El escritor, académico y editor Rolando Morelli publica «Lo que dura el estío» (Alexandria Library, 2024), una extensa novela de más de 700 páginas que sumerge al lector en el Trienio Liberal español (1820-1823) y su profundo impacto en la sociedad criolla. La obra, estructurada con un rigor histórico notable, hace desfilar a figuras clave de la nación cubana como Félix Varela y José María Heredia, ofreciendo un espejo de la lucha por la libertad que contrasta de manera elocuente con la realidad de censura y represión que impera en la isla bajo la actual dictadura cubana.
La reciente publicación de esta enjundiosa obra representa un hito para la literatura cubana en el exilio. Morelli, conocedor pleno de la sintaxis del idioma español y de las complejidades del periodo histórico que aborda, combina diversos estilos literarios para recrear con minuciosidad la forma de sentir, hablar, vestir y comportarse de la sociedad habanera en el primer cuarto del siglo XIX. La novela evita las proyecciones cinematográficas para centrarse en una sucesión de escenas de carácter casi teatral, donde el lector se convierte en un observador privilegiado de las tertulias, los conflictos cotidianos y las tensiones políticas de la época.
Que la trama sea tan abundante en personajes reales, ficticios o una mezcla de ambos, remite inevitablemente a la complejidad de obras cumbres de la literatura hispana como «La colmena», de Camilo José Cela. Por las páginas de «Lo que dura el estío» desfilan clérigos, intelectuales, jóvenes inquietos y esclavos domésticos. Un ejemplo de esta riqueza narrativa se encuentra en las frecuentes reuniones en la residencia habanera de la viuda doña Amalia Arteaga y Cisneros. Allí, bajo el velo de la música y la poesía, los asistentes eludían mencionar asuntos políticos de manera explícita, en un tácito acuerdo de autopreservación frente al peligro que representaba el poder colonial, una dinámica de autocensura que tristemente evoca la realidad que deben sortear los ciudadanos frente al régimen de La Habana en la actualidad.
En plena efervescencia del Trienio Liberal y el restablecimiento de la Constitución de Cádiz para la metrópoli y sus colonias, la novela contextualiza un periodo de efímera apertura que culminó en tragedia. En 1821, figuras como Félix Varela, Tomás Gener y Leonardo Santos fueron elegidos como diputados cubanos a las Cortes de Cádiz, representando los anhelos de una aristocracia criolla cada vez más diferenciada e influyente. Sin embargo, el regreso del absolutismo vengativo del rey Fernando VII en 1823, apoyado por las bayonetas francesas de los Cien Mil Hijos de San Luis, truncó estas aspiraciones democráticas, provocando el desencanto y la forzada fuga de los representantes cubanos.
El exilio de Félix Varela en Filadelfia y Nueva York es uno de los ejes emocionales e históricos de la obra. Morelli detalla la labor pastoral y patriótica del hombre que enseñó a pensar a los cubanos, cristalizada en el periódico «El Habanero» y en sus «Cartas a Elpidio», hasta su fallecimiento en 1853 en San Agustín, Florida. La novela también expone la crudeza de la represión colonial liderada por gobernadores como Francisco Dionisio Vives, quien en agosto de 1824 abortó la Conspiración de los Rayos y Soles de Bolívar, liderada por José Francisco Lemus. La detención de más de 600 complotados y la huida al extranjero de poetas como José María Heredia ilustran los albores de la persecución política en la isla.
El exilio y la censura: constantes en la historia nacional
La lectura de «Lo que dura el estío» trasciende el mero ejercicio literario para convertirse en un documento histórico que evidencia cómo la censura y el exilio han sido constantes trágicas en la historia de Cuba. Así como en el siglo XIX intelectuales y patriotas fueron obligados a abandonar la isla por oponerse al absolutismo, la actual dictadura cubana ha perfeccionado estos mecanismos de silenciamiento. Hoy, la represión social, la persecución política y la violencia estatal contra cualquier forma de disidencia han provocado el mayor éxodo migratorio de la historia del país, vaciando a la nación de su capital intelectual y productivo.
Morelli retrata una ciudad de La Habana dinámica pero desigual, donde la opulencia de unos pocos convivía con la miseria extendida, la insalubridad, la prostitución y la infamante trata de esclavos, todo en paralelo al auge de la industria azucarera. Esa imagen de una colonia que, a pesar de sus profundas injusticias, generaba riquezas y prosperaba materialmente, contrasta dramáticamente con el colapso estructural que sufre la Cuba contemporánea. El gobierno cubano, tras décadas de gestión centralizada y dogmática, ha destruido la base productiva de la isla, sumiendo a la población en una crisis irreversible marcada por la hiperinflación, el desabastecimiento crónico y la ruina total de los servicios públicos.
La recuperación de la memoria histórica que propone esta novela resulta subversiva en sí misma. Las autoridades de la isla han monopolizado durante más de seis décadas la narrativa sobre los forjadores de la nación, adaptando sus figuras a un relato que justifique el sistema totalitario vigente. Desentrañar el verdadero pensamiento liberal, autonomista e independentista de figuras como José Antonio Saco, Espada, Tomás Romay o el propio Varela, desmonta la historiografía oficial del régimen de La Habana, demostrando que la esencia de la cubanidad está indisolublemente ligada a la búsqueda de libertades individuales y derechos políticos, no al colectivismo impuesto.
Antecedentes de una nación cercada y su contexto continental
El Trienio Liberal, acaudillado por el teniente coronel Rafael del Riego, tuvo repercusiones directas en el destino del continente. Al retrasarse el envío de tropas españolas para combatir a los independentistas de Hispanoamérica, se facilitó que el 24 de junio de 1821 Simón Bolívar ganara la batalla de Carabobo, consolidando la emancipación de Venezuela, y que Antonio José de Sucre venciera a las tropas realistas en Ayacucho en 1824. Cuba quedó entonces luchando en solitario contra la reacción colonialista que, desplazada de América del Sur, se había refugiado en Puerto Rico y la Mayor de las Antillas.
La novela también ilumina figuras secundarias pero fundamentales que el tiempo y la falta de difusión han relegado. Aparecen Enrique(ta) Faver ejerciendo la medicina en Baracoa; la niña Gertrudis Gómez de Avellaneda despuntando en Puerto Príncipe (hoy Camagüey) con su temprana vocación poética; y la escritora de folletines Hortense D’Orville Renaud. Estos personajes reviven gracias a la pluma minuciosa de Morelli, demostrando la riqueza de un tejido social que, pese a las restricciones, intentaba florecer. Es en este mismo Camagüey donde, en 1843, el patriota Joaquín de Agüero derramaría su sangre, allanando el camino para los grandes próceres como Carlos Manuel de Céspedes y José Martí.
Implicaciones para el presente y el futuro de Cuba
La publicación de «Lo que dura el estío» en el seno de la diáspora cubana es un acto de reivindicación cultural y política. Mientras el ejecutivo cubano mantiene a la sociedad civil secuestrada bajo la amenaza constante del aparato represivo, la literatura producida en el exilio se erige como el principal refugio de la identidad nacional. La obra de Rolando Morelli no solo es un homenaje a los hombres y mujeres que intentaron forjar una república libre en el siglo XIX, sino un recordatorio para las nuevas generaciones de que la lucha contra el autoritarismo es una deuda histórica pendiente.
En definitiva, esta monumental novela se inserta por derecho propio en la gran literatura cubana. Su valor radica en su capacidad para conectar el pasado colonial con el presente dictatorial, demostrando que las aspiraciones de libertad que inspiraron a Heredia y a Varela siguen vigentes. Frente a la indolencia de la comunidad internacional ante los abusos de la dictadura cubana, obras como esta mantienen viva la conciencia crítica y aseguran que, cuando la democracia finalmente llegue a la isla, sus ciudadanos tendrán una memoria histórica robusta y veraz sobre la cual reconstruir la nación.


