El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció la firma de un acuerdo comercial con la República Socialista de Vietnam que garantiza el acceso total de los productos estadounidenses a ese mercado asiático. El pacto, negociado directamente con el secretario general del Partido Comunista vietnamita, Tô Lâm, establece aranceles del 20% y 40% para las importaciones vietnamitas en suelo estadounidense. La noticia pone el foco sobre Tô Lâm, una figura clave en la geopolítica asiática y aliado incondicional del régimen de La Habana, con quien la cúpula del poder en la isla ha estrechado lazos ideológicos y económicos en medio de su profunda crisis estructural.
El mandatario republicano comunicó los detalles del pacto a través de su red social, Truth Social, donde calificó el entendimiento como un hito sin precedentes. Según los términos expuestos por el presidente, Vietnam aplicará un arancel del cero por ciento a todos los bienes provenientes de Estados Unidos, abriendo por completo su mercado interno. A cambio, los productos vietnamitas que ingresen al territorio norteamericano estarán sujetos a un impuesto del 20%, mientras que aquellas mercancías que lleguen mediante transbordo o triangulación comercial enfrentarían una tarifa del 40%.
Trump destacó en su mensaje que Vietnam «hará algo que nunca ha hecho antes» al otorgar acceso total a su mercado para el comercio con Estados Unidos. El acuerdo incluye facilidades para la introducción de vehículos de gran cilindrada, como los SUV, y otros productos manufacturados. El presidente estadounidense enfatizó que la negociación se llevó a cabo de manera directa y personal con el líder vietnamita, a quien describió como un interlocutor respetado, consolidando una dinámica de cooperación que contrarresta la influencia comercial china en la región.
El perfil de Tô Lâm y su vinculación con La Habana
Más allá de las implicaciones comerciales para Washington, el anuncio pone bajo la lupa a Tô Lâm, el general y secretario general del Partido Comunista de Vietnam, quien se ha erigido como un aliado estratégico fundamental para el régimen cubano. Su nombre es ampliamente reconocido en la isla tras su visita oficial a La Habana en septiembre pasado, donde fue recibido con máximos honores por la nomenclatura comunista. En aquella ocasión, se trató de su primera gira como jefe de Estado y la segunda tras asumir el liderazgo del partido único en su país.
Durante su estadía en la isla, el gobernante vietnamita sostuvo encuentros con las principales figuras del ejecutivo cubano, incluyendo a Raúl Castro, Miguel Díaz-Canel, Esteban Lazo y el primer ministro Manuel Marrero. Como gesto de distensión y complicidad, las autoridades de la isla le impusieron la Orden José Martí, la más alta condecoración que otorga el Estado cubano. El carácter de la visita fue calificado por la propaganda oficial como «trascendental», consolidando lo que ambos gobiernos denominan una «amistad especial y tradicional» basada en la afinidad ideológica y el respaldo político mutuo.
La cercanía de Tô Lâm con la dictadura cubana no es reciente. Ya había visitado la isla en el año 2022, cuando ejercía como ministro de Seguridad Pública, un cargo equivalente al Ministerio del Interior en Cuba. En ambas visitas, su interacción directa con Raúl Castro evidenció una fuerte conexión con los sectores más duros y represivos del aparato de control estatal. Vietnam ha mantenido una postura de defensa incondicional hacia el gobierno cubano en foros multilaterales, exigiendo sistemáticamente el levantamiento del embargo estadounidense y la exclusión de Cuba de la lista de países patrocinadores del terrorismo.
Acuerdos bilaterales en medio del colapso productivo
La cooperación entre Hanoi y La Habana ha intentado proyectarse como una solución a la crisis nacional, aunque los resultados han sido magros. En la gira de Tô Lâm por la isla, ambos gobiernos firmaron múltiples memorandos de entendimiento en materias agrícola, financiera, educativa y, notablemente, ideológica y partidista. Uno de los proyectos más destacados fue un compromiso para producir arroz en territorio cubano utilizando tecnología vietnamita, una iniciativa que busca paliar el severo desabastecimiento alimentario que sufre la población.
Asimismo, el líder comunista recorrió la Zona Especial de Desarrollo del Mariel, un enclave donde operan empresas vietnamitas y que el gobierno cubano promociona como el motor de la inversión extranjera, aunque con resultados muy por debajo de las expectativas iniciales. Se formalizaron acuerdos de cooperación entre provincias de ambos países y se establecieron lazos directos entre los bancos centrales, un intento de aliviar la asfixia financiera y el aislamiento del sistema bancario cubano, actualmente en default y sin capacidad para cumplir con sus obligaciones internacionales.
Contexto Sistémico: Dependencia externa y fracaso interno
El acercamiento comercial de Vietnam con Estados Unidos, basado en una apertura de mercado y reducción de aranceles, contrasta dramáticamente con el modelo económico estancado que mantiene el régimen de La Habana. Mientras Hanoi ha aplicado desde los años 80 políticas de renovación económica (Doi Moi) que le han permitido integrarse a la economía global, reducir la pobreza y atraer inversión extranjera, las autoridades cubanas han mantenido un control estatal asfixiante sobre la producción y los precios, conduciendo al país a la peor crisis económica de su historia contemporánea.
La dependencia de la isla hacia aliados como Vietnam o las naciones de la región evidencia la incapacidad del ejecutivo cubano para generar riqueza interna. La inflación galopante, la devaluación del peso cubano, los apagones prolongados y la escasez crónica de combustible y alimentos configuran un escenario de colapso sistémico. En este contexto, los acuerdos agrícolas con Vietnam, como el proyecto arrocero, son vistas por los analistas como paliativos insuficientes que no atacan las causas estructurales de la falta de productividad: la propiedad estatal de la tierra, la corrupción burocrática y la ausencia total de incentivos para los productores privados.
Además, el endurecimiento de la represión social y la persecución política por parte de la dictadura cubana ha generado un éxodo migratorio sin precedentes, vaciando al país de su fuerza laboral y profundizando la crisis productiva. Las promesas de cooperación financiera y tecnológica con aliados ideológicos chocan con la realidad de un aparato estatal ineficiente que no garantiza la seguridad jurídica ni la viabilidad real de las inversiones. El anuncio de que el próximo año será declarado «Año de la Amistad Cuba-Vietnam» parece más un ejercicio de retórica diplomática que una solución tangible para los ciudadanos que enfrentan el hambre y el autoritarismo diariamente.
Implicaciones y perspectivas futuras
El acuerdo comercial anunciado por Trump con Vietnam refleja una geopolítica pragmática donde Washington busca fortalecer sus lazos comerciales con naciones del sudeste asiático, incluso si estas mantienen gobiernos de corte comunista, con tal de contrarrestar el avance comercial de Pekín. Para el régimen cubano, esta dinámica internacional plantea un escenario complejo: sus aliados estratégicos, como Vietnam, priorizan su prosperidad económica mediante el comercio con el capitalismo occidental, un modelo que La Habana se niega a replicar por el costo político que implicaría perder el monopolio del poder.
En última instancia, la supervivencia del gobierno cubano seguirá dependiendo de la voluntad de sus aliados para enviar remesas, petróleo o tecnología básica, mientras la estructura productiva nacional continúa en ruinas. La comunidad internacional observa cómo el poder en la isla celebra sus amistades históricas, pero la población continúa soportando el peso de un sistema que ha fracasado en proveer bienes esenciales y libertades fundamentales. La verdadera solución a la crisis cubana no vendrá de pactos bilaterales de terceros, sino de una apertura democrática y un cambio estructural que el régimen de La Habana se resiste sistemáticamente a implementar.

