La presidenta del Miami Dade College (MDC), Madeline Pumariega, advirtió que la reconstrucción de Cuba requiere un sistema educativo que fomente el pensamiento crítico y la meritocracia, en contraste frontal con el modelo de obediencia y adoctrinamiento impuesto por el régimen de La Habana. En una reciente entrevista, la educadora de origen cubano detalló cómo la libertad académica y el acceso equitativo a la educación han sido los verdaderos motores del progreso para la comunidad exiliada en Florida.
Pumariega, quien lidera una de las instituciones de educación superior pública más grandes de Estados Unidos desde 2021, trazó su trayectoria personal y profesional como un ejemplo del éxito basado en el esfuerzo individual. Hija de exiliados cubanos que llegaron a Estados Unidos en 1961 pasando por la Torre de la Libertad, la educadora nació en Hialeah y comenzó su carrera en el propio Miami Dade College como atleta de baloncesto y luego como consejera. Tras dos décadas de trabajo ascendiendo hasta presidir uno de los recintos, y un periodo de seis años como canciller del sistema estatal de colleges de Florida en Tallahassee, regresó para dirigir la institución que, según sus palabras, representa el corazón de la comunidad.
Al reflexionar sobre su ascenso profesional, Pumariega destacó que su trayectoria es fruto de la preparación, la ética de trabajo y el compromiso con el servicio, elementos totalmente ajenos a cualquier afiliación o favoritismo ideológico. Este contraste es absoluto con la realidad de la isla, donde el gobierno cubano condiciona el acceso a la educación superior y a los cargos de dirección a la militancia o simpatía con la única organización política permitida. En Cuba, la meritocracia está supeditada a la ortodoxia política, un mecanismo de control que la dictadura ha utilizado durante décadas para excluir y marginar a quienes disienten del discurso oficial.
Fundado en 1960, coincidiendo con el inicio del éxodo cubano, el Miami Dade College ha acompañado a la comunidad en su crecimiento y superación. La institución ha formado a más de 2,5 millones de personas que hoy ejercen como médicos, abogados, técnicos y empresarios. Actualmente, sirve a 125.000 estudiantes distribuidos en ocho recintos por todo el condado de Miami-Dade. Pumariega subrayó la accesibilidad del sistema: los estudiantes pueden inscribirse el mismo día y nadie es excluido. Las tarifas se mantienen bajas, con un semestre de 12 créditos costando alrededor de 1.400 dólares y una carrera de dos años en unos 5.500 dólares, permitiendo a los jóvenes graduarse sin contraer deudas que limiten su futuro.

Madeline Pumariega y Orlando Gutiérrez-Boronat (Foto: CubaNet)
Libertad académica versus control estatal
La educadora enfatizó que los valores esenciales que promueve la institución en una sociedad democrática se centran en formar estudiantes que piensen críticamente, capaces de interpretar, contextualizar y usar la información con sabiduría. En las aulas del MDC existe total libertad académica; los profesores fomentan el debate respetuoso basado en textos diversos y los estudiantes pueden cuestionar, preguntar y defender sus ideas sin temor a represalias. Lo fundamental, apuntó, es evitar el adoctrinamiento para que el aula sea un verdadero espacio de reflexión y análisis.
Asimismo, Pumariega destacó la existencia de gobiernos estudiantiles independientes en cada recinto, elegidos por los propios estudiantes sin injerencia de la administración. Estos organismos representan las necesidades reales de los alumnos, como ocurrió recientemente cuando solicitaron más servicios de salud mental y la institución los implementó. Esta dinámica de participación cívica y autonomía es inconcebible bajo el sistema impuesto por las autoridades de la isla, donde las organizaciones estudiantiles universitarias funcionan como correas de transmisión del Partido Comunista, reprimiendo cualquier intento de protesta o demanda legítima.
El abismo digital y el colapso educativo en la isla
La conversación también abordó las deficiencias estructurales de la educación en Cuba, particularmente el acceso a la red. Pumariega señaló que en la era moderna, sin internet, un estudiante queda rezagado, limitando sus oportunidades de investigación y conexión con el conocimiento global. En el MDC, el acceso a internet es gratuito en todos los recintos. Esta realidad contrasta dramáticamente con la situación en la isla, donde recientemente estudiantes universitarios se vieron obligados a protestar debido a que el ejecutivo cubano elevó los precios del internet a niveles inaccesibles, agravando la brecha digital y el aislamiento académico de la juventud.

“Cuba democrática debe enseñar a pensar, no a obedecer”
El déficit en la conectividad es solo la punta del iceberg del colapso sistémico que atraviesa la nación caribeña. La educación superior en Cuba sufre de un proceso acelerado de descapitalización, falta de materiales bibliográficos actualizados, éxodo masivo de docentes hacia otros sectores económicos o hacia el extranjero, e infraestructuras en ruinas. Mientras la inflación galopante destruye el poder adquisitivo de los salarios, los profesores universitarios ganan en moneda nacional un equivalente a unos pocos dólares mensuales, haciendo inviable la dedicación exclusiva a la docencia. El régimen de La Habana ha priorizado el control ideológico sobre la formación académica real, dejando a las nuevas generaciones sin las herramientas necesarias para competir en una economía globalizada.
Históricamente, tras el triunfo de la revolución, la dictadura cubana desmanteló la autonomía universitaria que existía desde la República. La depuración de profesores disidentes en los años 60 y la subordinación de los planes de estudio a la ideología marxista-leninista transformaron a la universidad en un centro de adoctrinamiento. Esta política, sostenida durante más de seis décadas, es la responsable directa de la degradación intelectual y técnica que hoy sufre el país, donde los profesionales se ven forzados a emigrar masivamente ante la falta de oportunidades y libertades.
Una hoja de ruta para la Cuba del futuro
Ante la eventualidad de una transición democrática en la isla, Pumariega ofreció recomendaciones concretas para una reforma educativa profunda. Propuso que los padres puedan elegir entre escuelas públicas, charter o privadas, y que la educación se enfoque en formar a través de las ciencias y la historia, eliminando el adoctrinamiento. Asimismo, urgió conectar las universidades con las industrias para preparar a los estudiantes para empleos reales, estableciendo con claridad los contenidos por asignatura y garantizando que el sistema apoye los principios democráticos, la libertad de expresión y las elecciones libres.

Madeline Pumariega (Foto: CubaNet)
La presidenta del MDC ilustró el poder transformador de la educación democrática con el ejemplo de su propia madre, quien llegó de Cuba, trabajó en una factoría, estudió inglés en el college, se graduó como maestra y logró comprar una casa para mejorar la vida de su familia. La educación, afirmó, transforma familias enteras y representa la esperanza para ascender económica y socialmente, un horizonte que el actual modelo político en Cuba le ha negado sistemáticamente a su pueblo.
La esperanza de un retorno en libertad
Finalmente, Pumariega expresó su anhelo de regresar a una Cuba libre. Sostuvo que no visitará la isla mientras continúe bajo el sistema comunista, una promesa que honra la memoria de sus abuelos y su madre, quienes murieron soñando con volver. Su padre, aún vivo, mantiene viva esa esperanza. La educadora aspira a caminar por Jagüey Grande y ver la escuela normal donde estudió su madre. Ese retorno, aunque tarde para sus antepasados, simboliza la reconciliación de una nación fracturada por décadas de autoritarismo y la urgente necesidad de reconstruir el país a través de la libertad, la meritocracia y el conocimiento.



