La Universidad Internacional de Florida (FIU) acoge un panel académico que confronta los legados de la resistencia no violenta en Cuba y China, conectando las experiencias del Proyecto Varela y la Carta 08. El encuentro, que cuenta con la participación de exprisioneros políticos de ambos países, rinde homenaje a las figuras de Oswaldo Payá y Liu Xiaobo, líderes cívicos cuyas muertes están vinculadas a la represión estatal de sus respectivos regímenes autoritarios.
En un esfuerzo por mantener viva la memoria histórica y trazar puentes entre las luchas cívicas en contextos autoritarios, la sala 220 de la Biblioteca Green de la FIU en Miami sirve como escenario para el panel titulado «Jornada de no violencia: Reflexión sobre la resistencia no violenta en Cuba y China desde una perspectiva gandhiana-kingiana». El evento reúne a dos figuras fundamentales de la disidencia pacífica: el abogado y exprisionero de conciencia chino Teng Biao, y el activista cubano Regis Iglesias, portavoz del Movimiento Cristiano Liberación y ex recluso político.
El análisis central del encuentro gira en torno a las conexiones doctrinales y tácticas entre el Proyecto Varela en Cuba y la Carta 08 en China. Ambas iniciativas, surgidas en países sometidos a un control férreo por parte del Estado, compartieron una metodología común: exigir reformas democráticas y el respeto a los derechos humanos estrictamente desde la legalidad y el civismo. Los organizadores del panel subrayan que el objetivo es examinar los legados duraderos de estos movimientos a través del prisma filosófico de Mahatma Gandhi y Martin Luther King Jr., exponentes universales de la desobediencia civil pacífica.
El peso de los ausentes: Payá y Liu Xiaobo
El panel adquiere una dimensión simbólica especial al coincidir con los aniversarios luctuosos de los principales referentes de estas causas. Por un lado, se recuerda al líder opositor cubano Oswaldo Payá, fallecido en un accidente automovilístico en la isla el 22 de julio de 2012, en circunstancias que su familia y sectores de la comunidad internacional señalan como un ataque orchestrado por las fuerzas de seguridad del Estado. Por otro, se honra la memoria del intelectual chino y Premio Nobel de la Paz Liu Xiaobo, quien murió bajo custodia estatal el 13 de julio de 2017, siendo el primer Nobel de la Paz en fallecer en prisión desde Carl von Ossietzky en 1938.
Tanto Payá como Liu Xiaobo fueron víctimas directas de la maquinaria represiva de la dictadura cubana y el régimen comunista chino, respectivamente. Ambos dedicaron décadas al activismo pacífico, desafiando el monopolio del poder mediante la recolección de firmas, la denuncia internacional y la educación cívica. Sus muertes marcaron un golpe durísimo para sus movimientos, pero los organizadores de este panel en Miami insisten en que sus idearios permanecen intactos y son más necesarios que nunca ante el endurecimiento autoritario global.
Teng Biao, participante del panel, es una voz clave para entender la represión en el gigante asiático. Amigo cercano de Liu Xiaobo y firmante de la Carta 08 —un manifiesto que exigía libertades políticas en China y que resultó en la detención de cientos de intelectuales—, Biao sufrió en carne propia la persecución, la tortura y el exilio. Su testimonio se entrelaza con el de Regis Iglesias, quien fue uno de los 75 disidentes arrestados durante la represiva Primavera Negra de 2003 en Cuba, una ola de arrestos que buscó descabezar al Movimiento Cristiano Liberación y enterrar el Proyecto Varela mediante condenas de hasta 28 años de prisión.
El Proyecto Varela y la clausura de las vías pacíficas
Para comprender la magnitud de lo que representa el legado de Oswaldo Payá, es necesario revisar el contexto institucional de la isla a inicios de siglo. El Proyecto Varela, presentado en 2002, logró recolectar más de 11.000 firmas verificadas, apelando al Artículo 88 de la Constitución cubana de 1976, el cual permitía proponer leyes mediante una iniciativa ciudadana. La propuesta exigía libertad de expresión, amnistía para los presos políticos, derecho a empresa privada y elecciones democráticas. La respuesta del gobierno cubano no fue el diálogo, sino la contrarreforma constitucional que declaró «irrevocable» el socialismo, seguida de la purga de 2003.
La negativa del régimen de La Habana a procesar la iniciativa cívica de manera legal y transparente demostró la inexistencia de canales institucionales para la disidencia. Esta clausura de las vías pacíficas de transformación social es un antecedente directo de la profunda crisis estructural que sufre la isla hoy. Al ahogar las propuestas moderadas y reformistas, el ejecutivo cubano empujó al país hacia un estancamiento del que no ha podido recuperarse, cerrando el paso a cualquier modernización que implicara una pérdida de control hegemónico.
Contexto sistemático: Represión y colapso en la isla
La reflexión sobre la resistencia no violenta en Cuba ocurre en un momento de crisis aguda y multidimensional para el país. La isla atraviesa un periodo de hiperinflación, devaluación extrema de su moneda nacional, colapso total del sistema eléctrico y un desabastecimiento crónico de alimentos y medicinas. Esta debacle económica no es el resultado exclusivo de factores externos, sino la consecuencia directa de la ineficiencia de un modelo centralizado, la falta de libertades económicas y la corrupción sistémica fomentada por las autoridades de la isla.
Ante esta emergencia, la respuesta del Estado ha sido incrementar el aparato represivo. La dictadura cubana ha perfeccionado sus mecanismos de control social mediante amenazas, citaciones policiales, cortes de internet y detenciones arbitrarias para impedir cualquier manifestación de descontento. Las protestas masivas del 11 de julio de 2021 (11J) demostraron que la paciencia ciudadana había llegado a su límite; sin embargo, la cúpula de poder optó por la militarización de las calles y la imposición de penas ejemplares a cientos de manifestantes, many of them minors, confirmando que la represión es su única herramienta de gestión ante el fracaso.
Como consecuencia de la asfixia política y económica, Cuba experimenta el mayor éxodo migratorio de su historia reciente. Cientos de miles de cubanos han cruzado las fronteras hacia Estados Unidos y otros países de la región en los últimos años. Esta fuga de capital humano, jóvenes y profesionales deja un demérito irreparable en la estructura productiva y demográfica de la nación. El régimen, incapaz de ofrecer un proyecto de futuro, utiliza la emigración como válvula de escape para aliviar la presión social, mientras mantiene a la población restante en un estado de supervivencia y vigilancia constante.
Paralelismos autoritarios y el papel del exilio
El cruce de testimonios entre activistas cubanos y chinos evidencia que las tácticas de las dictaduras para silenciar a la sociedad civil son sorprendentemente similares, a pesar de las diferencias geográficas y económicas. Mientras China ha consolidado un modelo de capitalismo de Estado con un aparato de vigilancia digital sin precedentes, el régimen de La Habana aplica métodos más rudimentarios pero igual de efectivos, basados en el miedo, la exclusión social y la violencia paramilitar encubierta. En ambos casos, la exigencia de derechos civiles básicos es tratada como un delito de traición a la patria.
En este escenario, los espacios académicos y de debate en el exilio, como el celebrado en la FIU, adquieren una relevancia crucial. No solo funcionan como archivos vivos de la memoria histórica frente a los intentos de censura y manipulación del pasado por parte de los regímenes, sino que también sirven para articular estrategias de incidencia internacional. La comunidad democrática global enfrenta el reto de cómo abordar a gobiernos que sistemáticamente violan los derechos humanos mientras mantienen relaciones comerciales o diplomáticas con ellos.
El panel concluye con una sesión abierta al público, fomentando el diálogo directo entre los sobrevivientes de la represión y las nuevas generaciones de cubanos y chinos en la diáspora. El ejercicio de revisitar el pensamiento gandhiano y kingiano en el contexto actual es una reivindicación de la dignidad humana frente al poder absoluto. Demuestra que, aunque los regímenes autoritarios puedan asesinar a los líderes o encarcelar a los activistas, las ideas de libertad y democracia, sembradas a través de la resistencia no violenta, son indestructibles y seguirán cuestionando la legitimidad de las dictaduras hasta su inevitable colapso.



