La presión política de Estados Unidos sobre La Habana escaló este miércoles tras las declaraciones del senador republicano Rick Scott, quien vaticinó un escenario de colapso inminente para el gobierno cubano. El pronóstico se da en un contexto de alta tensión regional, marcado por la reciente ofensiva estadounidense contra el chavismo y la captura de Nicolás Maduro.
En una entrevista con el medio NewsNation, Scott, aliado cercano de la administración Trump y representante por el estado de Florida, pronosticó que las autoridades de la isla podrían ser derrocadas \»este año\» o \»el próximo\» como resultado de la asfixia financiera impulsada desde Washington. El senador vinculó directamente este desenlace con el fin del gobierno de Miguel Díaz-Canel y el legado del \»régimen de Castro\», argumentando que el corte a los flujos energéticos y exportaciones petroleras desde Caracas deja al ejecutivo cubano sin su principal sostén externo. \»Creo que probablemente ocurrirá este año, quizá el próximo. Va a ocurrir\», aseveró el legislador.
Trump vincula la crisis cubana con el control de los flujos energéticos venezolanos
Las declaraciones del senador se producen apenas tres días después de que el presidente estadounidense afirmara ante la prensa que Cuba estaba \»lista para caer\», en alusión al impacto regional de la operación del 3 de enero en Caracas, que culminó con el traslado de Maduro a Estados Unidos. El mandatario atribuyó la vulnerabilidad del régimen de La Habana a su histórica dependencia del petróleo venezolano, señalando que, al haberse interrumpido ese flujo, la isla \»no tiene ingresos\» y su sistema \»se está viniendo abajo\».
Esta postura beligerante ha generado inquietud en el espectro político estadounidense. El líder demócrata en el Senado, Chuck Schumer, expresó su preocupación por un posible ensanchamiento del conflicto en la región. Tras una reunión informativa en el Capitolio con el secretario de Estado, Marco Rubio, y el secretario de Guerra, Pete Hegseth, Schumer señaló que solicitó garantías sobre la no planificación de operaciones en otros países, mencionando explícitamente a Colombia y Cuba. El líder demócrata calificó de decepcionante la respuesta obtenida y advirtió sobre el riesgo de iniciar \»otra ronda de guerras interminables\».
Impacto sobre una economía en ruinas y una dictadura acorralada
El escenario descrito desde Washington se superpone a una crisis estructural que asfixia a la isla desde hace décadas y que el gobierno cubano ha profundizado por su ineficiencia y falta de libertades. La pérdida del subsidio petrolero venezolano golpea a una economía ya sumida en una hiperinflación galopante, un desabastecimiento crítico de combustible y bienes básicos, y un éxodo migratorio sin precedentes. Para mantener el control social frente a este colapso, la dictadura cubana ha incrementado la represión, la persecución política y la censura, recurriendo a la violencia estatal para evitar un estallido social que ahora parece acechar desde el exterior.
A pesar del discurso agresivo, la Casa Blanca ha sugerido que, en el caso cubano, no sería necesaria una operación militar directa para precipitar el cambio. El presidente estadounidense ha señalado que la combinación del aislamiento financiero y el colapso interno hace insostenible la resistencia de La Habana. Las implicaciones políticas de este momento son profundas: mientras la comunidad internacional observa cómo se reconfiguran las alianzas en el hemisferio, la ciudadanía cubana enfrenta la incertidumbre de una transición forzada por crisis externas, sin que quede claro aún si el desmoronamiento del modelo dará paso a una apertura democrática o a un periodo de mayor inestabilidad y represión.