La dictadura cubana mobilizó a grupos de personas para gritar consignas contra el encargado de negocios de Estados Unidos en La Habana, Mike Hammer, y la periodista Anna Bensi, en un nuevo capítulo del programa propagandístico «Las Razones de Cuba», mientras agentes de la Seguridad del Estado grababan la escena para su explotación mediática.
El régimen de La Habana recurrió una vez más a su maquinaria de desinformación para montar un espectáculo de repudio contra figuras diplomáticas y periodísticas que han cuestionado la situación de derechos humanos en la isla. El programa «Las Razones de Cuba», vehículo recurrente de la propaganda oficial, exhibió imágenes de un acto preparado donde personas supuestamente espontáneas gritaban consignas contra Hammer y Bensi, en lo que constituye una clara operación de inteligencia diseñada para desacreditar a voces críticas.
Mike Hammer, encargado de negocios de la embajada de Estados Unidos en Cuba, ha sido objeto de constante hostigamiento por parte de las autoridades de la isla debido a sus reuniones con sectores de la sociedad civil, activistas y opositores. Su labor diplomática, centrada en el seguimiento de la situación de derechos humanos y el apoyo a la libre expresión, ha generado una respuesta sistemática de persecución y difamación por parte del aparato estatal cubano.
Anna Bensi, periodista cuya cobertura ha incomodado al régimen por su carácter independiente y su denuncia de las violaciones a las libertades fundamentales, fue incluida en el montaje propagandístico como parte de una estrategia para señalarla como agente de injerencia extranjera. La táctica de asociar a periodistas y diplomáticos con supuestas conspiraciones contra la soberanía nacional es un recurso habitual de la dictadura para justificar su represión.
El montaje como herramienta de represión
Testimonios recogidos por medios independientes confirman que el acto de repudio fue cuidadosamente orquestado por la Seguridad del Estado. Agentes del órgano represivo se encargaron de movilizar a personas, en muchos casos funcionarios estatales y miembros de organizaciones de masa, para que participaran en la escena gritando consignas previamente ensayadas. La presencia de cámaras y equipos de grabación del propio régimen evidencia que el objetivo no era la expresión genuina de descontento popular, sino la fabricación de material para su difusión propagandística.
Este tipo de montajes, conocidos en Cuba como «actos de repudio», han sido una herramienta de intimidación y humillación pública utilizada por la dictadura desde las primeras décadas del régimen. Originalmente dirigidos contra ciudadanos que intentaban emigrar, estos eventos evolucionaron hasta convertirse en un instrumento de hostigamiento contra opositores políticos, periodistas independientes, diplomáticos y cualquier figura que represente un desafío para el monopolio del poder ejercido por el Partido Comunista de Cuba.
La utilización de «Las Razones de Cuba» como plataforma para exhibir este tipo de contenido revela la profundidad del aparato propagandístico del Estado. El programa, que se transmite por la televisión nacional, ha servido históricamente para construir narrativas de enemistad contra Estados Unidos, Israel y cualquier actor internacional que cuestione la gestión del régimen. En esta ocasión, la inclusión de Hammer y Bensi responde a una escalada en la estrategia de señalamiento público que precede, en numerosos casos, a medidas más severas de persecución política.
El contexto de crisis y censura
El montaje contra el diplomático estadounidense y la periodista se produce en un contexto de profunda crisis estructural que atraviesa la isla. El colapso del sistema eléctrico, la escasez generalizada de alimentos y medicinas, la inflación galopante y la masiva emigración han generado un nivel de descontento social sin precedentes. Ante la incapacidad de ofrecer respuestas efectivas a la crisis, el gobierno cubano ha intensificado su retórica antiimperialista y su política de señalamiento de enemigos externos como mecanismo para desviar la atención de los fracasos internos.
La represión ha aumentado de forma sostenida desde las protestas del 11 de julio de 2021, cuando miles de cubanos salieron a las calles en todo el país para exigir libertad y mejoras en sus condiciones de vida. La respuesta de la dictadura fue la encarcelación de cientos de manifestantes, muchos de ellos condenados a penas desproporcionadas en juicios sin garantías procesales. Desde entonces, el aparato de seguridad ha incrementado el control sobre la sociedad civil, criminalizando la disidencia y bloqueando el acceso a información independiente.
El hostigamiento a diplomáticos acreditados en La Habana viola los principios de la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas, que establece la obligación del Estado receptor de proteger las misiones diplomáticas y facilitar sus funciones. Sin embargo, el régimen cubano ha convertido el acoso a representantes extranjeros en una práctica recurrente, especialmente hacia aquellos que mantienen contacto con la oposición o que documentan la situación de derechos humanos en la isla.
Implicaciones y respuestas
La escalada contra Mike Hammer podría tener repercusiones en la ya tensa relación entre Washington y La Habana. El gobierno de Estados Unidos ha mantenido una postura de denuncia frente a las violaciones de derechos humanos en Cuba, y el hostigamiento a su personal diplomático podría traducirse en medidas recíprocas o en un endurecimiento de la política hacia el régimen. Organizaciones internacionales de defensa de la libertad de prensa han alertado también sobre el peligro que representa para los periodistas el ser señalados en programas de televisión estatal, lo que en la práctica equivale a una amenaza directa.
El uso de la televisión nacional para exponer y estigmatizar a individuos constituye una forma de violencia simbólica que la dictadura emplea para aislar socialmente a sus críticos y justificar acciones posteriores contra ellos. En el caso de Anna Bensi, su aparición en «Las Razones de Cuba» la coloca en una posición de vulnerabilidad, dado que el régimen tiene un historial documentado de utilizar este tipo de exposiciones mediáticas como preludio de detenciones, amenazas o procesos judiciales arbitrarios.
La comunidad internacional y las organizaciones de derechos humanos han llamado la atención sobre la necesidad de monitorear de cerca la situación en Cuba, donde el cierre del espacio cívico y la criminalización de la prensa independiente continúan agravándose. El montaje propagandístico contra Hammer y Bensi no es un hecho aislado, sino la expresión de una política sistemática de control social y represión que define la naturaleza del régimen. Mientras la crisis se profundiza y el descontento crece, la dictadura cubana apuesta por la fabricación de enemigos externos como única respuesta a un país que se desmorona bajo el peso de décadas de autoritarismo e ineficiencia.



