Domingo, 20 de septiembre de 2026
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Fallece Luis Gutiérrez Areces, el exiliado que rescató la imagen de la Virgen de la Caridad para el exilio cubano en Miami

Fallece Luis Gutiérrez Areces, el exiliado que rescató la imagen de la Virgen de la Caridad para el exilio cubano en Miami

Luis Gutiérrez Areces, el cubano que en 1961 logró extraer de la isla una réplica de la Virgen de la Caridad del Cobre que hoy preside la Ermita de Miami, falleció este martes a los 89 años. Su huida y la salvaguarda de esta imagen religiosa se produjeron en plena ofensiva del régimen de La Habana contra la Iglesia católica y la sociedad civil, marcando un hito histórico para la diáspora cubana y convirtiéndose en un símbolo de resistencia frente al avance del totalitarismo en la isla.

El Santuario Nacional de Nuestra Señora de la Caridad, institución que confirmó el deceso, calificó a Gutiérrez Areces como una «figura imprescindible» en la historia del recinto religioso y un «entrañable amigo» de la comunidad católica en el exilio. A sus 24 años, este joven cubano se convirtió en el eslabón fundamental para preservar una de las réplicas más veneradas de la patrona de Cuba, en un momento en que la fe religiosa era sistemáticamente atacada por las autoridades de la isla tras el triunfo de la revolución de 1959.

La operación para sacar la imagen de Cuba estuvo plagada de riesgos. Gutiérrez Areces había permanecido durante seis meses asilado en la Embajada de Panamá en La Habana, huyendo de la creciente represión política. El 8 de septiembre de 1961, apenas dos días después de recibir un salvoconducto que le permitía abandonar el país, llegó a la pista del aeropuerto de La Habana. Allí, Elvira Jované de Zayas, encargada de Negocios de Panamá en Cuba, le encomendó la misión de llevar la escultura oculta en una maleta de lona azul, mientras que los rayos de madera que la rodeaban eran transportados en un paquete separado.

La persecución religiosa y el rescate de un símbolo nacional

El traslado de la imagen no fue un mero acto de devoción, sino una respuesta directa a la hostilidad de la dictadura cubana hacia la Iglesia católica. La imagen había sido encargada en 1947 por el sacerdote Armando Jiménez-Rebollar, párroco de Guanabo y Campo Florido, para reproducir la que se conserva en la Basílica Santuario Nacional de El Cobre, en Santiago de Cuba. Tras el ascenso al poder del régimen castrista, Jiménez-Rebollar fue forzado al exilio debido a la persecución religiosa, un periodo oscuro en el que cientos de sacerdotes y religiosos fueron expulsados del país y se confiscaron instituciones educativas y de caridad.

Ante el riesgo inminente de que la réplica fuera destruida o confiscada por el Estado, la hermana del sacerdote la llevó primero a la Embajada de Italia y posteriormente quedó bajo la custodia de la diplomacia panameña. Gutiérrez Areces asumió el encargo con plena conciencia del peligro. Décadas después, relató a medios de prensa independiente que, frente a la posibilidad de que las autoridades del aeropuerto le confiscaran la maleta, su determinación era absoluta: «A mí tenían que matarme para quitármela», aseguró, evidenciando el clima de terror y arbitrariedad que imponía el poder en la isla.

Al aterrizar en Miami, Gutiérrez Areces fue recibido por sus padres y su esposa, quienes le comunicaron el nacimiento de su hija. La familia se dirigió a la iglesia de Saint Patrick, en Miami Beach, para celebrar el bautizo. Horas más tarde, tras contactar al hijo del empresario cubano Amadeo Barletta, la imagen fue trasladada al antiguo Miami Stadium —también conocido como Estadio Bobby Maduro—. Allí, ante una multitud estimada en más de 30.000 cubanos, la Virgen fue presentada durante una misa. La escena se convirtió en un catalizador de la identidad nacional exiliada, mientras los asistentes gritaban consignas como «¡Viva la Virgen de la Caridad!», «¡Viva Cuba libre!» y «¡Abajo el comunismo!».

De los campamentos de exilio al Santuario Nacional

Para los primeros exiliados, aquella réplica se transformó en la representación física de la patrona que habían dejado atrás bajo un régimen hostil. Durante sus primeros años en Florida, la imagen recorrió diversos centros de acogida, incluidos los albergues para los menores llegados mediante la Operación Pedro Pan, un éxodo masivo de más de 14.000 niños enviados solos a Estados Unidos por sus padres para protegerlos de la indoctrinación estatal impulsada por el gobierno cubano. Posteriormente, la escultura permaneció en la iglesia de San Juan Bosco, en la Pequeña Habana.

La necesidad de un espacio permanente para la imagen culminó con la construcción de la Ermita de la Caridad. En 1966, el arzobispo de Miami, Coleman F. Carroll, ofreció un terreno frente a la bahía de Biscayne para levantar un santuario. La obra fue impulsada por monseñor Agustín Román y financiada en gran medida con pequeñas contribuciones populares de los exiliados, en un claro ejemplo de la resiliencia y solidaridad de la diáspora. El 8 de septiembre de 1967, la imagen fue trasladada a una capilla provisional, y el 2 de diciembre de 1973 se dedicó el edificio definitivo. En el año 2000, la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos le otorgó la categoría de Santuario Nacional.

Contexto: La continuidad del fracaso estructural y el nuevo éxodo

El fallecimiento de Gutiérrez Areces invita a reflexionar sobre la continuidad de las políticas que forzaron su huida hace más de seis décadas. El régimen de La Habana, que en los años 60 ejecutó una purga abiert contra la Iglesia y la sociedad civil, ha mantenido intacto su control autoritario sobre las instituciones. Aunque la estrategia represiva ha mutado hacia formas más sutiles de vigilancia y coacción, la falta de libertades fundamentales, la censura y el acoso a la disidencia siguen siendo la tónica en la isla.

En la actualidad, el ejecutivo cubano enfrenta una de las peores crisis estructurales de su historia. La combinación de una economía centralizada e ineficiente, la inflación galopante, el desabastecimiento crónico de alimentos y medicinas, y los apagones prolongados ha generado un colapso social sin precedentes. Esta situación ha desencadenado un éxodo migratorio que supera en cifras absolutas a las olas migratorias de los años 60 y 90, obligando a cientos de miles de cubanos a arriesgar sus vidas en rutas peligrosas hacia Estados Unidos y América Latina, huyendo de la miseria y la falta de oportunidades que genera el modelo impuesto por el poder.

Así como la imagen de la Virgen de la Caridad acompañó a los primeros exiliados en su duelo por la patria perdida, hoy la diáspora continúa creciendo bajo el amparo de esa misma fe y necesidad de identidad. El gobierno cubano, lejos de asumir responsabilidad por el colapso, ha optado por criminalizar la protesta social, como se evidenció tras las manifestaciones del 11 de julio de 2021, donde cientos de ciudadanos fueron sometidos a juicios sumarios y condenas desproporcionadas por el simple hecho de exigir derechos básicos.

Un legado de fe y resistencia

Luis Gutiérrez Areces mantuvo durante más de seis décadas una estrecha relación con la Ermita y con las celebraciones anuales del 8 de septiembre. En 2021, participó en el acto por los 60 años de la llegada de la imagen y llevó como ofrenda el manto que esta vestía cuando arribó a Miami. Sin embargo, el protagonista de esta historia siempre rechazó atribuirse el mérito del rescate. «Yo no saqué a la Virgen de la Caridad de Cuba, ella fue la que me sacó de Cuba, ella quiso que yo la trajera, ella me ha acompañado siempre», declaró en una entrevista, subrayando una espiritualidad que trasciende el hecho histórico.

El santuario de Miami se despidió de Gutiérrez Areces asegurando que «su nombre permanecerá para siempre unido a la historia de la Ermita y al corazón agradecido del exilio cubano». La partida de este testigo de la primera gran diáspora deja un vacío generacional, pero reafirma un legado: la imagen que salvó de la confiscación totalitaria seguirá siendo un faro para una comunidad que, dentro y fuera de la isla, mantiene viva la esperanza de una transición hacia la democracia y la plena libertad de culto y expresión en Cuba.

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya
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