Un grupo de activistas cubanos realizó una protesta simbólica frente a la sede del partido Podemos en Madrid para repudiar la complicidad de la izquierda internacional con la dictadura cubana, tras la reciente visita de una delegación política a La Habana.
Los manifestantes, entre los que se encontraban Leonardo Fernández Otaño, Elaine Roca y Lázaro Mireles, se congregaron de manera pacífica portando velas y la bandera nacional. Durante la jornada, leyeron en voz alta las sentencias judiciales impuestas a los presos políticos de las protestas del 11 de julio, denunciando el carácter punitivo y ejemplarizante de los procesos judiciales orquestados por el régimen de La Habana contra quienes se atrevieron a exigir libertades.
El \»Convoy Nuestra América\» y la selectividad de la solidaridad
La movilización responde directamente al reciente viaje a Cuba de representantes de Podemos, incluido su fundador, Pablo Iglesias, en el marco del denominado \»Convoy Nuestra América\». Esta iniciativa, impulsada por la Internacional Progresista y en la que también participaron figuras internacionales como Jeremy Corbyn y Clara López, transportó toneladas de insumos médicos a la isla. Sin embargo, para el exilio cubano, esta operación mediática encubre una clara complicidad con las autoridades de la isla, al invisibilizar la crisis de derechos humanos y la violencia estatal sistemática.
La protesta en Madrid evidencia la fractura entre sectores políticos europeos y la diáspora cubana. Mientras el ejecutivo cubano atraviesa una de sus peores crisis económicas y sociales —marcada por una inflación galopante, desabastecimiento, apagones prolongados y un éxodo masivo de ciudadanos—, la izquierda internacional ha optado por señalar el embargo de Estados Unidos, ignorando la responsabilidad directa del modelo autoritario en el colapso del país. Los activistas señalaron esta \»falta de empatía\» y la doble moral de quienes condenan violaciones a los derechos humanos en otros contextos globales, pero guardan silencio frente a la censura y el encarcelamiento en Cuba.
El rechazo a estas visitas de legitimación diplomática pone sobre la mesa el creciente activismo de la diáspora y su determinación para exigir coherencia a la comunidad internacional. La presión de las organizaciones de derechos humanos y de los cubanos en el exilio buscará continuar desenmascarando operaciones que, bajo el pretexto de la ayuda humanitaria, terminan brindando oxígeno político a una dictadura que mantiene a cientos de prisioneros de conciencia tras las rejas.