Aleida Guevara March, hija del guerrillero Ernesto «Che» Guevara y visible vocera del sistema político cubano, fue captada este fin de semana adquiriendo productos en una tienda en divisas en El Vedado. La situación expone una profunda contradicción con la imagen de austeridad y ciudadanía común que la propia figura intenta proyectar en sus recientes apariciones públicas, donde ha admitido percibir un salario estatal insuficiente para sobrevivir en el actual contexto económico de la isla.
Las imágenes, difundidas por el periodista Mario Pentón, muestran a Guevara March, médico pediatra retirada, interactuando con otros compradores en el área de cárnicos del mercado de 3ra y 70, uno de los establecimientos de la capital habanera que opera exclusivamente con moneda libremente convertible. Este tipo de comercios, conocidos popularmente como tiendas en dólares, son inaccesibles para la inmensa mayoría de la población cubana que depende de un salario en pesos nacionales y no cuenta con acceso a divisas o remesas del exterior.
La escena cobra mayor relevancia al contrastarse con las declaraciones ofrecidas por la propia Guevara March en julio de 2024, cuando reconoció que su salario mensual como profesional del sector estatal es de poco más de 4.000 pesos. En el actual mercado informal cubano, esa cantidad equivale a apenas 10 dólares estadounidenses, una suma que no alcanza ni para cubrir una semana de alimentación básica en medio de la inflación galopante que azota al país.
En esa misma intervención, la hija del Che Guevara ilustró la dramática situación de los precios en la isla, señalando que un queso puede costar 7.000 pesos (unos 17 dólares) y un cartón de huevos ha llegado a cotizarse en 3.000 pesos (7 dólares). «Dime, o como huevo o hago otra cosa, pero todo no puedo, no es posible», admitió entonces, procurando erigirse como una voz que comparte las vicisitudes del pueblo trabajador frente al colapso del poder adquisitivo.

Captada en cámara: hija del Che Guevara comprando en tienda en dólares de La Habana
El discurso oficial frente a la dolarización de facto
Ante este escenario, las autoridades de la isla han enfrentado un creciente descontento social que intentan mitigar con discursos que evitan reconocer el fracaso del modelo centralizado. Guevara March, en sintonía con la narrativa oficial, ha señalado que la situación económica es «muy, muy difícil» y ha atribuido el problema a la falta de control sobre los precios en lugar de a la ineficiencia estructural del Estado. «El salario que percibimos los trabajadores del Estado no da para vivir y eso es un serio problema en una sociedad socialista. Hay que resolver eso. No sé si aumentando el salario. Creo que no, lo correcto sería controlar los precios», argumentó.
La crítica al sector privado también ha sido una constante en el discurso de la heredera de la revolución. En mayo de 2024, Guevara March alertó sobre los riesgos de las micro, pequeñas y medianas empresas (MIPYMES) en Cuba, acusándolas de importar en moneda extranjera y vender a altos precios, lo que, según su visión, genera desigualdades. «Alguna gente dice: ‘pero si se controlan los precios las mipymes dejarían de importar’. ¡Bueno pues que dejen de importar! Si nosotros cuando el período especial vivimos sin esas importaciones y vivimos mejor en ese sentido», destacó, añorando una época de carencias generalizadas.
Estas declaraciones revelan una perspectiva que prefiere estandarizar la miseria antes que permitir la prosperidad individual mediante la libre empresa, un concepto anatema para la ideología del régimen de La Habana. Para la cúpula del poder, la igualdad se ha interpretado históricamente como la distribución uniforme de la pobreza, mientras que los privilegios se reservan para una élite que tiene acceso a divisas, tiendas exclusivas y bienes de consumo que el ciudadano común jamás podrá adquirir con su trabajo formal.
El emporio comercial de la familia Guevara
El caso de Aleida Guevara no es un hecho aislado, sino un reflejo de la hipocresía sistémica de la dirigencia cubana. Una investigación reciente llevada a cabo por el medio independiente Cubanet reveló que la familia de Guevara administra desde La Habana un emporio comercial internacional bajo la marca «Che Guevara». Este conglomerado abarca negocios que van desde la comercialización de ropa y bebidas hasta cafeterías, franquicias y millonarios acuerdos editoriales con grupos extranjeros, lo que sitúa a sus beneficiarios muy por encima del nivel de vida del cubano promedio.
El acceso a estos negocios y a las divisas necesarias para comerciar en tiendas como la de 3ra y 70 demuestra que el salario estatal de 4.000 pesos es solo una referencia retórica para figuras como Guevara March. Mientras la población se ve obligada a enfrentar largas colas y mercados negros para conseguir alimentos básicos, la nomenklatura y sus herederos mantienen un nivel de vida que solo es posible gracias a la explotación del capital simbólico de la revolución y a sus conexiones con el aparato estatal.
Contexto: El colapso estructural y el apartheid comercial
Este escrutinio sobre los privilegios de la dirigencia ocurre en medio de la peor crisis económica que ha enfrentado la isla desde la década de 1990. La inflación incontrolada, la depreciación del peso cubano y el colapso de los servicios públicos básicos, como el suministro eléctrico y el sistema de salud, han empujado a millones de personas a la pobreza extrema. La incapacidad del gobierno cubano para generar riqueza mediante la producción nacional ha derivado en una dependencia absoluta de las remesas y del turismo, sectores que han sido severamente golpeados en los últimos años.
La dolarización impuesta por el ejecutivo cubano para captar divisas ha creado un sistema de apartheid comercial. Mientras la población se ve obligada a hacer colas interminables para adquirir alimentos subsidiados de mala calidad en pesos, la élite gobernante y quienes reciben ayuda del exterior acceden a mercados repletos de productos importados. Esta brecha ha profundizado la fractura social y alimentado el éxodo migratorio masivo hacia Estados Unidos y otras naciones de la región, debilitando aún más la fuerza laboral del país y la ya mermada base productiva.
Históricamente, el castrismo ha utilizado a figuras como Aleida Guevara para mantener viva la iconografía revolucionaria y legitimar el control autoritario del Estado. Sin embargo, la dictadura cubana ha mantenido un férreo control sobre la información y la economía, impidiendo el desarrollo de una sociedad civil que pueda exigir rendición de cuentas sobre el patrimonio de sus líderes. Desde la creación de las primeras tiendas en dólares durante el Período Especial, quedó claro que la dirigencia no estaba dispuesta a sufrir las mismas privaciones que el resto de la población.
Las imágenes de Guevara March en el mercado de 3ra y 70 desmantelan el mito de la igualdad socialista y exponen la desconexión total entre la retórica oficial y la realidad material de la dirigencia. Para la ciudadanía, estas escenas representan una bofetada a su esfuerzo diario por sobrevivir. Mientras el régimen insista en culpabilizar a actores externos o al sector privado de la crisis, y se niegue a democratizar la economía y la política, la frustración social seguirá en aumento. La comunidad internacional y los observadores de derechos humanos continúan documentando estas desigualdades, que no son más que el síntoma de un sistema que ha fracasado en proveer lo más básico para su pueblo, mientras blinda el bienestar y la capacidad de consumo en divisas de su cúpula.



