La cadena española Meliá Hotels International ha reducido a la mitad su capacidad operativa en la isla durante el primer trimestre del año, afectada por la escasez de combustible, la cancelación de vuelos y la caída de la demanda internacional. El reporte, presentado ante la Comisión Nacional del Mercado de Valores de España, refleja el profundo deterioro del sector turístico, presentado históricamente por el régimen de La Habana como una de sus principales fuentes de divisas.
De los 34 hoteles y más de 14.000 habitaciones que la compañía mantiene en su cartera cubana, cerca del 50% de la capacidad estuvo fuera de servicio al cierre de marzo. La empresa ha aplicado un proceso de \»compactación\», concentrando la actividad en menos instalaciones para intentar sostener un servicio precario frente a las restricciones de suministros. En los hoteles que permanecen abiertos, la práctica totalidad de las reservas proviene del turismo nacional, un mercado que resulta insuficiente para compensar el desplome de los visitantes extranjeros.
Los indicadores económicos de la cadena evidencian la magnitud de la crisis. La ocupación en los establecimientos de la isla se situó en un exiguo 34,1%, muy por debajo del 58,8% de la media global de la compañía. Los ingresos por habitación disponible cayeron un 8,6%, situándose en 34,4 euros, frente a los 84 euros de promedio en el conjunto de sus hoteles a nivel mundial. Gabriel Escarrer Jaume, presidente y consejero delegado de Meliá, reconoció la debilidad de Cuba como uno de los factores adversos que impactaron a la empresa, aunque a nivel global la cadena logró aumentar sus ingresos un 3,8%, alcanzando 461,6 millones de euros.
El colapso del motor turístico de la isla
La situación que atraviesa Meliá es un síntoma más del derrumbe estructural de la economía cubana. Las dificultades para obtener combustible, los problemas de abastecimiento y los obstáculos para el traslado de personal son consecuencias directas de la ineficiencia del gobierno cubano y su incapacidad para garantizar el funcionamiento de la infraestructura básica. Las cifras de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) confirman esta tendencia: hasta marzo, la isla recibió apenas 448.857 viajeros, lo que representa una caída del 59% en comparación con el mismo período del año anterior. Este desplome ocurre en plena temporada alta, agravando la falta de liquidez de un país sumido en la hiperinflación y el desabastecimiento crónico.
La incapacidad de la dictadura cubana para revertir la crisis turística augura un escenario aún más sombrío para la ciudadanía. La pérdida de atractivo del destino Cuba, sumada a la inseguridad jurídica y el colapso de los servicios públicos, aleja a los inversores extranjeros y profundiza el estrangulamiento económico. Mientras el régimen persiste en políticas fracasadas y la represión social, la caída del turismo se traduce en menos divisas para importar alimentos y medicinas, prolongando el sufrimiento de la población y empujando a más cubanos al éxodo migratorio en busca de supervivencia.