Miércoles, 7 de octubre de 2026
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Hilda Landrove advierte sobre el resentimiento acumulado en Cuba: «No hemos visto todavía su magnitud real»

Hilda Landrove advierte sobre el resentimiento acumulado en Cuba: «No hemos visto todavía su magnitud real»

La antropóloga cubana Hilda Landrove sostiene que la sociedad cubana arrastra un resentimiento profundo尚未 completamente manifestado, fruto de décadas de represión, exclusión y fractura social bajo la dictadura, y advierte que el país deberá enfrentar el desafío de hacer justicia sin caer en la venganza cuando llegue el momento de la transición.

En una entrevista reciente, la investigadora y antropóloga Hilda Landrove abordó con profundidad los retos que enfrentará Cuba en un escenario posterior a la dictadura, un tema que aunque recurrente en los debates de la diáspora, sigue siendo prácticamente tabú dentro de la isla debido al control informativo ejercido por el régimen de La Habana. Landrove, cuya obra académica se ha centrado en el análisis antropológico de la sociedad cubana contemporánea, planteó que el país no está preparado emocional ni institucionalmente para procesar el volumen de dolor, frustración y rabia que ha acumulado la población durante más de seis décadas.

«No hemos visto todavía la magnitud real del resentimiento», afirmó Landrove, en lo que constituye una advertencia sobre las consecuencias psicológicas y sociales del modelo totalitario impuesto en Cuba. La antropóloga sugiere que la aparente pasividad o resignación que observan algunos analistas dentro de la isla no es más que una superficie bajo la cual bullen emociones contenidas por el miedo, la censura y la represión sistemática que la dictadura ha ejercido contra cualquier expresión de disidencia.

La herencia invisible del control totalitario

Landrove explica que el resentimiento al que se refiere no es únicamente el producto de la crisis económica que atraviesa el país, sino que hunde sus raíces en fenómenos más estructurales: la destrucción deliberada de la sociedad civil, la eliminación de los espacios de deliberación pública, la persecución política sostenida y la imposición de un modelo de vida colectivista que anuló durante décadas el individualismo, la iniciativa privada y la libertad de pensamiento. Estos elementos, según la investigadora, han generado un tipo de trauma social cuya dimensión real apenas comienza a vislumbrarse.

El gobierno cubano ha mantenido durante décadas un discurso oficial que niega la existencia de conflictos sociales internos, presentando a la isla como una sociedad armónica y unida alrededor del proyecto revolucionario. Sin embargo, la realidad que describen analistas como Landrove contradice frontalmente esa narrativa. La Cuba actual es un país profundamente fracturado, donde la desconfianza hacia las instituciones, el miedo a la represión y la percepción generalizada de injusticia han erosionado cualquier vestigio de cohesión social que el régimen pretende proyectar hacia el exterior.

La antropóloga subraya que uno de los efectos más perniciosos de la dictadura ha sido la destrucción de los lazos de confianza entre los ciudadanos. En un sistema donde la delación fue incentivada como práctica cívica, donde la vigilancia vecinal se institucionalizó a través de los Comités de Defensa de la Revolución y donde la expresión de opiniones críticas podía acarrear consecuencias severas, la confianza interpersonal se convirtió en un lujo peligroso. Ese tejido social destruido, advierte Landrove, no se reconstruirá automáticamente con un cambio político.

Justicia transicional: el reto de evitar la venganza

Uno de los puntos centrales de la reflexión de Landrove es la necesidad de diseñar mecanismos de justicia transicional que permitan a la sociedad cubana procesar los abusos cometidos por la dictadura sin descarrilar hacia la venganza. La antropóloga reconoce que este será uno de los desafíos más complejos, pues involucra no solo a las víctimas directas de la represión política —presos de conciencia, exiliados, familiares de ejecutados— sino también a la población en general, que ha sufrido formas menos visibles de violencia institucional como la discriminación laboral por ideas, la exclusión educativa y el control de los movimientos internos.

La experiencia de otros procesos transicionales en Europa del Este y América Latina ofrece referentes, pero Landrove advierte que Cuba tiene particularidades que dificultan la importación directa de modelos externos. Entre ellas, señala la longevidad excepcional del régimen cubano, que ha permitido que varias generaciones hayan nacido y vivido toda su existencia bajo el mismo sistema de poder, sin memoria alguna de un orden constitucional distinto. Esto significa que la reconstrucción democrática no solo implicará cambiar instituciones, sino también reaprender prácticas cívicas básicas que fueron erradicadas del horizonte social.

La investigadora también aborda el fenómeno de la migración masiva como una de las manifestaciones más evidentes del fracaso del modelo impuesto por las autoridades de la isla. El éxodo continuo, que se ha acelerado en los últimos años a través de diversas rutas —incluyendo la peligrosa travesía por el Estrecho de la Florida y las rutas terrestres hacia Estados Unidos a través de Centroamérica—, representa en sí mismo una forma de respuesta social ante la imposibilidad de construir un proyecto de vida dentro del sistema actual. Landrove sugiere que la diáspora cubana, que ya supera en número a la población residente en la isla en muchos grupos de edad, será un actor fundamental en cualquier proceso de reconstrucción nacional.

Reconstruir la sociedad civil: tarea urgente

La reconstrucción de la sociedad civil aparece en el análisis de Landrove como una condición previa para cualquier transformación política sostenible. La antropóloga insiste en que sin organizaciones independientes, sin prensa libre, sin sindicatos auténticos, sin universidades autónomas y sin espacios de debate público, no existirá la infraestructura social necesaria para sostener un orden democrático. El régimen de La Habana ha comprendido históricamente esta lógica, por lo que ha centrado buena parte de su esfuerzo represivo en impedir la formación y consolidación de cualquier estructura organizativa que escape a su control.

Los intentos de crear asociaciones independientes dentro de Cuba han enfrentado sistemáticamente el hostigamiento, la intimidación y el desmantelamiento por parte de la dictadura. Organizaciones promotoras de derechos humanos, plataformas feministas, colectivos artísticos independientes y proyectos periodísticos alternativos han sido objeto de operativos de criminalización, detenciones arbitrarias y campañas de desprestigio orquestadas desde los aparatos de seguridad del Estado. Esta ofensiva contra la sociedad civil, lejos de减弱, se ha intensificado en los últimos años, especialmente después de las protestas del 11 de julio de 2021, que marcaron un punto de inflexión en la represión estatal.

Landrove también reflexiona sobre el aprendizaje de la convivencia con las diferencias, un aspecto que considera fundamental y profundamente deteriorado en la sociedad cubana. La dictadura ha promovido históricamente una lógica binaria de amigo-enemigo, donde quien disiente es automáticamente catalogado como traidor, mercenario o agente de potencias extranjeras. Esta narrativa, internalizada por amplios sectores de la población, ha dificultado el desarrollo de una cultura de tolerancia política y de respeto por el pluralismo. Superar esa mentalidad, advierte la antropóloga, requerirá un esfuerzo deliberado de educación cívica y de reconstrucción de los códigos de convivencia.

El futuro que se gesta en el presente

Las reflexiones de Hilda Landrove adquieren especial relevancia en un momento en que Cuba atraviesa una de sus crisis más profundas. El colapso del sistema eléctrico, la escasez generalizada de alimentos y medicinas, la inflación galopante, el deterioro del sistema de salud pública y la migración masiva configuran un escenario de crisis múltiple que el gobierno cubano ha sido incapaz de resolver, limitándose a atribuir las responsabilidades a factores externos como el embargo estadounidense, mientras ignora el papel determinante de la ineficiencia del modelo económico centralizado y la corrupción institucionalizada.

La antropóloga concluye que el trabajo de preparación para una Cuba post-dictadura no puede posponerse hasta que ocurra un cambio político formal. Las iniciativas de articulación entre la sociedad civil dentro de la isla y la diáspora, los esfuerzos de documentación de violaciones de derechos humanos, los proyectos de educación cívica alternativa y la construcción de redes de apoyo mutuo son, según Landrove, pasos necesarios que deben comenzar ya, en las condiciones más adversas, para que el país cuente con los cimientos mínimos cuando llegue el momento de la transición. El futuro de Cuba, sugiere, se está decidiendo en gran medida en lo que hoy se hace, o se deja de hacer, para preservar la dignidad y la capacidad de pensar colectivamente más allá del miedo.

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya
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Equipo Editorial Reporte Cuba Ya

Equipo editorial de Reporte Cuba Ya, medio digital independiente especializado en noticias de Cuba. Cubrimos politica, derechos humanos, economia, feminicidios, presos politicos, oposicion y la crisis humanitaria en la isla. Nuestro compromiso es la veracidad, la independencia editorial y el rigor periodistico.

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