Un sismo de magnitud 3,3 en la escala de Richter fue perceptible en las provincias orientales de Santiago de Cuba y Guantánamo, según confirmó el Centro Nacional de Investigaciones Sismológicas (CENAIS), que localizó el epicentro a seis kilómetros al noreste del municipio de Niceto Pérez, en la provincia más oriental de la isla.
El evento sísmico, aunque de baja intensidad, reavivó las preocupaciones de los habitantes del oriente cubano, una región históricamente vulnerable a la actividad telúrica debido a su ubicación geográfica cerca del límite de placas tectónicas del Caribe. Hasta el momento, las autoridades no han reportado daños materiales ni víctimas personales, aunque los datos preliminares emitidos por el CENAIS están sujetos a revisión conforme se procese información adicional de las estaciones de monitoreo.
El oriente cubano, particularmente la franja que comprende desde Santiago de Cuba hasta Guantánamo, registra con frecuencia movimientos sísmicos de diversa magnitud. Sin embargo, la percepción ciudadana frente a estos eventos se ha visto agravada por el deterioro generalizado del parque inmobiliario en la zona, donde gran parte de las viviendas presentan problemas estructurales crónicos derivados de décadas de abandono estatal, falta de mantenimiento y escasez de materiales de construcción.
El colapso de la infraestructura amplifica el riesgo sísmico
El sismo ocurrió en un contexto en el que las provincias orientales atraviesan una de las crisis más profundas de su historia reciente. El colapso de los servicios públicos, la inoperancia del sistema de distribución de materiales de construcción y la incapacidad del Estado para garantizar programas serios de mitigación estructural han convertido cualquier evento sísmico, por menor que sea, en una fuente de alarma colectiva. Miles de familias santiagueras y guantanameras habitan en inmuebles que presentan grietas, asentamientos y daños estructurales acumulados que nunca fueron atendidos por las autoridades competentes.
La situación es particularmente crítica en los barrios periféricos y zonas rurales, donde la autoconstrucción —práctica extendida por la imposibilidad de acceder a viviendas estatales— ha generado un cinturón de edificaciones precarias que no cumplen con normas mínimas de resistencia sísmica. El régimen de La Habana, que centraliza la planificación y ejecución de obras de infraestructura, ha sido históricamente incapaz de implementar políticas efectivas de reducción del riesgo sísmico en el oriente, priorizando inversiones en sectores como el turismo y la infraestructura militar por encima de la protección civil.
Especialistas en ingeniería estructural han advertido durante años que el oriente cubano enfrenta un escenario de riesgo catastrófico ante un sismo de gran magnitud, similar al que devastó a la ciudad de Santiago de Cuba en 1932. Sin embargo, las advertencias de la comunidad científica han sido sistemáticamente ignoradas por el gobierno cubano, que destina recursos mínimos a programas de reforzamiento estructural, evaluación de vulnerabilidad y educación sísmica de la población.
Respuesta institucional y deficiencias del sistema de alerta
El CENAIS, único organismo encargado del monitoreo sísmico en la isla, opera con recursos limitados y equipos tecnológicos que en muchos casos han superado su vida útil. Aunque el centro logró localizar con rapidez el epicentro del sismo de este lunes, la capacidad de emitir alertas tempranas que permitan a la población adoptar medidas de protección sigue siendo una asignatura pendiente. En países con mayor desarrollo tecnológico en materia sismológica, los sistemas de alerta temprana han demostrado ser herramientas fundamentales para salvar vidas, pero en Cuba la inversión en este ámbito permanece estancada.
La percepción del sismo en Santiago de Cuba y Guantánamo generó inquietud en redes sociales, donde numerosos ciudadanos reportaron haber sentido el movimiento. Muchos de ellos aprovecharon para denunciar las condiciones de vulnerabilidad en las que se encuentran sus viviendas, algunas de las cuales ya presentan daños previos no reparados por las autoridades locales. La falta de transparencia en la gestión de los fondos destinados a la reparación de inmuebles afectados por eventos meteorológicos y sísmicos anteriores ha generado un clima de desconfianza generalizada hacia las instituciones responsables.
El municipio de Niceto Pérez, donde se localizó el epicentro, es una zona rural del departamento de Guantánamo con una población mayoritariamente dedicada a la agricultura. Los habitantes de esta área enfrentan condiciones de vida particularmente precarias, con acceso limitado a servicios básicos como agua potable, electricidad estable y atención médica. Un evento sísmico de mayor magnitud en esta zona tendría consecuencias devastadoras para una población que ya sobrevive en el límite de la subsistencia, agravada por la crisis económica que atraviesa el país.
Un panorama de vulnerabilidad sistemática
El sismo de magnitud 3,3 se produce en medio de una crisis estructural que afecta todos los ámbitos de la vida en Cuba. La combinación de un modelo económico fracasado, la falta de libertades, la represión social y el colapso de los servicios públicos ha creado un escenario en el que la población se encuentra en máxima vulnerabilidad frente a cualquier evento natural. La dictadura cubana, que mantiene el control absoluto sobre los recursos del país, ha demostrado reiteradamente su incapacidad para proteger a los ciudadanos ante emergencias, como se evidenció durante el paso del huracán Ian por la occidental provincia de Pinar del Río y, más recientemente, en las provincias centrales y orientales afectadas por eventos meteorológicos severos.
La comunidad internacional y las organizaciones de derechos humanos han señalado en múltiples ocasiones la responsabilidad del régimen de La Habana en el deterioro de las condiciones de vida de la población cubana. La falta de inversión en infraestructura, la ausencia de mecanismos de participación ciudadana en la planificación territorial y la criminalización de la crítica a la gestión gubernamental impiden cualquier avance significativo en materia de reducción de riesgos y protección civil. Mientras tanto, la población del oriente cubano continúa esperando que un sismo de gran magnitud no se convierta en la catástrofe humanitaria que todos los indicadores sugieren como inminente.
Aunque en esta ocasión el movimiento telúrico no causó daños, el evento debe interpretarse como un recordatorio de la vulnerabilidad estructural en la que vive la población del oriente cubano. Las autoridades de la isla tienen la obligación de implementar políticas serias de mitigación del riesgo sísmico, reforzamiento de infraestructuras críticas y educación de la población. Sin embargo, la experiencia de décadas indica que la prioridad del gobierno cubano no radica en la protección de sus ciudadanos, sino en el mantenimiento del control político a cualquier costo, incluso al precio de la vida y la seguridad de millones de personas que habitan en una de las zonas sísmicas más activas del Caribe.



