El Banco Central de Cuba (BCC) anunció la puesta en circulación de billetes de 2.000 y 5.000 pesos, una medida que comenzó en La Habana y se extenderá gradualmente al resto del país. La decisión, justificada por las autoridades como un alivio para las transacciones en efectivo, llega en medio de una profunda crisis económica, alta inflación y un creciente rechazo social hacia las políticas monetarias del régimen de La Habana.
La emisión de esta nueva denominación monetaria ha sido recibida con escepticismo por la población. Residentes en provincias como Holguín señalan que la medida no aborda las causas estructurales de la pobreza en la isla. \»Los nuevos billetes no resuelven nada. Hay poca producción, pocas ofertas y lo único que sube son los precios con un salario que no alcanza\», expresó Leonardo Castillo, quien resume el sentir de muchos cubanos al afirmar que, independientemente de la cantidad de dinero impreso, la situación de precariedad se mantiene intacta para la mayoría.
El ejecutivo cubano ha justificado la iniciativa argumentando que facilitará la logística del efectivo en un contexto inflacionario. Sin embargo, los datos macroeconómicos reflejan una realidad mucho más compleja. Informes del Centro de Estudios de la Economía Cubana indican que el Producto Interno Bruto (PIB) experimentó una caída del cinco por ciento, acumulando una contracción superior al 15 % desde 2020. Mientras la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI) fijó la inflación oficial en 14,07 %, economistas independientes calculan que el incremento real en los precios de la canasta básica ronda el 70 % interanual.
Desigualdad monetaria y colapso del poder adquisitivo
La introducción de estos billetes evidencia la brecha entre un sector privado con capacidad de mover grandes volúmenes de efectivo y la mayoría de los trabajadores estatales. En el mercado informal, la depreciación del peso cubano es alarmante: el dólar cotiza a 530 pesos y el euro a 590, lo que representa una caída del 47,8 % en el último año. En este escenario, un billete de 5.000 pesos equivale apenas a unos diez dólares. Este contraste es brutal si se considera que el salario mínimo estatal está congelado en 2.100 pesos desde 2021 y el salario medio ronda los 6.989 pesos, una cifra que solo cubre entre el 15 % y el 22 % del costo de una alimentación básica, estimada en más de 50.000 pesos.
La medida también ha destapado la profunda crisis de liquidez y la fragmentación del mercado interno. Comerciantes y vendedores informales han comenzado a rechazar sistemáticamente los billetes de baja denominación, complicando aún más las transacciones diarias para los ciudadanos comunes. \»El banco saca billetes grandes para que los dueños de las mipymes puedan comprar dólares sin cargar una carretilla, pero al pueblo nos dan billetes de cinco o diez pesos que nadie acepta\», ironizó Jorge Luis Batista, vecino del reparto Peralta. Esta dinámica obliga a la población a \»inventar\» constantemente para sobrevivir, según relató la holguinera Yanelis Torres, quien calificó los anuncios oficiales de \»burla\» ante la falta de resultados tangibles.
La emisión de billetes de alta denominación no hace más que maquillar un síntoma de la profunda descomposición del modelo económico impulsado por la dictadura cubana. Sin un cambio estructural que incentive la producción nacional, frene la emisión inorgánica de dinero y restablezca el poder adquisitivo de la población, la isla continuará sumida en un ciclo de pobreza e hiperinflación. La falta de respuestas efectivas por parte del régimen de La Habana no solo profundiza el sufrimiento de los ciudadanos en el día a día, sino que también acelera el ya masivo éxodo migratorio de quienes no vislumbran un horizonte viable dentro del país.