Por: Redacción Reporte Cuba Ya
La crisis alimentaria en Cuba no solo se manifiesta en las tarimas vacías y los precios inalcanzables, sino también en la creciente agresividad del discurso oficialista contra una ciudadanía harta de justificaciones. En las últimas horas, la polémica se ha encendido tras las declaraciones de Marxlenin Pérez Valdés, presentadora del programa «Cuadrando la Caja», quien recurrió al viejo manual de descrédito político para atacar a quienes cuestionaron las recientes «soluciones» dietéticas propuestas por el gobierno. A través de sus redes sociales, Pérez tildó de «gusanos» a los cubanos que criticaron la sugerencia de un invitado a su programa de reducir el consumo de arroz y papa bajo el pretexto de que no son cultivos autóctonos.
El detonante fue la intervención de Roberto Caballero, funcionario de la Asociación Cubana de Técnicos Agrícolas y Forestales (ACTAF), quien intentó responsabilizar a los patrones de consumo de la población por las tensiones en el sector agrícola. Caballero argumentó que el cubano debe sustituir el arroz —base de la alimentación en la Isla— por viandas como la yuca, el ñame o el boniato. Sin embargo, la presentadora, lejos de mostrar empatía con un pueblo que no encuentra ni arroz ni viandas, arremetió contra las críticas. En una publicación en Facebook donde bloqueó la opción de comentar, instó a ver el programa completo para que «no te hagan cuentos chinos (como el arroz)», insinuando que las quejas son producto de la manipulación y no del hambre real que se vive en las calles.

La reacción de la sociedad civil no se hizo esperar, desmontando la narrativa oficial con datos y vivencias. Figuras públicas como el cantante Ulises Aquino ironizaron sobre la propuesta, recordando que bajo esa lógica «los indios solo comían casabe» y tampoco necesitaban electricidad. Pero más allá de la ironía, el trasfondo es dramático: activistas y analistas han señalado que el problema no es el apetito del cubano, sino la destrucción de la capacidad productiva del país. Estadísticas contrastadas exponen que antes de 1959 la Isla producía cerca de 163,000 toneladas de arroz anuales, mientras que las proyecciones para 2025 apenas alcanzan las 30,000 toneladas. La caída en picada no responde a un cambio cultural, sino a la falta de inversión, el impago a campesinos y la burocracia que asfixia al campo.
Lo que resulta más alarmante de este episodio es la estrategia comunicacional del régimen. Al validar discursos que culpan al ciudadano por querer comer lo que siempre ha comido, se intenta normalizar la precariedad. Sugerir que el arroz es un lujo foráneo en una cultura donde los «moros y cristianos» son identidad nacional, es un intento desesperado por tapar el sol con un dedo. Además, la sugerencia de sustituir importaciones por cultivos autóctonos choca con la realidad de los agromercados, donde una libra de malanga o de yuca alcanza precios prohibitivos o sencillamente no existe debido a la misma ineficiencia estatal que afecta al arroz.
Este incidente confirma la desconexión total entre la cúpula gobernante, sus voceros mediáticos y la realidad del pueblo. Mientras la presentadora pide «contexto» y lanza ofensas políticas, las familias cubanas enfrentan una inflación galopante y la incertidumbre de no saber qué pondrán en la mesa al día siguiente. El insulto de «gusano», desempolvado una vez más, ya no estigmatiza al crítico, sino que retrata la falta de argumentos de un sistema que, ante su incapacidad para producir alimentos, ha decidido producir culpables.
Desde Reporte Cuba Ya seguiremos monitoreando y exponiendo estas maniobras que intentan maquillar la crisis sistémica del país. Tu voz es importante para desmontar la mentira.
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