El youtuber mexicano Luisito Comunica publicó la tercera entrega de su serie sobre Cuba, donde documenta el proceso de elaboración del habano y denuncia el control ideológico del régimen de La Habana en los espacios laborales. Con una audiencia superior a los 44 millones de seguidores, el creador de contenido evidenció cómo el gobierno cubano utiliza la tradicional figura del «lector» de tabaquería para difundir propaganda política, limitando el acceso a información libre a los trabajadores.
En su recorrido por la industria tabacalera, desde las plantaciones rurales hasta las prefábricas, el influencer destacó el valor artesanal del producto, pero introdujo un matiz crítico al observar la dinámica interna de los centros de trabajo estatales. Durante su visita a una instalación donde se realiza el despalillado de las hojas, Luisito Comunica abordó la práctica cultural de leer en voz alta a los obreros durante su jornada laboral. Aunque reconoció el valor histórico de esta tradición, subrayó que el material difundido está sujeto a una estricta censura y selección por parte de un comité.
«A la hora de la chamba te están leyendo más sobre Fidel Castro y más sobre el Che Guevara y puras noticias positivas de Cuba», explicó el youtuber, calificando esta práctica como una muestra del adoctrinamiento que aplican las autoridades de la isla. En ese sentido, envió un mensaje directo a la juventud cubana, instándolos a ejercer su derecho a la libre elección de información y a no someterse a un pensamiento impuesto por el Estado. Esta declaración cobra relevancia en un país donde la dictadura cubana mantiene un monopolio absoluto sobre los medios de comunicación y penaliza el acceso a internet libre y a plataformas informativas independientes.
La grabación también expone el control económico que el ejecutivo cubano ejerce sobre la producción agrícola. Al entrevistar a un campesino identificado como Humbertico, el creador de contenido reveló que los productores están obligados a vender el 90% de su cosecha directamente al Estado. Esta política de expropiación encubierta impide el desarrollo de un mercado competitivo y empobrece al sector primario. Cuando Luisito preguntó sobre la posibilidad de que los agricultores comercialicen tabaco con su propio sello, la respuesta fue contundente: «Solamente el Gobierno puede hacer las marcas».

Entré a una fábrica de habanos en CUBA: ¿el mejor tabaco del mundo? 🇨🇺
Posteriormente, en la prefábrica, la directora de la instalación relató su trayectoria ascendiendo desde el rol de obrera hasta el puesto directivo. La funcionaria destacó que «más de 54 países tienen contratos con Cuba y consumen tabaco cubano», un dato que contrasta con la precaria situación económica de los trabajadores que sostienen esta industria emblemática. Aunque el youtuber elogió la dedicación y maestría de los empleados, calificando la labor como «admirable», no omitió señalar la presencia asfixiante del Estado en cada etapa del proceso productivo.
Esta tercera entrega contrasta con la anterior, la cual generó un intenso debate en redes sociales. El segundo video de la serie, enfocado en aspectos culturales, fue duramente criticado por el periodista cubano José Raúl Gallego, quien señaló que el influencer «asimiló y reprodujo toda la propaganda que le pusieron delante». Sin embargo, en este nuevo capítulo, Luisito Comunica parece inclinar la balanza hacia una observación más crítica de la realidad nacional, retomando la línea de su primer video, donde denunció la precariedad de los servicios públicos y afirmó que «todo, absolutamente todo, es sumamente complicado» en la isla.
El aparato ideológico en los centros de trabajo
La tradición del «lector» en las tabaquerías nació a mediados del siglo XIX como una herramienta de educación y esparcimiento para los torcedores y despalilladores. Sin embargo, tras el triunfo de la revolución, el régimen de La Habana cooptó esta figura para transformarla en un instrumento de propaganda. La lectura de obras literarias fue progresivamente sustituida o intercalada con boletines oficiales, discursos políticos y narrativas afines al partido único. Lo que en sus inicios fue un espacio de ilustración obrera, hoy funciona como un mecanismo de control mental y político, diseñado para aislar a los trabajadores de las realidades del país y del mundo.
Contexto: El monopolio estatal y la crisis estructural
El caso del campesino Humbertico y la obligación de entregar el 90% de su cosecha al Estado ilustra la raíz de la profunda crisis económica que atraviesa Cuba. El modelo de planificación centralizada y el monopolio estatal sobre la comercialización han provocado el colapso de la agricultura nacional. Al negar a los productores la posibilidad de vender libremente en el mercado y obtener divisas, el gobierno cubano desincentiva la producción, lo que se traduce en desabastecimiento crónico, inflación descontrolada y la dependencia de importaciones para alimentar a la población.
Esta asfixia económica va de la mano con la represión social y la falta de libertades civiles. El adoctrinamiento señalado por el youtuber no es un hecho aislado, sino una política de Estado sistemática que busca mantener la sumisión de la ciudadanía frente al colapso de los servicios básicos, los apagones prolongados y la devaluación del salario real. Ante el descontento social y el masivo éxodo migratorio que ha vaciado al país de su fuerza joven, la dictadura cubana intensifica su aparato ideológico para evitar nuevas erupciones sociales como las ocurridas el 11 de julio de 2021.
La industria del tabaco, considerada uno de los principales renglones exportadores de la isla, refleja esta paradoja. Mientras el régimen obtiene ingresos en divisas por la exportación a más de medio centenar de países, los campesinos y obreros del sector sobreviven con salarios en moneda nacional que no alcanzan para cubrir la canasta básica. La prohibición de marcas privadas garantiza que toda la riqueza generada por este producto de lujo quede en manos del aparato estatal y militar, marginando a los verdaderos artífices del proceso productivo.
Repercusión internacional y debate mediático
Con más de 44 millones de seguidores, los reportajes de Luisito Comunica tienen un alcance mediático que supera al de muchas plataformas informativas tradicionales. Su visión sobre Cuba ha polarizado opiniones. Mientras un sector celebra que el influencer «muestre la otra cara de Cuba» y cuestione abiertamente el adoctrinamiento, otros analistas consideran que su enfoque, aunque bienintencionado, corre el riesgo de normalizar la realidad de un país bajo dictadura al no profundizar en temas como la persecución política, el encarcelamiento de opositores y la censura institucionalizada.
La difusión de estos contenidos en plataformas digitales representa un desafío para las autoridades de la isla, acostumbradas a controlar la narrativa dentro y fuera de sus fronteras. El hecho de que figuras con alta influencia global documenten las restricciones tecnológicas, el control estatal y la propaganda en los espacios laborales contribuye a desmitificar la imagen idealizada del modelo cubano que aún persiste en ciertos sectores internacionales.
En definitiva, la serie del youtuber mexicano, con sus luces y sombras, pone sobre la mesa la cotidianidad de los cubanos bajo un sistema totalitario. El cuestionamiento al adoctrinamiento en las tabaquerías y la exposición del monopolio estatal agrícola son ventanas a una crisis estructural que no admite parches. Mientras el régimen de La Habana mantenga su control absoluto sobre la economía y la información, la diáspora continuará creciendo y la isla seguirá sumida en el estancamiento, esperando que la presión internacional y la denuncia ciudadana abran paso a una transición democrática.



