Domingo, 27 de septiembre de 2026
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El régimen cubano cita a Ulises Toirac a un «intercambio» tras sus críticas al tarifazo de ETECSA y la represión estudiantil

El régimen cubano cita a Ulises Toirac a un «intercambio» tras sus críticas al tarifazo de ETECSA y la represión estudiantil

El reconocido humorista cubano Ulises Toirac denunció haber sido convocado por presuntos funcionarios para un «intercambio», una práctica habitual de la dictadura cubana para amedrentar a figuras públicas que se atreven a cuestionar la gestión gubernamental. La citación ocurre en medio de un clima de creciente tensión social en la isla, impulsado por el rechazo generalizado al alza de tarifas de la empresa estatal de telecomunicaciones y la dura represión contra las manifestaciones estudiantiles en la Universidad de La Habana.

En un breve video difundido en su perfil de Facebook, Toirac detalló su traslado hacia este encuentro bajo el eufemismo institucional de «intercambio». «Voy rumbo a una conversación, a un ‘intercambio’ ―me dijeron ‘intercambio’―. Parece que no les gusta lo que estoy diciendo», expresó el artista, consciente de que la convocatoria responde a una represalia directa por sus recientes publicaciones en redes sociales. Esta táctica de las autoridades de la isla busca desincentivar la disidencia sin necesidad de procesos judiciales formales, generando un clima de incertidumbre, hostigamiento y autocensura entre los intelectuales y artistas nacionales.

El detonante de la citación radica en una serie de mensajes publicados por el humorista a inicios de junio, donde cuestionó con lucidez el rumbo económico y político del país. El 2 de junio, Toirac se refirió al llamado «tarifazo» de ETECSA como un catalizador de la opinión pública. En su análisis, desmanteló la fachada empresarial de la telefónica estatal al afirmar que «ETECSA no es una empresa, es el Estado vendiendo conectividad y comunicación», evidenciando la profunda indefensión del ciudadano frente a decisiones unilaterales que afectan su economía sin ser consultado, informado ni beneficiado.

La indignación de Toirac también se centró en la respuesta oficial ante las manifestaciones estudiantiles, específicamente en la Facultad de Matemática y Computación de la Universidad de La Habana. El 4 de junio, advirtió sobre las consecuencias de reprimir un posible paro académico, señalando que «reprimir va a tener un costo político (muy alto en mi opinión, diría impagable), permitirlo, una muestra de debilidad política nunca antes editada». Sus palabras resuenan en un sector académico históricamente cooptado por el gobierno cubano, pero que hoy muestra signos evidentes de fractura y descontento.

El comediante no se limitó a describir los hechos, sino que diagnosticó la actitud del ejecutivo cubano frente a la crisis. «Hay cosas que se ven venir si se tiene cerebro, pero más que cerebro ha habido prepotencia», escribió Toirac, definiendo la ineptitud y soberbia con la que las autoridades de la isla han gestionado el descontento social. Además, alertó sobre las implicaciones a futuro de estas políticas, vaticinando que «se avecina un holocausto ante ‘el silencio de los corderos'» si la población no rompe con el inmovilismo impuesto desde el poder.

Toirac ha utilizado su plataforma digital para amplificar las voces de los jóvenes, compartiendo incluso videos de reuniones donde estudiantes de la Universidad de La Habana confrontan a funcionarios no identificados. En estos materiales, los jóvenes ratifican el paro académico y cuestionan abiertamente la legitimidad de los espacios oficiales de diálogo, un hecho inédito que rompe con la narrativa de unanimidad que el régimen de La Habana intenta proyectar hacia el exterior y hacia su propia base social.

Antecedentes de censura y trayectoria artística

La citación de Toirac no es un hecho aislado, sino la continuación de un patrón sistemático de censura y hostigamiento contra el artista. Devenido en un crítico de la dictadura cubana, el humorista ha sufrido múltiples cancelaciones de sus espectáculos en clubes y teatros del país. En junio de 2024, las autoridades suspendieron una de sus presentaciones programada en la sala Ateneo de Cienfuegos, un acto que Toirac denunció como otra muestra de la imposibilidad de ejercer la libertad de expresión en la isla.

Ante aquel acto de censura, el artista expresó su hartazgo y condenó los métodos del aparato estatal: «Yo ya no tengo nada que decir que no haya dicho. Más allá de negarle trabajo a una persona por sus ideas o por lo que dice, la manera en que el poder deja claro que es imposible hablar con libertad, es brutalmente cobarde». Graduado en 1986 de Ingeniería Eléctrica, Toirac ha trascendido como uno de los humoristas más relevantes de la escena nacional. Personajes como Juan Marchante (Chivichana) y Matute le han otorgado una popularidad inmensa, convirtiéndolo en un referente cultural cuya evolución hacia la crítica social lo ha transformado en un objetivo para el control ideológico del Estado.

Contexto: Crisis estructural y fractura social en Cuba

El caso de Ulises Toirac se inscribe en la profunda crisis estructural que atraviesa Cuba, marcada por una hiperinflación galopante, el colapso del sistema eléctrico, la depreciación del salario real y un desabastecimiento crónico de bienes básicos. El «tarifazo» de ETECSA no es más que una medida desesperada del gobierno cubano para captar divisas en medio del fracaso absoluto de su modelo económico centralizado. Esta decisión afecta directamente la única vía de comunicación e información de los ciudadanos, en un contexto donde el acceso a internet se ha vuelto vital para la organización social y la denuncia de abusos.

Frente a esta crisis multidimensional, la respuesta del régimen de La Habana ha sido el endurecimiento del control social y la represión selectiva. La dictadura cubana ha incrementado la persecución política contra activistas, periodistas y artistas, utilizando amenazas, detenciones arbitrarias, cortes de internet y citaciones como la sufrida por Toirac para neutralizar cualquier brote de protesta. Esta asfixia civilatoria, sumada a la precariedad material extrema, ha detonado un éxodo migratorio histórico que ha vaciado las filas de la juventud y la fuerza laboral del país, amenazando la viabilidad futura de la nación.

El descontento en la Universidad de La Habana representa un desafío ideológico sin precedentes para las autoridades. Históricamente, la educación superior en Cuba ha sido un bastión de adoctrinamiento y control político, considerado la cantera de la dirigencia. Que los estudiantes cuestione las medidas del ejecutivo cubano, exijan espacios de diálogo reales y amenacen con huelgas evidencia la pérdida de legitimidad del sistema, incluso entre sectores que tradicionalmente fueron pilares de sustento para el poder.

La intimidación contra Ulises Toirac refleja el pánico del poder frente a la pérdida de hegemonía cultural y el descontento generalizado que ya no puede ocultarse. Las consecuencias de estas acciones represivas apuntan hacia un escenario de mayor radicalización del conflicto social en Cuba. La comunidad internacional y las organizaciones defensoras de los derechos humanos deberán mantener una vigilancia estricta sobre la situación del artista y de los estudiantes universitarios, ya que la capacidad de la dictadura para escalar la violencia institucional frente a la disidencia pacífica sigue siendo una amenaza latente para la ciudadanía.

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya
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