Especialistas del Centro Provincial de Higiene y Epidemiología en Pinar del Río alertaron sobre un incremento alarmante de infecciones de transmisión sexual (ITS) y el VIH/Sida en el territorio. El repunte epidemiológico, que incluye gonorrea, sífilis y herpes simple, está directamente vinculado a la grave crisis estructural del país, la proliferación del sexo transaccional por necesidades económicas y la deficiencia crónica de preservativos en las farmacias estatales.
Un reporte del diario estatal «Guerrillero» confirmó que la provincia pinareña experimenta un crecimiento sostenido en los casos notificados de ITS. Entre las patologías con mayor incidencia figuran la blenorragia o gonorrea, la sífilis, el condiloma acuminado, el herpes simple y el VIH. La situación refleja el deterioro de los indicadores de salud pública en una nación que otrora se jactaba de su sistema epidemiológico, hoy diezmado por la falta de recursos y la ineficiencia administrativa del gobierno cubano.
La jefa provincial del programa para la prevención y control de las ITS y el VIH/Sida, Marilín González Tielve, precisó que el municipio cabecera de Pinar del Río concentra el 52.8 por ciento del total de casos que se infestan en la provincia. Sin embargo, la alerta epidemiológica se extiende a otras demarcaciones como San Juan y Martínez, Consolación del Sur, Guane y Los Palacios, donde igualmente se ha observado un ascenso en el número de personas contagiadas, evidenciando un problema de alcance territorial amplio que las autoridades de la isla no logran contener.
Las causas detrás de este brote revelan las profundas heridas sociales de la crisis cubana. Aunque el sexo desprotegido sigue siendo el principal vehículo de contagio, González Tielve señaló que las personas con cambios frecuentes de pareja y aquellas que practican sexo transaccional corren mayor riesgo. La especialista definió esta última práctica como las relaciones sexuales a cambio de «cualquier privilegio, ya sea por dinero, por un bien, incluso, hasta muchas veces, por sentirse importante o por necesidad de reconocimiento».
El fenómeno del sexo transaccional no es ajeno a la precariedad económica que sufre la isla. Con una inflación galopante, salarios depreciados frente al costo de la canasta básica y un desabastecimiento crónico de productos elementales, muchos ciudadanos se ven empujados a estrategias de supervivencia que los exponen a riesgos sanitarios severos. El régimen de La Habana ha normalizado la indigencia material, creando un caldo de cultivo donde la salud reproductiva y la dignidad humana quedan supeditadas a la obtención de recursos para el día a día.
Asimismo, la directiva añadió que las parejas serodiscordantes —aquellos que mantienen relaciones sexuales con personas ya contagiadas— forman parte del grupo de riesgo incrementado. A esta vulnerabilidad conductual se suma un factor determinante y reiterado: la ausencia casi total de condones en las farmacias del país, un problema que se ha agudizado en medio del colapso del sistema sanitario y la escasez generalizada de medicamentos e insumos básicos.
El desabastecimiento de preservativos: una crisis silenciada
Desde el año 2020, la prensa oficial ha reconocido que la carencia de condones es una preocupación constante entre la población. Un texto publicado en aquel momento por el órgano «Alma Máter» ilustró una realidad insoslayable que el ejecutivo cubano ha sido incapaz de resolver: los condones no se producen en Cuba, deben importarse, y su ausencia no se traduce en una disminución de la actividad sexual de los ciudadanos, sino en un aumento de los riesgos asociados a ella.
La dependencia de importaciones para un bien de primera necesidad en materia de salud pública evidencia la fragilidad del modelo económico cubano. Mientras el gobierno central destina recursos a otras prioridades o enfrenta restricciones financieras derivadas de su propia ineficiencia, la salud reproductiva de la población queda en segundo plano. Pese a la escasez en las farmacias, González Tielve aseguró que han entregado condones en las consultas de ITS de las áreas de salud de todos los municipios pineros y en consultorios médicos, con el objetivo de llegar a las poblaciones clave.
Sin embargo, esta medida paliativa resulta profundamente insuficiente frente a la magnitud del problema. Centralizar la distribución de preservativos en consultorios médicos obliga a los pacientes a exponerse públicamente, lo que en un entorno donde la privacidad es escasa y el estigma social aún pesa, puede disuadir a muchos de buscar el método anticonceptivo. La inoperancia burocrática convierte una solución sencilla en un trámite engorroso para el ciudadano común.
Contexto: El colapso del sistema sanitario y sus derivadas
El incremento de las ITS en Pinar del Río no es un hecho aislado, sino un síntoma más del colapso estructural que atraviesa Cuba. El sistema de salud pública, durante décadas presentado por la propaganda oficial como uno de los mayores logros de la revolución, se encuentra en estado de postración. La falta de medicamentos para tratar enfermedades tan básicas como la hipertensión o el asma, y la ausencia de antibióticos para combatir estas infecciones de transmisión sexual, agravan el panorama epidemiológico.
El tratamiento de patologías como la sífilis y la gonorrea requiere de antibióticos específicos, como la penicilina, que hoy escasean en los hospitales y farmacias de la isla. Sin acceso a estos medicamentos, las infecciones de transmisión sexual pueden derivar en complicaciones severas, afectando múltiples órganos e incrementando la mortalidad por causas evitables. La desatención del Estado frente a esta realidad configura un escenario de vulneración sistemática del derecho a la salud.
El éxodo masivo de profesionales de la salud, impulsado por los bajos salarios y las precarias condiciones de trabajo bajo la dictadura cubana, ha dejado a los consultorios de la familia y a los hospitales sin personal suficiente para atender emergencias sanitarias de esta naturaleza. La prevención, que requiere campañas constantes, recursos educativos y acceso a métodos de barrera, ha sido desplazada por la urgencia de intentar mantener operativa una infraestructura médica en ruinas.
Las consecuencias de este abandono institucional son devastadoras a largo plazo. El aumento de las enfermedades de transmisión sexual trae aparejado un incremento en los embarazos no deseados, lo que añade presión a la ya frágil estructura de atención materno-infantil del país. Además, el riesgo de esterilidad y los problemas para la salud reproductiva de las mujeres se multiplican en un entorno donde el acceso a tratamientos ginecológicos especializados es casi un lujo inalcanzable.
En definitiva, la alerta lanzada por los epidemiólogos en Pinar del Río es un espejo de la tragedia cubana. La incapacidad del régimen para garantizar la importación y distribución de preservativos, sumada a la miseria económica que fomenta el sexo transaccional, dibuja un panorama sombrío. Mientras la cúpula del poder mantenga sus políticas erráticas y el control absoluto sobre los recursos del Estado, la ciudadanía seguirá pagando las consecuencias de esta crisis sanitaria con su propio bienestar y, en los casos más graves, con su vida.



