes. La falta de cuadros técnicos y pedagogos obliga a improvisar, bajando los estándares de calidad y perpetuando un ciclo de mediocridad que afectará el desarrollo futuro de la nación. La educación superior y técnica, clave para el progreso económico, se encuentra hoy en un estado de parálisis funcional.

Antecedentes y perspectivas futuras

Históricamente, el gobierno cubano ha utilizado el acceso a la educación como un instrumento de legitimación política, ocultando tras altas tasas de matrícula la profunda crisis de calidad que comenzaba a gestarse desde la década de los noventa, durante el Período Especial. Sin embargo, la situación actual supera los precedentes. La falta de control democrático sobre la gestión pública ha permitido a la dictadura ocultar el verdadero alcance del desastre educativo, manipulando estadísticas y silenciando las quejas de padres y maestros mediante la coacción institucional.

De cara al futuro, las implicaciones para la ciudadanía son alarmantes. La pérdida de un año lectivo completo, o su deficiente ejecución, genera brechas de conocimiento irreversibles en la formación de niños y jóvenes. La respuesta de la comunidad internacional y de los organismos defensores de los derechos humanos debería centrarse en exigir transparencia al régimen de La Habana respecto a la situación real de la educación en la isla. Mientras no exista un cambio estructural que garantice el suministro energético, el acceso a la alimentación básica y la dignificación del trabajo docente, el sistema educativo cubano continuará siendo una cáscara vacía, incapaz de cumplir su propósito social.

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya
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Equipo Editorial Reporte Cuba Ya

Equipo editorial de Reporte Cuba Ya, medio digital independiente especializado en noticias de Cuba. Cubrimos politica, derechos humanos, economia, feminicidios, presos politicos, oposicion y la crisis humanitaria en la isla. Nuestro compromiso es la veracidad, la independencia editorial y el rigor periodistico.

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