La dirigente opositora venezolana María Corina Machado aseguró este miércoles que el régimen de Nicolás Maduro atraviesa su etapa más frágil, expresando su confianza en una transformación democrática que podría extenderse y provocar un efecto dominó hacia otras dictaduras de la región, específicamente mencionando a Cuba y Nicaragua.
Durante una intervención telemática en el Foro del Grupo Libertad y Democracia, celebrado en el Ateneo de Madrid, Machado ofreció una radiografía detallada de la coyuntura política y social que atraviesa Venezuela. La también exdiputada subrayó que la reciente salida de cinco opositores que se encontraban refugiados en la Embajada de Argentina en Caracas, y cuyo destino final fueron los Estados Unidos, ha reforzado el optimismo de los sectores prodemocráticos. «Esto ha demostrado que la fractura en el aparato represivo es real, y esto nos dado una enorme confianza y entusiasmo», aseveró la líder opositora.
Machado calificó la evacuación de los refugiados como una «operación impecable», descrita por el oficialismo como una salida «negociada». Para la oposición, este hecho evidencia que Maduro no solo hace frente a una severa crisis económica, sino a un creciente proceso de presión ciudadana que demuestra que la población está decidida a hacer lo que sea necesario para recuperar la institucionalidad. La dirigente insistió en que Venezuela no vive bajo un régimen autoritario convencional, sino bajo una «estructura criminal» encabezada por el propio Maduro.
«Él es el jefe de esa estructura», aseveró Machado, quien también destacó que las tácticas de amedrentamiento utilizadas por el ejecutivo venezolano han sido tipificadas. «El terror que ellos quieren es considerado terrorismo de Estado por parte de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos», indicó. En este sentido, advirtió que, a pesar de contar con vastos recursos naturales, Venezuela tiene «la población más pobre del continente», una paradoja que atribuyó directamente a la corrupción y al desmantelamiento institucional promovido por el chavismo durante las últimas dos décadas.
En su análisis geopolítico, la líder opositora afirmó que los aliados tradicionales del régimen, como China y Rusia, ya no le brindan el mismo respaldo financiero y logístico. «Podrán lanzar declaraciones pero ya no pueden darle ni un centavo», sentenció. Esta pérdida de apoyo externo, sumada a la presión interna, configura un escenario inédito de vulnerabilidad para el oficialismo. Machado hizo un llamado a consolidar una alternativa democrática sólida, defendiendo la necesidad de construir una «sociedad formada con valores democráticos, consciente de lo que significa el ejercicio de estos valores», así como «organizada, con un liderazgo, dispuesta a servir al público».
El evento en Madrid también contó con la participación de Edmundo González, excandidato presidencial y reconocido en el acto como presidente electo por amplios sectores de la comunidad internacional. González denunció que el poder en Venezuela se sostiene en «redes criminales» más que en estructuras legítimas de gobierno. «Durante más de dos décadas hemos enfrentado un desmantelamiento de las instituciones, la cooptación de la economía y la persecución de la disidencia», expuso González, quien reiteró que la voluntad popular expresada en las urnas debe ser respetada para lograr una transición pacífica.
El impacto regional y la dependencia del régimen de La Habana
Las declaraciones de Machado tienen una resonancia directa en La Habana. La líder opositora enfatizó que su país está preparado para «dar el paso» hacia la libertad y convertirse en un modelo de cambio regional: «Venezuela será libre y será la primera vez en la historia que todo un continente se libere del comunismo y de las dictaduras». Al mencionar las alianzas internacionales del chavismo, Machado hizo especial énfasis en el respaldo histórico recibido por parte de regímenes autoritarios: «Construir una fuerza frente a un régimen apoyado por Rusia, China, Irán, Cuba…», apuntó, subrayando el papel de la isla como pilar de sostén y asesoría represiva en la región.
Para el gobierno cubano, la eventual caída o transición del chavismo representa una amenaza existencial. El régimen de La Habana depende vitalmente del flujo de petróleo venezolano y de los mecanismos de cooperación económica establecidos desde la era de Hugo Chávez. La interrupción o reducción de este apoyo aceleraría aún más el colapso estructural que ya sufre la isla, caracterizado por una hiperinflación galopante, el desabastecimiento crónico de bienes de primera necesidad, apagones prolongados y la incapacidad del Estado para mantener servicios públicos básicos como la salud y el transporte.
Además de la crisis económica, la dictadura cubana mantiene un control férreo sobre la sociedad a través de la represión política, la censura y la persecución a la disidencia, tácticas que han sido exportadas y perfeccionadas en conjunto con los servicios de inteligencia venezolanos. El éxodo migratorio cubano, que ha superado el medio millón de personas en los últimos años rumbo a Estados Unidos y otras naciones, es el síntoma más evidente del agotamiento del modelo impuesto por las autoridades de la isla. Un cambio de régimen en Caracas dejaría al ejecutivo cubano en un aislamiento geopolítico mucho más profundo, privado de su principal aliado económico y geoestratégico.
Antecedentes de una alianza sostenida por el autoritarismo
La relación entre Cuba y Venezuela se consolidó a inicios del siglo XXI con la creación del ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América). A través de este mecanismo, el gobierno cubano intercambió servicios médicos, deportivos y de inteligencia por hidrocarburos subsidiados. Esta simbiosis permitió a las autoridades de la isla mantener a flote su economía centralizada tras la pérdida del subsidio soviético, mientras proporcionaba a Caracas el aparato de control social necesario para institucionalizar el modelo chavista.
Sin embargo, cada vez que Venezuela ha atravesado crisis internas, el impacto en Cuba ha sido inmediato. Durante los años de hiperinflación en Venezuela y la caída de la producción petrolera entre 2014 y 2019, el envío de crudo a la isla se redujo drásticamente, lo que provocó escasez de combustible en Cuba y paralizó sectores clave de su economía. La actual debilidad de Maduro, señalada por Machado, reaviva el temor en la nomenclatura cubana de un escenario similar o peor, en el que el soporte energético desaparezca por completo en medio de una crisis sistémica no resuelta.
El futuro político de Venezuela se perfila, por tanto, como un factor determinante para la estabilidad del autoritarismo en el Caribe. Si las fuerzas democráticas logran fracturar definitivamente el aparato represivo en Caracas, el efecto psicológico y político en la sociedad cubana podría ser catalizador. La comunidad internacional observa con atención estos desarrollos, consciente de que la democratización de Venezuela no solo aliviaría la crisis migratoria y humanitaria en el continente, sino que también aislaría a la dictadura cubana y al régimen de Daniel Ortega en Nicaragua, acorralando a los últimos bastiones del autoritarismo en América Latina.



