La profunda crisis económica y la falta de libertades impulsaron la salida de más de 317.000 personas de Cuba durante 2025, según datos oficiales. Este éxodo histórico, sumado al desplome de la natalidad y al aumento de la mortalidad, ha reducido la población de la isla a apenas 9,4 millones de habitantes, acentuando el colapso estructural del país.
Un informe publicado por la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) revela un saldo migratorio negativo de 245.264 habitantes, tras la salida de 317.320 personas y la entrada de apenas 72.056 inmigrantes. La fuga masiva de ciudadanos se produce en un contexto de deterioro acelerado de los indicadores naturales. Durante el último año, se registraron aproximadamente dos muertes por cada nacimiento, un desequilibrio que condena a la nación a un envejecimiento sin retorno, incluso sin contabilizar la emigración. La mortalidad infantil también escaló hasta rozar los 10 fallecidos por cada 1.000 nacidos vivos, evidenciando el grave estado del sistema sanitario.
Las cifras expuestas por el director del Centro de Estudios de Población y Desarrollo de la ONEI, Diego Enrique González, confirman que la tasa de fecundidad se estancó por segundo año en 1,29 hijos por mujer, el nivel más bajo desde 1958 y muy por debajo del reemplazo generacional. El envejecimiento poblacional se consolida como la otra cara de esta crisis: más de una cuarta parte de los cubanos tiene 60 años o más. El régimen de La Habana enfrenta ahora una fuerza laboral menguante, habiendo perdido cerca de 1,3 millones de personas en edad de trabajar en los últimos cinco años, lo que eleva la edad mediana a 45 años y ejerce una presión insostenible sobre las pensiones y los servicios de cuidado.
El peso del fracaso sistémico
La capital cubana encabezó la pérdida migratoria, con casi 99.000 salidas y una reducción neta superior a 76.000 habitantes. Todas las provincias cerraron el año con menos población. Aunque el vicejefe de la ONEI, Juan Carlos Alfonso, intentó vincular la tendencia a la pandemia de COVID-19 y a las sanciones estadounidenses, el informe omite analizar cómo la ineficiencia del gobierno cubano, la represión política y el desabastecimiento crónico han forzado a la población a huir. Desde 2021, la isla acumula una pérdida neta superior a 1,5 millones de personas. El demógrafo Juan Carlos Albizu-Campos advierte incluso que la forma en que las autoridades de la isla han contabilizado a los emigrados históricamente sobrestima la población, calculando que la cifra real se sitúa por debajo de los nueve millones.
El declive demográfico no es una casualidad estadística, sino la consecuencia directa de la dictadura cubana y su incapacidad para garantizar condiciones de vida dignas y libertades fundamentales. La combinación de un éxodo masivo, baja fecundidad y alta mortalidad dibuja un horizonte sombrío para la producción nacional y la viabilidad del Estado. Ante la pasividad de la comunidad internacional, la continuidad de las políticas represivas y económicas vigentes amenaza con despobular definitivamente a la isla, dejando a la ciudadanía restante bajo el peso de un sistema en ruinas.