La intérprete catalana regresará a la isla el 22 de agosto para presentarse en la Iglesia San Francisco El Nuevo, en un formato íntimo sin electricidad iluminado con velas, una decisión que refleja tanto una propuesta artística como la realidad de los apagones crónicos que padece el país.
La cantante española Silvia Pérez Cruz volverá a Cuba para ofrecer un concierto en La Habana el 22 de agosto, acompañada por tres músicos a quienes considera parte de su familia artística. La presentación, de entrada gratuita, tendrá como escenario la Iglesia San Francisco El Nuevo, un espacio que la artista eligió por sus condiciones acústicas y, según explicó, por la posibilidad de realizar un concierto que no dependa del suministro eléctrico.
La velada estará concebida como un encuentro íntimo, iluminado por velas y centrado en la fuerza de la música en directo. El anuncio de la artista en sus redes sociales estuvo acompañado por una interpretación de ‘\»La tarde’\», del trovador cubano Sindo Garay, una canción estrechamente vinculada a la historia familiar de Pérez Cruz. Su padre se la enseñó cuando tenía cuatro años, tras regresar de uno de sus viajes a Cuba, donde trabajó durante años en la creación y organización de un archivo de canciones perdidas.
Un vínculo familiar con la memoria musical cubana
Después de la muerte de su padre, en 2010, la artista grabó el tema junto al pianista Javier Colina para el disco ‘\»En la imaginación’\», un álbum dedicado al filin cubano y titulado a partir de una composición de la reconocida autora Marta Valdés. Este vínculo personal confiere al concierto una dimensión que trasciende lo estrictamente musical: es también un homenaje a la labor de rescate del patrimonio sonoro cubano, una tarea que históricamente ha recaído más en iniciativas individuales que en políticas culturales del régimen de La Habana.
La elección de un formato acústico sin dependencia eléctrica resulta significativa en el contexto actual de la isla. Cuba atraviesa una crisis energética profunda, con apagones prolongados que afectan a la población diariamente y que han devenido uno de los principales focos de descontento social. Mientras las autoridades de la isla atribuyen los cortes a la obsolescencia de las termoeléctricas y a la falta de combustible, la ciudadanía enfrenta jornadas sin luz que pueden superar las diez horas, impactando gravemente la conservación de alimentos, el acceso al agua y la vida cotidiana.
La cultura entre el apagón y la represión
El hecho de que un concierto internacional deba diseñarse prescindiendo de la electricidad ilustra, sin necesidad de declaraciones explícitas, el grado de deterioro de la infraestructura básica en Cuba. En un país donde el colapso de los servicios públicos es la norma, incluso los eventos culturales de perfil internacional se ven obligados a adaptarse a la precariedad.
La dictadura cubana ha mantenido un control estricto sobre la programación cultural, condicionando los espacios artísticos a la oficialidad y limitando la libertad de expresión de los creadores. En este panorama, iniciativas como la de Pérez Cruz —que circulan al margen de los circuitos institucionales— adquieren un valor particular, aunque operen dentro de los márgenes de tolerancia que el sistema permite.
De cara al futuro, la continuidad de la crisis energética augura que más eventos culturales en la isla tendrán que adaptarse a la precariedad o depender de iniciativas extranjeras para poder realizarse. El deterioro de la infraestructura, lejos de revertirse, se profundiza, y con él se erosiona también el tejido cultural que sobrevive entre los apagones y la censura.