Domingo, 27 de septiembre de 2026
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Sherritt International paraliza su refinería en Canadá y asesta un nuevo golpe a las exportaciones de níquel del régimen cubano

Sherritt International paraliza su refinería en Canadá y asesta un nuevo golpe a las exportaciones de níquel del régimen cubano

La minera canadiense Sherritt International ha anunciado el cese gradual de operaciones en su refinería de Fort Saskatchewan, en Alberta, una pieza fundamental en la cadena de procesamiento del níquel extraído en Cuba. La paralización, provocada por el agotamiento de las reservas de mineral tras las sanciones estadounidenses a la empresa mixta Moa Nickel S.A., representa un duro revés para las finanzas del régimen de La Habana, que ve frenarse uno de sus principales generadores de divisas en medio de una profunda depresión económica.

En un comunicado emitido este martes, la corporación canadiense detalló que la decisión responde a la imposibilidad de acceder a nueva materia prima. La interrupción de las actividades en Moa Nickel S.A., la empresa conjunta que explota el mineral en la región oriental de la isla, dejó a la refinería de Alberta operando a contrarreloj. Durante las últimas semanas, la planta subsistió únicamente gracias a los inventarios acumulados previamente, una tregua que llegó a su fin a mediados de junio, tal como habían proyectado los análisis internos de la compañía.

El cierre de la instalación se ejecutará de manera «controlada y ordenada», priorizando la seguridad y el medio ambiente, según especificó la empresa. Aunque la refinería detendrá su actividad principal, mantendrá labores mínimas de mantenimiento y continuará la producción de fertilizantes y ácido sulfúrico para reventa. Sherritt ha confirmado que retendrá al personal estrictamente indispensable para custodiar y preservar las instalaciones durante este período de incertidumbre operativa.

La refinería de Fort Saskatchewan no es una instalación aislada, sino el eslabón final de un negocio controlado a partes iguales por Sherritt y el gobierno cubano. Esta estructura de empresa mixta ha sido históricamente vital para procesar el níquel extraído en Moa, Holguín, y convertirlo en un producto exportable en los mercados internacionales. Sin embargo, la dependencia de esta cadena ha quedado al descubierto tras la aplicación de nuevas medidas coercitivas por parte de Estados Unidos.

El impacto de las sanciones y el control militar

El detonante de esta crisis corporativa se remonta al pasado mes de mayo, cuando la Administración de Estados Unidos impuso sanciones a entidades vinculadas a GAESA, el conglomerado empresarial de las Fuerzas Armadas Revolucionarias que controla vastos sectores de la economía nacional. Moa Nickel S.A. fue incluida en la lista negra, lo que obligó a Sherritt a suspender de inmediato su participación directa en las operaciones de la isla para evitar violar las disposiciones del embargo estadounidense.

La minera canadiense había barajado inicialmente la posibilidad de disolver por completo sus negocios conjuntos con las autoridades de la isla. No obstante, tras consultas con asesores legales y autoridades gubernamentales, la empresa optó por dar marcha atrás en una retirada total, manteniendo en cambio su participación congelada. La compañía ha reiterado que su prioridad actual es «preservar la liquidez, gestionar costes y mantener la preparación operativa» mientras evalúa cómo cumplir con el endurecimiento del marco regulatorio norteamericano.

Un sector estratégico en colapso

La paralización de Fort Saskatchewan trasciende el ámbito corporativo para convertirse en un problema estratégico para el ejecutivo cubano. La industria del níquel ha sido, históricamente, uno de los pilares de las exportaciones del país, junto con el turismo y los servicios profesionales. El cese de esta cadena productiva priva al Estado de un flujo de divisas imprescindible en un momento crítico, agudizando la ya alarmante escasez de moneda convertible para importar alimentos, combustibles y medicinas.

Contexto: Aislamiento económico y crisis estructural

Este nuevo revés a la industria niquelera no es un evento aislado, sino un síntoma más de la profunda crisis estructural que asfixia a la isla. La economía cubana atraviesa una de sus peores depresiones en décadas, marcada por una inflación descontrolada, un colapso generalizado de los servicios públicos y un éxodo migratorio sin precedentes. La incapacidad de las autoridades para diversificar su economía y su dependencia de alianzas con entidades bajo control militar han dejado al país en una posición de extrema vulnerabilidad ante cualquier presión externa.

El control de GAESA sobre los sectores más dinámicos de la economía, incluida la minería, ha generado un modelo de gestión opaco y ineficiente. La dictadura cubana ha priorizado la centralización de los recursos en manos militares en detrimento de la inversión privada nacional o de una verdadera apertura a capitales extranjeros que no estén mediatizados por el aparato de seguridad del Estado. Las sanciones internacionales han expuesto esta fragilidad, demostrando que el modelo económico del régimen carece de resiliencia frente a medidas de presión.

Además, la crisis energética y la falta de mantenimiento crónico en las instalaciones industriales de la isla han mermado la capacidad productiva de Moa desde antes de las sanciones. El gobierno cubano ha sido incapaz de garantizar la estabilidad del oleoducto y la infraestructura necesaria para sostener la extracción y el envío del mineral a Canadá. La falta de planificación y la burocratización de las empresas estatales han convertido lo que debería ser una ventaja comparativa en un lastre para el desarrollo.

Antecedentes de una dependencia prolongada

Sherritt International ha sido durante décadas uno de los socios capitalistas más importantes de La Habana, manteniendo una relación que sobrevivió a los peores momentos de la crisis de los años 90. Su presencia en la isla no solo se limitó a la minería, sino que se extendió a la generación de energía y al sector petrolero. Sin embargo, esta dependencia mutua ha demostrado ser un arma de doble filo. Para el régimen, significó un acceso vital a tecnología y mercados occidentales; para Sherritt, una exposición constante a los vaivenes políticos y a las leyes del embargo.

En los últimos años, la caída de la producción de níquel en Cuba ya venía generando preocupaciones. La falta de inversiones frescas, el envejecimiento de la maquinaria y la fuga de técnicos y obreros especializados, arrastrados por la crisis salarial y el éxodo migratorio, habían reducido significativamente el rendimiento de las minas en Holguín. Las sanciones recientes no han hecho más que acelerar un proceso de declive que la ineficacia gubernamental ya había desencadenado.

Consecuencias y un futuro altamente incierto

Sherritt ha sido clara al advertir que no puede ofrecer una fecha para la reanudación de las operaciones, condicionando el reinicio a la recuperación de la actividad minera en Cuba y a la reconstrucción del oleoducto que abastece la refinería canadiense. Mientras tanto, la dictadura cubana enfrenta la realidad de un sector exportador paralizado. La pérdida de ingresos por la inactividad de la cadena del níquel se traducirá, inevitablemente, en un mayor estrangulamiento de la ya precaria economía doméstica, con impactos directos en la calidad de vida de los ciudadanos, quienes seguirán padeciendo las consecuencias de un sistema que prioriza la supervivencia del poder sobre el bienestar de la población.

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya
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