El actor cubano Armando Tomey llamó a la población de la Isla a implementar formas de desobediencia civil y resistencia cotidiana frente al régimen de La Habana, asegurando que la transformación política del país depende exclusivamente de la acción de los cubanos y no de intervenciones externas, promesas incumplidas o la inacción de organismos internacionales.
A través de un video difundido en sus redes sociales, el popular artista, radicado en Estados Unidos desde 2013, apeló al legado histórico de Mahatma Gandhi para fundamentar la resistencia pacífica como la herramienta principal para ejercer presión social frente a la dictadura cubana. Tomey instó a la ciudadanía a comprender que acciones cotidianas pueden tener un impacto político significativo cuando se desarrollan de manera masiva y coordinada, rompiendo así el miedo impuesto por el aparato represivo del Estado.
En su mensaje, el actor enumeró diversas formas de desobediencia civil que los ciudadanos pueden adoptar en su día a día. Entre ellas, mencionó la realización de cacerolazos, la quema de basura en las calles como forma de protesta sanitaria y urbana, el acudir a los centros laborales sin desempeñar las funciones encomendadas (lo que se conoce como huelga de brazos caídos), e incluso la apropiación de bienes estatales. Además, enfatizó la importancia de expresar públicamente consignas que reivindiquen la soberanía popular, como el grito de \»¡Viva Cuba Libre!\», como un mecanismo para erosionar el control ideológico del poder.
Tomey fue tajante al advertir sobre la futilidad de esperar que actores externos resuelvan la crisis sistémica que atraviesa la Isla. De manera específica, cuestionó la figura del expresidente estadounidense Donald Trump, a quien acusó de llenar de esperanza al pueblo cubano con promesas que no ha cumplido. \»No se puede seguir esperando por los demás\», sentenció el actor, subrayando que la dependencia de factores externos solo prolonga el estancamiento y el sufrimiento de la población.
De igual forma, el intelectual criticó severamente el papel complaciente o ineficaz de los organismos internacionales frente a la violación sistemática de los derechos humanos en Cuba. Tomey señaló que la ciudadanía no debe aguardar el respaldo de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) ni de la Organización de los Estados Americanos (OEA). \»El pueblo de Cuba tiene que hacer algo por sí mismo, tiene que luchar fuerte a ver si se animan los demás\», expresó, en un claro reconocimiento a que la solidaridad internacional solo llegará cuando los cubanos demuestren una voluntad inquebrantable de cambio desde dentro.
El video culminó con un mensaje directo y desafiante hacia el dictador Miguel Díaz-Canel. Tomey animó a los cubanos a saludarse entre sí con la frase \»¡Viva Cuba Libre!\» y a internalizar el lema \»Patria y Vida\» como un acto de rebeldía mental frente al régimen. Asimismo, exigió la salida de la cúpula gobernante, acusándola de haber saqueado los recursos de la nación. \»Díaz-Canel, recoge todo el dinero que te robaste de Cuba, tú y tus secuaces y dejen a Cuba que haga su propio destino\», demandó el artista, responsabilizando directamente a la dirigencia por el secuestro y la miseria total en la que está sumida la nación.
El caldo de cultivo: Colapso energético y crisis estructural
Las declaraciones de Armando Tomey no ocurren en el vacío, sino que se enmarcan en el agravamiento acelerado de la crisis estructural que asfixia a la sociedad cubana. En las últimas semanas, la situación energética ha tocado fondos históricos. Las averías constantes en varias centrales termoeléctricas obsoletas, sumadas a la escasez crónica de combustible y un déficit de generación que ronda la mitad de la demanda nacional, han provocado apagones que en numerosas localidades superan las veinte horas diarias, llevando al colapso de servicios básicos como el suministro de agua y la conservación de alimentos.
Este escenario de desabastecimiento y penuria material ha sido el detonante de un nuevo ciclo de protestas y cacerolazos en distintos puntos de la geografía nacional. La frustración ciudadana ha desbordado el miedo tradicional, y los cortes de luz prolongados se han convertido en la mecha de un descontento generalizado contra la gestión del gobierno cubano. La respuesta de las autoridades de la isla ha sido la habitual: el despliegue de fuerzas represivas, amenazas y la censura de las manifestaciones a través del corte de internet y la intimidación a los manifestantes.
Más allá de la crisis eléctrica, el régimen de La Habana enfrenta una crisis económica de proporciones monumentales. La inflación galopante ha devaluado el salario real a niveles de miseria, mientras la escasez de medicamentos y alimentos es la tónica en los mercados. El fracaso del Ordenamiento Monetario y la incapacidad del ejecutivo cubano para implementar reformas estructurales reales que incentiven la producción nacional han ahondado la pobreza. A esto se suma un éxodo migratorio sin precedentes en la historia reciente, que ha visto partir a cientos de miles de cubanos, vaciando al país de su fuerza laboral y de su juventud.
Antecedentes de la disidencia artística y social
El uso de las redes sociales por parte de figuras públicas para denunciar la crisis y llamar a la movilización tiene precedentes cruciales en la historia reciente de Cuba. El movimiento artístico y ciudadano ha jugado un rol fundamental en la ruptura del monopolio informativo del Estado. Desde las protestas del Movimiento San Isidro hasta el estallido social del 11 de julio de 2021, los artistas, intelectuales y activistas independientes han sido catalizadores de la inconformidad, utilizando plataformas digitales para mostrar la realidad de la Isla al mundo y a los propios cubanos, evadiendo la propaganda oficial.
Armando Tomey, considerado uno de los actores más populares de su generación antes de su exilio, se ha sumado a esta cruzada desde su residencia en Port St. Lucie, Florida. Días antes de este llamado a la resistencia, el artista había publicado otro mensaje en el que describía a Cuba como \»una cárcel gigante que flota a la deriva\», un diagnóstico preciso de la falta de libertades y el aislamiento al que está sometida la población bajo el control totalitario.
El llamado de Tomey a la resistencia pacífica y la desobediencia civil plantea un desafío directo a la sostenibilidad del modelo autoritario. La historia demuestra que los regímenes que dependen del control absoluto y la represión son profundamente vulnerables cuando la ciudadanía retira su consentimiento y deja de participar en la ficción institucional. Si la población cubana logra articular estas formas de resistencia cotidiana a una escala masiva, el costo de mantener el poder para la dictadura cubana podría volverse insostenible, abriendo un horizonte de incertidumbre pero también de esperanza para la reconstrucción democrática del país. La comunidad internacional, por su parte, observa de cerca cómo la sociedad civil responde a esta crisis, en medio de la creciente presión para que se exija al gobierno de La Habana el respeto a los derechos fundamentales y la apertura de espacios democráticos.