La Empresa de Telecomunicaciones de Cuba (ETECSA) ha lanzado nuevas ofertas con motivo del Día de los Padres que aplican un tipo de cambio artificial de menos de 25 pesos cubanos por dólar, una cifra que dista abismalmente del valor real en el mercado informal, donde la divisa supera los 375 CUP. La estrategia del monopolio estatal evidencia una vez más la extracción de divisas mediante mecanismos que devalúan drásticamente el poder adquisitivo de los cubanos en la isla.
El monopolio estatal de las telecomunicaciones promociona actualmente paquetes de recargas internacionales que combinan datos móviles —desde 25 hasta 125 GB— con acceso ilimitado a internet durante la madrugada, en el horario comprendido entre la medianoche y las siete de la mañana. Sin embargo, un análisis detallado de los costos revela un desfase alarmante entre el monto pagado en divisas desde el exterior y el valor entregado en pesos cubanos a los beneficiarios residentes en el país.
Los datos publicados en plataformas de gestión de recargas evidencian la magnitud de la operación financiera. Una recarga de 21,45 euros equivale a apenas 500 CUP, lo que se traduce en una tasa de cambio implícita de 23,3 CUP por euro. En el caso de los dólares, un pago de 65,99 USD rinde únicamente 1.500 CUP, estableciendo un cambio ficticio de 22,7 CUP por dólar. Estas proporciones significan que el dinero que finalmente recibe la población cubana representa menos del 7% del valor real que tiene esa misma divisa en el mercado informal de la isla.
La reacción en plataformas digitales como Mobile Recharge ha sido de indignación generalizada. Los usuarios han denunciado que estas supuestas promociones explotan fechas emocionalmente sensibles, como el Día de los Padres, para incentivar pagos desproporcionados por parte de la diáspora. Mientras tanto, los cubanos que residen en la isla enfrentan salarios en pesos que resultan insuficientes para garantizar un acceso básico a la conectividad, profundizando la brecha digital y social.

Paquetes de recargas de ETECSA, en venta por el Día de los Padres (Captura de pantalla: Mobile Recharge)
La presidenta ejecutiva de ETECSA, Tania Velázquez Rodríguez, admitió recientemente en el programa oficial Mesa Redonda que el ingreso promedio por línea móvil ha sufrido un desplome drástico, pasando de 133 dólares en 2018 a tan solo 31 dólares en el presente año. La funcionaria atribuyó este declive a la existencia de «fraudes» y «secuestros de recargas», pero eludió por completo abordar las causas estructurales del problema, tales como el uso de una tasa de cambio irreal, la coexistencia de dos economías paralelas y la absoluta falta de transparencia financiera en la gestión estatal.
En la actualidad, ni CADECA ni ninguna otra entidad estatal vende divisas a la población, lo que aísla a los ciudadanos del acceso a moneda fuerte. Este escenario contrasta de manera hipócrita con el sistema de recargas internacionales de ETECSA, que opera bajo un tipo de cambio ficticio diseñado exclusivamente para maximizar la captación de divisas para el Estado, mientras devalúa de forma violenta el poder adquisitivo entregado en el interior del país.
Protesta estudiantil y represión ante el «tarifazo»
El lanzamiento de estas nuevas ofertas en divisas trasciende en medio de un clima de descontento generalizado hacia el monopolio estatal. Las recientes subidas de precios en los servicios nacionales de ETECSA, justificadas por las autoridades bajo la amenaza de un inminente «colapso» de las telecomunicaciones y un supuesto endeudamiento, han provocado un rechazo masivo. El nuevo esquema limita a una sola recarga mensual en CUP de hasta 360 pesos, restringiendo severamente el acceso a planes básicos de datos, llamadas y mensajes para quienes no reciben remesas en divisas.
Como consecuencia, lo que comenzó como un reclamo desde algunas facultades de la Universidad de La Habana se ha convertido en un movimiento cívico de alcance nacional. Estudiantes universitarios han denunciado públicamente el impacto de estas políticas en su educación y han llamado a un paro académico, exigiendo la reversión del «tarifazo». La respuesta de la dictadura cubana ha sido mantener la medida sin ceder a las demandas ciudadanas, utilizando la propaganda oficial para sustentar el incremento y aplicando mecanismos de control y amedrentamiento contra los manifestantes.
Los usuarios han calificado la medida impuesta por el monopolio como un «robo a mano armada», lo que ha motivado el llamado a un «parón total de recargas» como acto de protesta ciudadana. La compañía estatal, por su parte, continúa promocionando ofertas en dólares que solo pueden adquirirse desde el exterior o mediante la billetera digital Monedero MiTransfer, alimentada también en divisas, consolidando una política de dolarización forzosa que margina a amplios sectores de la población.
Contexto sistemico: La crisis económica y la dolarización forzosa
Para comprender la magnitud del desfase cambiario impuesto por ETECSA, es necesario enmarcarlo en la profunda crisis estructural que atraviesa la isla. Recientemente, el propio gobierno cubano reconoció que el salario medio mensual en el país equivale a apenas 16 dólares si se calcula según el cambio informal. Este dato oficial confirma la imposibilidad de la población para acceder a bienes y servicios dolarizados, incluyendo la conectividad a internet, que ha pasado de ser un servicio público a un artículo de lujo disponible solo para quienes reciben remesas del exterior.
La economía cubana opera bajo un modelo fracturado, con dos monedas paralelas en la práctica y una inflación descontrolada que ha destruido el poder adquisitivo del peso cubano. El régimen de La Habana ha optado por la dolarización de sectores estratégicos —como el turismo, el comercio minorista y las telecomunicaciones— como mecanismo para sustraer divisas frescas y mantener a flote la caja fiscal, sin implementar reformas estructurales que fomenten la producción nacional o atraigan inversión extranjera real.
En este contexto, el sector de las telecomunicaciones funciona como un microcosmos del modelo económico cubano: un monopolio estatal que centraliza el control, carece de transparencia financiera y extrae recursos de la diáspora para sostener un aparato estatal ineficiente. La dependencia de las remesas se ha convertido en la principal válvula de escape para la supervivencia de la población, y el ejecutivo cubano explota esta necesidad imponiendo tasas de cambio que constituyen, en la práctica, un impuesto regresivo sobre el apoyo familiar.
Antecedentes y panorama a futuro
Desde la implementación de la llamada «Tarea Ordenamiento», la isla ha sumido en una espiral inflacionaria sin precedentes, agravada por el colapso del turismo, el endurecimiento del embargo financiero de Estados Unidos y la ineficiencia en la gestión estatal de los recursos. ETECSA no ha sido ajena a esta crisis; históricamente ha operado como una caja chica para el Estado, subsidiando con sus ingresos otras áreas del presupuesto nacional, lo que ha comprometido su propia infraestructura y capacidad de inversión.
El declive en los ingresos por línea, admitido por la directiva de la empresa, responde también a la masiva ola de exodo migratorio que ha dejado a cientos de miles de cubanos fuera del país. Paradójicamente, el régimen de La Habana ahora busca rentabilizar esa diáspora mediante la venta de conectividad a precios inflados en divisas, aislando aún más a los que se quedan en la isla. La limitación de las recargas en CUP es una medida que penaliza la pobreza y restringe el acceso a la información en un país donde la censura y el control de los medios de comunicación son prácticas sistemáticas.
De mantenerse estas políticas extractivas, las consecuencias para la ciudadanía serán devastadoras en términos de inclusión digital y desarrollo educativo. El aislamiento de los sectores más vulnerables limitará aún más sus oportunidades de progreso y su capacidad para participar en el debate público. La comunidad internacional y las organizaciones defensoras de los derechos digitales deberán prestar atención a cómo la dictadura cubana utiliza el acceso a internet no solo como una herramienta de control social, sino como un mecanismo de financiamiento basado en la expropiación del valor de las remesas familiares.



