Por: Redacción Reporte Cuba Ya
Como si se tratara de un peregrinaje anual a la tierra del olvido, el Primer Ministro Manuel Marrero Cruz asistió en calidad de diputado a la Asamblea Municipal del Poder Popular en Gibara, Holguín. El objetivo oficial era aprobar el plan de la economía y el presupuesto para el 2026, un ejercicio de ciencia ficción burocrática considerando que el gobierno no ha logrado cerrar el 2025 con un mínimo de dignidad para la mesa del cubano. En un ambiente climatizado, muy distinto al calor que pasan sus electores en los apagones, Marrero desempolvó el viejo manual de la «resistencia creativa» para decirles a los gibareños que la solución a sus problemas está en sus propias manos, porque el Estado, evidentemente, se ha lavado las suyas.
Con un cinismo que ya roza lo patológico, el Primer Ministro reconoció que «se hace mucho esfuerzo y sacrificio», pero admitió que si eso no se traduce en resultados, no sirve de nada. Es curioso que esta epifanía le llegue ahora, después de décadas de experimentos fallidos. Sin embargo, su receta para salir del hoyo es la misma que nos hundió: apelar a las «potencialidades locales». En el idioma de la burocracia castrista, esto significa que el municipio debe parir alimentos, materiales y dinero de la nada, mientras el gobierno central sigue culpando al bloqueo de una ineficiencia que ya es estructural y endémica. Marrero insistió en que vivimos una «economía de guerra», una frase hecha para justificar la escasez absoluta y militarizar la miseria, exigiendo a los productores locales que diversifiquen y exporten, cuando apenas pueden producir para el autoconsumo debido a la falta de insumos que el propio Estado monopoliza.
La desconexión con la realidad alcanzó su punto álgido cuando se tocaron los temas sensibles de la población. Se reconoció que el 60% de las quejas pendientes están relacionadas con Recursos Hidráulicos; es decir, Gibara tiene sed. Pero en lugar de anunciar inversiones urgentes en infraestructura o camiones cisterna, la directriz fue «buscar soluciones» y «estrechar el vínculo con el pueblo». También se habló de la higiene comunal —un eufemismo para la basura que inunda los barrios— y de la recuperación de las viviendas afectadas por el huracán Melisa, procesos que avanzan a paso de tortuga. Para Marrero, la solución mágica es que el comercio ofrezca «servicios de mayor calidad» para aumentar ingresos, una burla cruel para administradores que gestionan estantes vacíos y locales en derrumbe.
Al final, la visita de Marrero a Gibara sirvió para confirmar lo que todos sabemos: el gobierno no tiene un plan real, solo tiene consignas. Planificar el 2026 bajo estas premisas es un insulto a la inteligencia de un pueblo que sobrevive al día. Mientras ellos se reúnen, aplauden y proyectan cifras en papeles que el viento se llevará, el cubano de a pie sigue preguntándose hasta cuándo la «economía de guerra» será la excusa para la paz de los sepulcros que nos quieren imponer.
¿Y tú qué opinas? ¿Crees que la apelación a los «recursos locales» es una estrategia real o simplemente el gobierno declarándose en quiebra y abandonando a los municipios a su suerte? ¿Qué te parece que hablen de calidad en los servicios en medio de la crisis actual?
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