Domingo, 20 de septiembre de 2026
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El régimen de La Habana busca capital surcoreano mientras agencia de Seúl alerta sobre los riesgos del mercado cubano

El régimen de La Habana busca capital surcoreano mientras agencia de Seúl alerta sobre los riesgos del mercado cubano

El gobierno cubano ha desplegado una ofensiva comercial en Seúl para atraer inversiones de empresas surcoreanas, presentando una cartera de oportunidades en sectores estratégicos. Sin embargo, la estrategia de captación de capital choca con la advertencia de la agencia comercial surcoreana KOTRA, que ha recomendado a los empresarios extremar la cautela debido al endurecimiento de las sanciones estadounidenses y la inestabilidad institucional que impera en la isla.

La iniciativa se materializó en el foro «Cuba: Oportunidades de Negocios», organizado por la Embajada de Cuba en Corea del Sur. En el evento participaron Antonio Carricarte Corona, presidente de la Cámara de Comercio de la República de Cuba, y el embajador cubano Claudio Monzón Baeza. Los funcionarios intentaron vender la imagen de una nación abierta a la inversión, a pesar del evidente deterioro económico que sufre el país tras décadas de centralización, ineficiencia burocrática y falta de incentivos a la producción nacional.

El director de la oficina de la Agencia de Promoción del Comercio y la Inversión de Corea (KOTRA) en La Habana, Lee Myung-joon, introdujo una nota de pragmatismo y cautela que contrastó con el optimismo oficial. Lee recomendó a las compañías surcoreanas analizar cada posible operación caso por caso y adoptar medidas de protección frente a las sanciones estadounidenses. «Las empresas no pueden acercarse al mercado de la misma manera que lo harían en otros lugares», declaró, aconsejando el uso de mecanismos de pago alternativos fuera del sistema financiero de Estados Unidos para evitar represalias.

La advertencia de KOTRA subraya un problema crónico del comercio exterior cubano: la falta de acceso a financiamiento internacional convencional y el aislamiento del sistema bancario global. Lee también sugirió una entrada gradual y con riesgos controlados al sector privado cubano, un sector que, aunque ha crecido en número de actores en los últimos años, sigue operando bajo la sombra y el control absoluto del Estado. El funcionario recordó que varias compañías extranjeras han dudado en realizar transacciones o han abandonado el mercado cubano debido al endurecimiento de las políticas de Washington.

Por su parte, el embajador Claudio Monzón reconoció de manera tácita el fracaso del modelo económico al admitir el «deterioro del entorno económico y político» de la Isla. No obstante, intentó justificar la crisis atribuyéndola exclusivamente a las sanciones estadounidenses, un discurso recurrente del régimen de La Habana para eludir su responsabilidad en el colapso productivo. «Cuba sigue siendo una tierra de oportunidades y potencial», agregó el diplomático, ignorando que la falta de garantías jurídicas y la excesiva injerencia estatal son los principales disuasorios para el capital extranjero.

Carricarte presentó un amplio abanico de sectores para la cooperación: energías renovables, biotecnología, industria farmacéutica, agricultura orgánica, turismo, atención sanitaria, bienes de consumo y logística. El directivo aseguró que alrededor de 900 empresas cubanas están autorizadas para realizar operaciones de comercio exterior, una cifra que contrasta con la ineficiencia y el desabastecimiento crónico que sufren estas mismas entidades a nivel interno. Además, expresó el interés del ejecutivo cubano en estudiar el modelo de desarrollo industrial surcoreano para transformar pequeñas y medianas empresas en compañías competitivas, una aspiración casi utópica en una economía donde el Estado monopoliza los medios de producción y asfixia con impuestos y trabas al sector privado nacional.

Como parte de la gira, la Cámara de Comercio de Cuba y la Asociación de Importadores de Corea (KOIMA) firmaron un acuerdo de cooperación para promover la oferta exportable cubana. La presidenta de KOIMA, Youn Young-mi, destacó el interés que despierta Cuba entre algunos ciudadanos surcoreanos, pero los datos reflejan una realidad mucho más modesta: en 2023, el comercio bilateral apenas alcanzó los 43 millones de dólares, con una balanza comercial marcadamente desfavorable para la isla, que importó productos surcoreanos por 36 millones y exportó mercancías por apenas siete millones.

Un mercado asfixiado por la crisis estructural

El intento de atraer capital surcoreano no ocurre en el vacío, sino en medio de la peor crisis económica de las últimas décadas en Cuba. La hiperinflación, la devaluación del peso cubano y la caída libre de la producción nacional han generado un escenario de pobreza generalizada. El régimen de La Habana busca desesperadamente divisas frescas para sostener un sistema en bancarrota, tras el enfriamiento de los flujos de ayuda y petróleo tradicional provenientes de aliados como Venezuela y Rusia, cuyas economías también atraviesan dificultades.

La promoción de inversiones en infraestructura energética y minería por parte de las autoridades de la isla choca con la realidad de un país que sufre apagones diarios que superan las 10 horas en varias provincias. La red eléctrica nacional está al borde del colapso, y la falta de mantenimiento de las termoeléctricas es un síntoma de la desinversión crónica. Carricarte identificó el níquel y los productos siderúrgicos entre las principales exportaciones cubanas, pero la producción de níquel ha mermado significativamente debido a la obsolescencia tecnológica de las plantas y la falta de insumos básicos. Cualquier capital extranjero que ingrese a estos sectores se enfrenta a la burocracia asfixiante y a la imposibilidad histórica de repatriar utilidades, un obstáculo que ha frustrado a numerosos inversores europeos y latinoamericanos en el pasado.

Además, el contexto político es un factor determinante que KOTRA no puede ignorar. Mientras el gobierno cubano ofrece oportunidades en el sector agroalimentario y la biotecnología, la dictadura cubana mantiene una política de represión sistemática contra cualquier forma de disidencia o expresión económica independiente. La ausencia de un Estado de derecho independiente, de tribunales imparciales y de garantías constitucionales reales significa que los contratos firmados con el Estado cubano están sujetos a la arbitrariedad del poder. El fantasma de las expropiaciones masivas de los años 60 sigue pesando sobre la reputación del país. La inseguridad jurídica no es un subproducto de las sanciones externas, sino una característica inherente de un sistema autoritario que no respeta la propiedad privada.

Implicaciones y perspectivas futuras

El establecimiento de relaciones diplomáticas a nivel de embajadores entre Cuba y Corea del Sur en febrero de 2024 abrió una nueva vía de comunicación institucional, pero la cautela de KOTRA demuestra que el sector privado surcoreano no está dispuesto a asumir riesgos sin un análisis riguroso. La diferencia entre el discurso oficial cubano, que pinta a la isla como una «tierra de oportunidades», y la advertencia de los expertos en comercio, que aconsejan blindarse legal y financieramente, revela la magnitud del desafío para La Habana.

Para la ciudadanía cubana, el éxito o fracaso de estas gestiones comerciales tiene un impacto directo en su calidad de vida. La falta de alimentos, medicinas, maquinarias y combustibles requiere soluciones urgentes que el Estado por sí mismo es incapaz de proveer. Sin embargo, mientras la dictadura mantenga su control absoluto sobre la economía y se niegue a implementar reformas estructurales reales que incluyan a los actores privados nacionales en igualdad de condiciones con el capital extranjero, las promesas de cooperación industrial y desarrollo seguirán siendo, como en décadas anteriores, un espejismo. La comunidad internacional y los potenciales inversores observan cómo las políticas represivas y la falta de libertades son el verdadero muro que aísla a Cuba del progreso económico global.

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya
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