Lunes, 28 de septiembre de 2026
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Ángel Santiesteban resulta electo Soberano Gran Comendador de la masonería cubana

Ángel Santiesteban resulta electo Soberano Gran Comendador de la masonería cubana

El escritor y disidente cubano Ángel Santiesteban fue electo este sábado como Soberano Gran Comendador del Supremo Consejo del Grado 33 de la masonería cubana, durante una sesión extraordinaria celebrada en la sede de la institución en La Habana. Su elección representa un hito simbólico para la institución masónica en la isla y adquiere una relevancia particular dada la trayectoria de persecución política sufrida por Santiesteban a manos del régimen.

La elección tuvo lugar durante una sesión extraordinaria del Supremo Consejo, órgano rector de la masonería del Rito Escocés Antiguo y Aceptado en Cuba. La sede institucional en La Habana reunió a los miembros del cuerpo soberano para llevar a cabo el proceso de elección que colocó a Santiesteban al frente de una de las organizaciones de la sociedad civil con mayor arraigo histórico en la isla. La masonería cubana, con más de un siglo y medio de existencia, ha sido históricamente un espacio de pensamiento libre, filantropía y debate intelectual en un país donde la autonomía organizativa ha sido sistemáticamente recortada por el poder.

Ángel Santiesteban-Prats no es un personaje desconocido para la opinión pública cubana ni para los organismos de represión del Estado. Escritor de reconocido prestigio literario, ganador del Premio Casa de las Américas en 2006 por su libro de cuentos «El niño que quería ser Superman», Santiesteban transitó de la creación literaria al activismo político mediante su blog «Hijo de la maldad» y posteriormente «Sin Evasión», espacios desde los que ejerció una crítica feroz y directa contra la dictadura cubana, sus mecanismos de control social y la hipocresía del discurso oficial.

La respuesta del gobierno cubano ante la disidencia de Santiesteban fue inmediata y contundente. En 2013, tras un proceso judicial ampliamente cuestionado por organismos internacionales de derechos humanos, fue condenado a cinco años de privación de libertad bajo acusaciones que numerosos observadores calificaron de montaje político con fines de silenciamiento. Su encarcelamiento fue señalado por Amnistía Internacional y otras organizaciones como un caso de persecución política encubierta bajo figuras delictivas comunes, una práctica recurrente de la dictadura para criminalizar la disidencia.

Durante su reclusión, Santiesteban fue sometido a condiciones carcelarias severas, incluyendo traslados frecuentes entre instalaciones penitenciarias de máxima seguridad, aislamiento y presuntos malos tratos. Estas circunstancias fueron denunciadas reiteradamente por la oposición cubana en el exilio y por organizaciones de defensa de los derechos humanos, que documentaron lo que consideraron un patrón de castigo sistemático contra un intelectual cuyo único delito fue ejercer su derecho a la libre expresión. Tras cumplir una parte significativa de su condena y gracias a la presión internacional, obtuvo la libertad condicional, aunque bajo un régimen de vigilancia y restricciones que evidenciaban la continuidad del hostigamiento estatal.

Una institución con historia bajo presión

La masonería cubana ha mantenido una compleja relación de coexistencia con el régimen de La Habana desde 1959. A diferencia de otras organizaciones de la sociedad civil que fueron desmanteladas o absorbidas por el aparato estatal tras el triunfo de la revolución, la masonería logró preservar un grado de autonomía institucional, aunque siempre bajo la atenta mirada de los órganos de control político. Esta singularidad la ha convertido en uno de los pocos espacios donde el pensamiento crítico y la reflexión filosófica han podido sostenerse, siquiera de manera limitada, dentro del estricto marco de control que ejercen las autoridades de la isla.

La elección de Santiesteban como Soberano Gran Comendador adquiere, en este contexto, una dimensión que trasciende lo meramente institucional. Su figura representa la intersección entre la tradición masónica de pensamiento libre y la lucha cívica contra la represión política. Que un disidente reconocido y un escritor perseguido por la dictadura asuma el liderazgo de una organización histórica como el Supremo Consejo envía un mensaje inequívoco en un momento en que Cuba atraviesa una de las crisis más profundas de su historia contemporánea.

La isla se encuentra sumida en una crisis estructural multidimensional que afecta todas las esferas de la vida cotidiana. El colapso del sistema eléctrico, la escasez crónica de alimentos y medicinas, la devaluación de la moneda, la inflación galopante y la migración masiva han configurado un escenario de deterioro sin precedentes. A esta crisis material se suma una crisis de legitimidad política agudizada por las protestas del 11 de julio de 2021, la represión subsiguiente y la incapacidad del gobierno cubano para articular respuestas efectivas que no pasen por el incremento del control policial y la censura.

El simbolismo de la elección en el contexto actual

En este panorama, la elección de Santiesteban puede leerse como un acto de resistencia institucional por parte de un sector de la sociedad civil que,尽管 las limitaciones impuestas por el régimen, busca preservar espacios de autonomía y pensamiento crítico. La masonería, con su tradición de defensa de la libertad, la igualdad y la fraternidad, ha sido históricamente un refugio del pensamiento ilustrado en Cuba, contando entre sus filas a figuras destacadas de la independencia y la cultura nacional.

Sin embargo, el desafío que enfrenta Santiesteban al frente del Supremo Consejo es considerable. La dictadura cubana ha demostrado reiteradamente su intolerancia hacia cualquier forma de organización independiente que escape a su control. Los espacios de la sociedad civil en la isla operan bajo una presión constante que incluye vigilancia, infiltración, intimidación y, en los casos considerados más amenazantes, acciones judiciales arbitrarias. La capacidad de la masonería para sostener su autonomía bajo un liderazgo que encarna la disidencia abierta será puesta a prueba en los próximos meses.

La comunidad internacional y las organizaciones de derechos humanos deberán prestar atención al desarrollo de esta nueva etapa de la masonería cubana. La elección de un disidente con historial de persecución política como Soberano Gran Comendador representa un acto de valentía institucional que merece respaldo y visibilidad. Cualquier intento de represalia, hostigamiento o interferencia por parte del gobierno cubano contra la institución o contra Santiesteban en su nuevo rol debe ser objeto de condena y seguimiento por parte de los actores democráticos del mundo. La masonería cubana, como espacio de la sociedad civil independiente, forma parte del entramado de resistencias que, desde la isla, trabajan por la recuperación de las libertades y la reconstrucción del tejido cívico que la dictadura ha devastado durante más de seis décadas.

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya
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