Domingo, 20 de septiembre de 2026
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La dictadura cubana solo ha excarcelado a 20 presos políticos de los 51 prometidos, confirma Justicia 11J

La dictadura cubana solo ha excarcelado a 20 presos políticos de los 51 prometidos, confirma Justicia 11J

La organización Justicia 11J ha verificado la salida de apenas 20 personas privadas de libertad por motivos políticos dentro del proceso anunciado por el régimen de La Habana el pasado 12 de marzo. Esta cifra representa menos de la mitad de las 51 liberaciones que las autoridades de la isla prometieron ejecutar, evidenciando una vez más la estrategia de manipulación y control penal ejercida por el Estado contra los manifestantes del 11 de julio de 2021.

Según el detallado seguimiento realizado por la organización no gubernamental, las salidas de prisión no constituyen liberaciones plenas ni amnistías. Por el contrario, el gobierno cubano ha otorgado «beneficios penitenciarios condicionados y revocables», administrados con total discrecionalidad. Esta fórmula permite a las autoridades mantener un control absoluto sobre los excarcelados, quienes pueden ser devueltos a la cárcel en cualquier momento bajo el pretexto de incumplir las condiciones impuestas, trasladando la represión del recinto carcelario a un sistema de vigilancia y coerción en las calles.

El análisis de los casos verificados revela un patrón altamente selectivo en la elección de los beneficiados. Todos los excarcelados fueron sancionados por su participación en las históricas protestas del 11J. Sin embargo, el observatorio destaca la ausencia total de mujeres en este grupo y señala que la selección priorizó a personas con menor visibilidad pública o que mantuvieron un perfil de menor confrontación durante su encierro. Esta táctica evita otorgar triunfos morales o mediáticos a los líderes más visibles del movimiento opositor y presos, minimizando el impacto social de las liberaciones.

La gravedad de la situación penal se evidencia al comprobar que la mayoría de estos individuos no estaba próxima a cumplir sus condenas. Entre los 20 casos confirmados por Justicia 11J, hay personas que enfrentaban sanciones extremadamente severas que oscilan entre los seis, nueve, diez, once, trece, catorce, quince, dieciséis y hasta los 18 años de privación de libertad. Se trata de penas desproporcionadas que fueron impuestas tras juicios sumarios, carentes de las mínimas garantías de debido proceso, con el objetivo de desarticular cualquier brote de disidencia social.

Los nombres de los excarcelados confirmados incluyen a Adael Jesús Leyva Díaz, Ariel Pérez Montesino, Deyvis Javier Torres Acosta, Eduardo Álvarez Rigal, Felipe Almirall, Franklin Reymundo Fernández Rodríguez, Hansel Felipe Arbolay Prim, José Luis Sánchez Tito, Juan Pablo Martínez Monterrey, Léster Ayala Alarcón, Luis Esteffani Hernández Valdés, Miguel Enrique Girón Velázquez, Oscar Bárbaro Bravo Cruzata, Roberto Ferrer Gener, Ronald García Sánchez, Wilmer Moreno Suárez, Yussuan Villalba Sierra y Renán Julio Vilches Wong. La organización precisó que existen otros dos casos cuyos nombres se mantienen protegidos por razones de seguridad para los afectados y sus familias.

La narrativa oficial y el papel del Vaticano

El anuncio original fue difundido a través del Ministerio de Relaciones Exteriores y replicado por la prensa oficialista. En su momento, el ejecutivo cubano aseguró que serían liberadas 51 personas tras haber cumplido «una parte significativa de la pena» y mantener «buena conducta en prisión». La medida fue presentada como un gesto enmarcado en las relaciones entre el Estado cubano y el Vaticano, intentando proyectar una imagen de apertura y clemencia ante la comunidad internacional y los actores diplomáticos.

Sin embargo, la dictadura cubana omitió en todo momento reconocer que entre los beneficiarios existían presos políticos. Esta omisión está en línea con la práctica sistemática del régimen de negar la existencia de encarcelamientos por motivos ideológicos, catalogando a los opositores y manifestantes como «delincuentes comunes» o «contrarrevolucionarios» bajo un marco legal diseñado específicamente para silenciar la crítica y criminalizar el ejercicio de los derechos fundamentales.

El indulto del 2 de abril y la exclusión de la disidencia

Posteriormente, las autoridades de la isla informaron sobre un nuevo proceso de otorgamiento de beneficios penitenciarios mediante indulto, esta vez para 2.010 sancionados. Amparado en la Constitución, el régimen justificó la selección en la conducta, el tiempo extinguido de la sanción y el estado de salud, incluyendo a mujeres, jóvenes, adultos mayores de 60 años, extranjeros y cubanos residentes en el exterior. No obstante, los medios oficialistas aclararon que fueron excluidos los condenados por una serie de figuras penales, entre ellas los «delitos contra la autoridad», una categoría frecuentemente utilizada para reprimir la protesta social.

Pese a la magnitud de este segundo anuncio, Justicia 11J ha asegurado que hasta el momento no ha logrado identificar a ninguna persona presa por razones políticas entre los beneficiarios del indulto masivo. Esto refuerza la tesis de que las medidas de flexibilización penal en Cuba operan como una fachada de buena voluntad hacia el exterior, mientras el núcleo duro de la represión política se mantiene intacto y los activistas de mayor perfil continúan tras las rejas.

El monitoreo de la organización también registró al menos tres excarcelaciones de presos políticos en los días previos al anuncio del indulto: Liván Hernández Lago, quien salió el 27 de marzo, junto a Ienelis Delgado Cué, conocida como «La Mambisa Agramontina», y Jiordan Marrero Huerta, liberados el 1 de abril. Aunque Justicia 11J no tiene elementos suficientes para confirmar si estos casos forman parte del indulto posterior o responden a otro tipo de decisión administrativa, sí ha podido constatar que estas personas ya reunían condiciones para acceder a beneficios penitenciarios o seguían detenidas sin haber sido juzgadas, lo que evidencia las profundas anomalías y la arbitrariedad del sistema judicial cubano.

Contexto represivo y crisis estructural

La política de liberaciones condicionadas y selectivas no ocurre en un vacío, sino en medio de una de las peores crisis estructurales que ha enfrentado la isla en décadas. La economía cubana se encuentra en franco colapso, con una inflación galopante, un desabastecimiento crónico de alimentos, combustible y medicinas, y apagones prolongados que afectan la ya mermada calidad de vida de la población. Este escenario de precariedad extrema ha provocado un éxodo migratorio sin precedentes, vaciando ciudades y pueblos de su fuerza laboral y de su juventud.

Ante el descontento social generalizado y la imposibilidad de resolver las necesidades básicas de la ciudadanía, la dictadura cubana ha optado por endurecer el cerco represivo. Las protestas del 11 de julio de 2021 marcaron un punto de inflexión histórico, demostrando que el miedo impuesto durante décadas comenzaba a resquebrajarse. La respuesta del Estado fue una ola de detenciones masivas, juicios amañados y condenas ejemplares que buscaban sembrar el terror para evitar nuevas movilizaciones. Las actuales «liberaciones» deben leerse en esta clave: no son un acto de justicia o rectificación, sino una válvula de escape administrada por el poder para calmar las presiones internacionales y eclesiásticas, sin renunciar a su monopolio del control social.

El uso de la justicia como instrumento de persecución política es una constante en la historia reciente del país. La negativa a publicar listados oficiales completos y la ejecución opaca de estos beneficios penitenciarios generan un clima de incertidumbre perpetua, tanto para los presos como para sus familiares. Este sufrimiento añadido funciona como un castigo extendido a la red social de los disidentes, disuadiendo a otros ciudadanos de alzar la voz contra las políticas gubernamentales.

Implicaciones a futuro

El balance presentado por Justicia 11J evidencia que, tras los anuncios de marzo y abril, persisten profundas dudas sobre la transparencia del proceso penal en Cuba. La ejecución selectiva, carente de criterios públicos verificables, confirma que el Estado cubano no ha modificado su postura intransigente respecto a la existencia de presos políticos. Mientras la comunidad internacional y actores como el Vaticano mantengan el diálogo con La Habana, será crucial que exijan no solo liberaciones incondicionales, sino el desmantelamiento del aparato represivo que criminaliza la libertad de expresión y asociación. Por su parte, la sociedad civil en la isla continúa documentando estas irregularidades a un costo inmenso, asumiendo riesgos para preservar la memoria histórica, defender los derechos humanos y exigir justicia para cientos de cubanos que aún permanecen injustamente encarcelados.

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya
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Equipo Editorial Reporte Cuba Ya

Equipo editorial de Reporte Cuba Ya, medio digital independiente especializado en noticias de Cuba. Cubrimos politica, derechos humanos, economia, feminicidios, presos politicos, oposicion y la crisis humanitaria en la isla. Nuestro compromiso es la veracidad, la independencia editorial y el rigor periodistico.

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