Yasiel Amador López, un joven de 30 años residente en el municipio de Guanajay, provincia de Artemisa, permanece desaparecido desde el pasado 24 de mayo. Ante la nula respuesta de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) y la inexistencia de protocolos estatales para la búsqueda de personas, su familia ha visto obligada a recurrir a la presión pública para encontrar su paradero, en medio de una creciente crisis de inseguridad que azota a la isla.
La denuncia fue formulada por su hermana, Yanet Amador López, quien detalló que el joven salió de su hogar para dirigirse a su lugar de trabajo y nunca regresó. Al momento de su desaparición, Yasiel vestía un pantalón de mezclilla negro, zapatillas rojas, un pulóver gris, así como una gorra y una mochila negras. Desde ese mismo día, su teléfono celular se encuentra apagado, lo que ha impedido cualquier intento de localización por vía telefónica por parte de sus allegados y profundiza la zozobra familiar.
De acuerdo con la información aportada por los familiares, hubo un último avistamiento del joven dos días después de su desaparición inicial, el 26 de mayo. Yasiel fue visto en la zona comprendida entre Cuatro Caminos, en Guanajay, y la finca El Americano, dentro del mismo municipio artemiseño. Un factor agravante en este caso es la condición de salud del joven, quien padece de esquizofrenia. Aunque su familia ha enfatizado que «no es agresivo», reconocen que en ocasiones sufre de episodios de «desorientación», lo que aumenta dramáticamente la vulnerabilidad de su situación en un entorno rural y de difícil acceso.
La frustración de la familia ha alcanzado límites insostenibles debido a la inoperancia institucional. Han transcurrido más de 18 días desde que se formalizó la denuncia y el silencio oficial es absoluto. «Nadie ha podido llamar a la Policía tan siquiera. De la PNR no hemos recibido ni una sola respuesta, aún después de 18 días desaparecido», denunció Yanet Amador López. Esta inacción refleja un patrón sistemático del gobierno cubano frente a la desaparición de ciudadanos, donde la burocracia y la desidia sustituyen a la labor investigativa y protectora.
Ante la pared de silencio erigida por las autoridades de la isla, la familia se encuentra «desesperadamente» buscando ayuda ciudadana. Cualquier persona que tenga información sobre el paradero de Yasiel Amador López puede comunicarse al teléfono 53391963, correspondiente a su hermana Yanet, o al número 59305988, perteneciente a su madre, Manda López. La total dependencia de la solidaridad privada subraya el abandono estatal en situaciones que pueden ser de vida o muerte.
La inexistencia de protocolos de búsqueda y la respuesta de la sociedad civil
El caso de Yasiel Amador López no es un suceso aislado, sino el síntoma de una crisis de seguridad pública más profunda y preocupante. El Estado cubano no implementa ningún mecanismo oficial para visibilizar los casos de personas desaparecidas. A diferencia de naciones con sistemas de protección civil funcionales, en Cuba no existe un equivalente a la alerta Amber, ni siquiera cuando se trata de menores de edad. Esta omisión deliberada deja a las familias en un estado de indefensión total, obligándolas a depender del boca a boca, de mensajerías instantáneas o de la gestión independiente en redes sociales.
Frente a esta negligencia estructural, la sociedad civil ha tenido que organizarse para suplir las funciones básicas que el Estado ha abandonado. La plataforma feminista YoSíTeCreo en Cuba, ante el incremento de reportes de desapariciones y la creciente sensación de inseguridad, ha establecido una serie de pautas para la activación de alertas. Esta organización, junto a otros activistas en la isla, ha creado dos alertas ciudadanas: la Alerta Yeniset, destinada a la desaparición de mujeres, y la Alerta Mayde, enfocada en niños. Estas iniciativas recomiendan a los familiares rellenar fichas estandarizadas que facilitan la búsqueda y ejercen presión sobre las autoridades, evidenciando cómo el régimen de La Habana ha cedido sus responsabilidades más elementales a una ciudadanía carente de recursos.
Contexto: Inseguridad, colapso institucional y vulnerabilidad en Cuba
La desaparición de Yasiel ocurre en un contexto de deterioro agudo del tejido social y económico en Cuba. La hiperinflación, el desabastecimiento crónico de alimentos y medicinas, y el colapso del sistema de salud han generado un caldo de cultivo para la inseguridad ciudadana. Los reportes de personas extraviadas, tanto por causas de salud mental como por presuntos hechos delictivos, han escalado de manera alarmante en los últimos años. Sin embargo, la respuesta del ejecutivo cubano ha sido caracterizada por la inoperancia, priorizando el control político sobre la seguridad y el bienestar de la población.
En este escenario, la dictadura cubana destina la mayor parte de sus recursos coercitivos a la vigilancia, persecución y represión de la disidencia política, activistas y periodistas independientes, en lugar de fortalecer las capacidades investigativas de la policía común. Mientras los cuerpos de seguridad se dedican a acorralar a ciudadanos pacíficos o a reprimir protestas, casos como el de Yasiel Amador López languidecen en expedientes olvidados. Además, la falta de medicamentos psiquiátricos en las farmacias del país agrava aún más la situación de pacientes con condiciones como la esquizofrenia, exponiéndolos a riesgos extremos sin una red de apoyo estatal funcional.
Antecedentes de ineficacia estatal
Históricamente, las autoridades de la isla han mantenido una política de opacidad respecto a las cifras de criminalidad y desapariciones. La ausencia de estadísticas oficiales públicas impide dimensionar con exactitud la magnitud del problema. En años recientes, diversos casos de jóvenes desaparecidos que terminaron en tragedia han salido a la luz pública gracias únicamente a la presión ejercida en redes sociales por ciudadanos comunes, demostrando que el sistema de justicia penal cubano opera bajo un manto de impunidad y falta de transparencia que afecta directamente a las familias de escasos recursos, quienes no tienen acceso a canales de denuncia efectivos.
El silencio que rodea el paradero de Yasiel Amador López representa una condena para su familia y un reflejo del abandono al que está sometida la ciudadanía cubana. Mientras el gobierno cubano mantenga su política de desentendimiento ante las crisis sociales reales, la incertidumbre y el dolor seguirán siendo la norma para cientos de hogares. La comunidad internacional y las organizaciones de derechos humanos deben prestar atención a estos casos, que evidencian cómo la violación sistemática de los derechos fundamentales en Cuba incluye también el derecho a la protección y a la seguridad física, obligando a una sociedad civil asediada a construir sus propias redes de supervivencia frente a un Estado fallido.

