Lunes, 14 de septiembre de 2026
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El rock que osó desafiar a la dictadura: el legado contestatario de \»Paisaje con Río\» en la Cuba de los noventa

El rock que osó desafiar a la dictadura: el legado contestatario de \»Paisaje con Río\» en la Cuba de los noventa

Fundada en 1989 por Ernesto Romero, la banda \»Paisaje con Río\» emergió como el fenómeno de pop-rock más resonante de la primera mitad de la década de 1990 en Cuba. Sin embargo, su negativa a someterse a los dictados ideológicos del régimen y su rechazo a actuar en eventos proselitistas precipitaron su caída y el posterior exilio de sus miembros. Desde Miami, Romero reconstruye la historia de un proyecto musical que intentó retratar la realidad de la isla con la misma universalidad que el pincel de Carlos Enríquez.

La génesis de \»Paisaje con Río\» se remonta a la Casa de la Cultura Municipal de Diez de Octubre, en el barrio habanero de La Víbora. Ante una audiencia que apenas superaba el centenar de personas, Ernesto Romero comenzó a cimentar un proyecto que tomó su nombre del célebre cuadro del pintor Carlos Enríquez. La intención del bajista y compositor, quien tenía formación en Letras, no era simplemente hacer música, sino lograr con sintetizadores, guitarras y textos poéticos lo que el artista plástico había conseguido con el óleo sobre tela: retratar un paisaje cubano pero con un trazo y un color abiertos al mundo, ajeno al aislamiento geográfico y cultural impuesto por el Estado.

Aunque sus primeras influencias bebían de las fuentes del rock anglosajón —The Beatles, Led Zeppelin, Deep Purple y Fleetwood Mac—, la banda supo amalgamar esa sonoridad con la tradición musical cubana, influenciada también por agrupaciones como Los Van Van. Una de las características distintivas del grupo fue la incorporación de voces femeninas, primero con Yadira López y Yamel Oms, y posteriormente con Osiris Pimentel. Romero ha explicado que esta decisión respondía a una búsqueda estética: el contraste entre la sugerente sensualidad de la voz femenina y la rudeza intrínseca del rock, una combinación que resultaba ajena a los cánones impuestos por la industria cultural oficialista.

En muy poco tiempo, la banda superó su estatus underground para convertirse en un fenómeno de masas. Sus conciertos en el Museo de Bellas Artes, el cine Yara y el anfiteatro Parque Lenin congregaban a multitudes que coreaban temas de tono contestatario como \»País de cristal\», \»Confesiones de jockey\» y \»A través del agua\». Paradójicamente, estas canciones lograron colarse en la radio nacional, incluso en el hit parade del programa Juventud 2000 de Radio Progreso, donde \»Confesiones de jockey\» alcanzó el primer lugar. Algunos directores de programas se atrevían a programarlas, quizás porque su sonoridad \»tropicalita\» disimulaba la crítica subyacente, aunque otras piezas fueron sistemáticamente censuradas.

\"Paisaje

Paisaje con Rio [confeciones de jockey]

El choque con el aparato ideológico y la censura

El éxito de \»Paisaje con Río\» no los blindó contra el aparato represivo y de control ideológico del Estado. La esencia del grupo chocaba frontalmente con la exigencia de sumisión que la dictadura cubana impone a sus artistas. El punto de inflexión, según relata Romero, fue la negativa de la banda a participar en un concierto en la Plaza de la Revolución, el cual estaría precedido por un discurso del entonces gobernante Fidel Castro. Esta decisión de no entrar \»por el aro\» significó, en palabras del propio fundador, el boleto directo al \»corredor de la muerte\» del entorno cultural isleño.

Ser enviado a ese \»corredor de la muerte\» implicaba el silencio mediático, el veto a las giras internacionales y el asfixiamento logístico. La situación se vio agravada por la profunda crisis económica que atravesaba la isla, conocida como Período Especial. En 1994, la banda logró grabar su único disco con el sello Art Color Bis Music, pero la miseria material era tan extrema que la disquera, alegando falta de fondos, pagó los adelantos de regalías entregándoles un sintetizador Yamaha SY77. Fue gracias a ese instrumento, que Ernesto Cisneros programó en su totalidad, que el disco pudo materializarse. La tirada fue mínima y la factura técnica distante de la perfección, pero el objetivo de dejar constancia de su existencia se cumplió en un entorno donde el régimen buscaba borrar cualquier expresión artística no alineada.

Conscientes de su condena artística y política, los miembros de la banda cifraron sus esperanzas en una gira internacional que debía suceder a una gira nacional realizada junto al dúo catalán Future Legend. Sin embargo, el permiso y la logística para salir de la isla se malograron por la interferencia de las autoridades culturales. La moral del grupo se desplomó y, a finales de 1996, \»Paisaje con Río\» se disolvió. Poco después, Ernesto Romero, la cantante Osiris Pimentel y el baterista Karel tomaron la decisión de exiliarse en España, sumándose a la hemorragia de talentos que el gobierno cubano se negaba a reconocer.

Contexto sistemico: El control cultural como herramienta de represión

La historia de \»Paisaje con Río\» no es un caso aislado, sino el reflejo de una crisis estructural que ha definido la política cultural del régimen de La Habana desde sus inicios. Durante la década de 1990, mientras la población se hundía en la miseria material y el desabastecimiento extremo, el ejecutivo cubano utilizó la cultura como una herramienta de propaganda y control social. La apertura turística y el uso del dólar no vinieron acompañados de una apertura democrática; al contrario, cualquier expresión de disidencia o simple independencia artística era tratada como una amenaza a la seguridad del Estado.

El rock y el pop, históricamente etiquetados por las autoridades de la isla como \»desviaciones ideológicas\», tuvieron que luchar contra un sistema burocrático diseñado para homogenizar el discurso. Las instituciones culturales, controladas por el aparato del Partido Comunista, funcionaban como filtros que premiaban la lealtad política sobre el talento. La negativa a participar en actos proselitistas, como el denunciado por Romero, era un pecado capital en un sistema donde el artista es concebido como un funcionario al servicio de la causa revolucionaria, no como un individuo libre de crear y criticar.

Esta dinámica de censura y exilio forzado continúa siendo una constante en la Cuba contemporánea. La represión contra el arte independiente se ha institucionalizado aún más con normativas como el Decreto 349, que otorga al Estado el poder de vetar cualquier manifestación cultural no autorizada previamente. El exilio de músicos, escritores y cineastas es la consecuencia directa de un modelo fracasado que ahoga la creatividad y persigue la divergencia, demostrando que la falta de libertades públicas es el principal obstáculo para el desarrollo nacional.

El legado desde el exilio y la continuidad creativa

Tras la disolución de la banda, Ernesto Romero, de 70 años y residente actualmente en Miami, no ha abandonado la creación musical, aunque lo hace de manera esporádica. Una década después de la ruptura de \»Paisaje con Río\», Romero y Luis Pastor Pino, otro de los miembros fundadores, dieron vida a \»Jotavich\», un proyecto a cuatro manos que incluyó la autoproducción del disco \»Hombres de papel\», a instancias de la Sociedad General de Autores de España (SGAE). Sin embargo, la diáspora impuesta por el régimen ha dificultado la continuidad de este proyecto, al estar Romero en el exterior y Pino dentro de la isla.

A pesar de la separación geográfica y del asedio institucional, la música de Romero sigue encontrando resquicios para llegar a los cubanos. El músico asegura tener grabaciones de nuevas ideas y temas terminados que integrarían un eventual \»Jotavich II\», material que ya ha comenzado a sonar en la isla a través del programa radial Disco Ciudad, como un aperitivo de una obra que se mantiene \»hibernando\» a la espera de poder concretarse.

El recorrido de \»Paisaje con Río\» deja como saldo un testimonio innegable de resistencia cultural en uno de los periodos más oscuros de la historia reciente de Cuba. Su capacidad de articular el descontento social y la angustia existencial de una generación a través del rock, enfrentando la censura y la miseria impuesta por la dictadura, constituye un legado que trasciende la nostalgia. Mientras el gobierno cubano siga privilegiando el control ideológico sobre el desarrollo libre de la sociedad, historias como la de Romero y su banda seguirán repitiéndose, confirmando que el exilio es, a menudo, la única salida para el arte que se atreve a nombrar lo que el poder se empeña en ocultar.

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya
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