Marlon Torriente Pomares, conocido en el ámbito de las artes marciales como «Nego», representa a la perfección la tragedia de la juventud cubana talentosa que, ante la falta de oportunidades y el abandono del Estado, se ve obligada a emigrar para poder desarrollarse. Su historia, atravesada por la pasión por la capoeira, expone no solo las carencias estructurales del deporte no oficializado en la isla, sino también la profunda decadencia social y moral que el régimen de La Habana ha provocado en el país.
El contacto de Marlon con la capoeira surgió de manera fortuita, influenciado por la cultura popular y los videojuegos. Sin embargo, lo que comenzó como un interés infantil derivó en una trayectoria de resistencia frente a la indiferencia gubernamental. Desde sus inicios en los alrededores del Capitolio de La Habana, este atleta tuvo que lidiar con la ausencia absoluta de apoyo institucional. El gobierno cubano, que monopoliza y financia exclusivamente aquellas disciplinas deportivas que resultan rentables para su propaganda internacional, ignora por completo las expresiones culturales y marciales alternativas, dejando a sus practicantes en el más absoluto desamparo.
Las condiciones de entrenamiento descritas por Torriente son un reflejo del deterioro de los espacios públicos en Cuba. Practicar descalzo sobre calles llenas de vidrios y piedras, sufriendo la interrupción constante de transeúntes e incluso el acoso policial, evidencia cómo la dictadura cubana criminaliza y margina cualquier agrupación juvenil que escape de su control ideológico. Aunque lograron acceder eventualmente a espacios cerrados como el centro cultural La Cobija, la realidad para la mayoría de los grupos sigue siendo la precariedad de las calles, sin infraestructura ni respaldo.
La supervivencia cotidiana obligó a Marlon a insertarse en la economía informal desde los 16 años, trabajando como bicitaxi. Esta faceta de su vida ilustra la profunda crisis laboral y salarial que azota a la isla. Jornadas de hasta 12 horas de intenso esfuerzo físico eran el preludio de más de tres horas de entrenamiento, sostenidas únicamente por el consumo de azúcar para evitar el desmayo. La falta de nutrición adecuada y el agotamiento extremo son el pan de cada día para millones de cubanos que intentan conciliar el sustento básico con sus aspiraciones personales en un país donde el Estado falló en su promesa de proveer bienestar.

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El talento y la perseverancia de Torriente finalmente encontraron reconocimiento fuera de las fronteras nacionales. En 2016, se convirtió en el primer cubano en participar en una competencia internacional de capoeira, los Juegos Europeos de Madrid, obteniendo el segundo lugar. Este hito le abrió las puertas de Europa, logrando victorias en Polonia, Heidelberg y París. Desde 2017, reside oficialmente en Alemania, donde ha podido profesionalizarse, viajar mensualmente impartiendo clases y cumplir el sueño que el sistema en su país le negó. Su éxito en el extranjero es un mudo pero contundente reproche a un sistema que expulsa a sus mentes más brillantes y esforzadas.
El espejo de una nación en ruinas
A pesar de haber construido una carrera próspera en Europa, el vínculo de Marlon con sus alumnos en Cuba lo obliga a regresar periódicamente para supervisar los cambios de graduación de su grupo, «Simplesmente Capoeira», fundado en 2015. Sin embargo, cada retorno se convierte en un choque traumático. Torriente describe con crudeza la realidad de una sociedad anestesiada por la crisis, afirmando que en lugar de personas en las calles, observa «zombis», rostros tristes, niños mendigando y una alarmante pérdida de valores humanos. Esta decadencia no es una casualidad, sino el resultado directo de décadas de políticas fracasadas, represión y control absoluto por parte del ejecutivo cubano.
El sentimiento de división emocional que sufre el capoeirista es compartido por cientos de miles de cubanos de la diáspora. La frustración de ver a la isla sumida en la «máxima expresión del tercer mundo» contrasta con la responsabilidad moral de no abandonar a quienes se quedaron. Las autoridades de la isla han orquestado un entorno de miseria tal que la mendicidad infantil y la mendicidad en general, erradicadas en décadas anteriores, han resurgido con fuerza, evidenciando el colapso del contrato social que el régimen pretendía sostener.

"Cada año que regreso, Cuba está peor": Nego, instructor Capoeira
Contexto sistémico: El deporte y la cultura bajo el control del Estado
La situación de la capoeira en Cuba no es un fenómeno aislado, sino que se inscribe dentro de la crisis estructural que atraviesa todos los ámbitos de la sociedad cubana. El Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (INDER) opera bajo un esquema de selectividad política y rentabilidad mediática. Cualquier manifestación artística, deportiva o cultural que no encaje en los parámetros oficiales o que represente un riesgo de organización ciudadana independiente, es marginada, censurada o directamente reprimida. La falta de espacios para la capoeira es, en el fondo, una falta de voluntad política para fomentar la libre asociación y el desarrollo integral de la juventud.
Asimismo, la necesidad de emigrar para alcanzar el éxito profesional deportivo o cultural se entrelaza con el mayor éxodo migratorio que ha sufrido la isla en su historia reciente. La fuga de cerebros, atletas y artistas ha dejado al país sin su capital humano más valioso. La inflación galopante, el desabastecimiento crónico de alimentos y medicamentos, y los apagones constantes configuran un escenario donde el rendimiento físico y la excelencia cultural son lujos inalcanzables. Marlon tuvo que cruzar el océano para encontrar las condiciones mínimas de dignidad que el Estado cubano le negó en su tierra natal.
Un futuro secuestrado por la incertidumbre
A pesar de las adversidades, el grupo «Simplesmente Capoeira» celebra su décimo aniversario, un logro nacido del sacrificio y la voluntad de sus miembros, ajeno a cualquier subvención estatal. Marlon confía en el talento de la juventud cubana, reconocida históricamente en diversas disciplinas, y ha dejado un legado que costó «mucho sudor y muchas lágrimas». No obstante, su visión a futuro es pesimista y realista: el destino de la capoeira en Cuba es incierto, al igual que el destino de la nación.
La afirmación de que «en Cuba nunca se sabe nada, un día estás, mañana no estás» resume la inestabilidad y la falta de horizonte que impone la dictadura a la vida cotidiana. Mientras el régimen mantenga su control absoluto sobre los recursos y las libertades, el talento de jóvenes como Marlon Torriente seguirá floreciendo en el exilio. La comunidad internacional y las organizaciones defensoras de los derechos humanos deben continuar documentando cómo la represión y el abandono institucional no solo violan las libertades civiles, sino que asfixian cualquier intento de prosperidad cultural y social dentro de la isla. La historia de la capoeira cubana es, en definitiva, la historia de un país forzado a luchar descalzo sobre el vidrio, esperando una transición hacia la libertad que le permita recuperar su vitalidad.


