La Unión Eléctrica de Cuba (UNE) reportó un déficit cercano a los 2.000 megavatios (MW), lo que provocará cortes de energía que afectarán a más del 63% del territorio nacional. El colapso del Sistema Eléctrico Nacional se profundiza por el deterioro de las infraestructuras y la falta de combustible, evidenciando la incapacidad del régimen de La Habana para garantizar servicios básicos a la población.
Según el parte diario emitido por las autoridades de la isla, nueve de las 16 unidades termoeléctricas del país se encuentran fuera de servicio debido a averías y mantenimientos programados. Para el horario pico, la disponibilidad se estima en apenas 1.145 MW frente a una demanda máxima proyectada de 3.050 MW. Este desequilibrio estructural obliga a desconectar amplias zonas del país, dejando a los ciudadanos a merced de un sistema que opera al límite de su capacidad y con márgenes cada vez más estrechos para responder a la demanda.
Entre las principales averías reportadas figuran las unidades 6 de la CTE Mariel, 2 de la CTE Santa Cruz, la CTE Antonio Guiteras y la 2 de la CTE Felton. Aunque el gobierno cubano ha intentado mitigar la crisis con la reciente incorporación de parques solares, su contribución resulta insuficiente. La generación solar se concentra en el horario diurno y no logra compensar la pérdida de capacidad de las centrales termoeléctricas ni cubrir los picos de consumo nocturnos, momento en el que se producen las desconexiones más severas.
Impacto social y descontento popular
La crisis energética no es un evento aislado, sino el síntoma más visible del colapso estructural que atraviesa la isla. La ineficiencia en la gestión, la falta de inversión histórica y la dependencia de combustibles importados bajo la estricta administración estatal han llevado al sector a un punto de quiebre. Los ciudadanos, enfrentando además la inflación galopante, el desabastecimiento de alimentos y el deterioro del sistema de salud, han recurrido a cacerolazos y protestas espontáneas en distintos barrios durante los últimos meses. Las redes sociales reflejan este rechazo creciente, donde internautas califican la situación como el resultado de la ineptitud gubernamental, desmintiendo la narrativa oficial que culpa exclusivamente al embargo estadounidense.
La persistencia de estos apagones masivos amenaza con desencadenar una nueva ola de protestas, poniendo a prueba la capacidad represiva de la dictadura cubana para contener el malestar social. Mientras el éxodo migratorio continúa siendo la principal válvula de escape ante la precariedad, la comunidad internacional observa cómo la falta de libertades y la mala gestión económica empujan al país hacia un escenario de creciente inestabilidad política, sin que el ejecutivo cubano ofrezca soluciones reales a corto o mediano plazo.