Domingo, 27 de septiembre de 2026
ÚLTIMA HORA
Economia

El régimen anuncia la reconexión del SEN, pero el 65% de Cuba permanecerá a oscuras por un déficit histórico

El régimen anuncia la reconexión del SEN, pero el 65% de Cuba permanecerá a oscuras por un déficit histórico

La Unión Eléctrica (UNE) confirmó la reconexión técnica del Sistema Electroenergético Nacional (SEN) tras el octavo colapso total registrado este año; sin embargo, la falta de capacidad generadora mantendrá sin servicio a casi dos tercios de la población durante el horario pico. El desplome de la infraestructura energética evidencia el fracaso de las políticas del gobierno cubano y agudiza la crisis social en la isla.

Tras el severo apagón del pasado viernes 18 de septiembre, que dejó a millones de cubanos sin suministro eléctrico de forma simultánea, las autoridades de la isla informaron sobre la reconexión de la red nacional. El incidente, que marcó el octavo colapso total del SEN en lo que va de 2026, fue provocado por el disparo sucesivo de las líneas de transmisión de 220 kilovatios (kV) que conectan Matanzas con Cienfuegos y Matanzas con Santa Clara. No obstante, la supuesta normalización técnica de la red no se ha traducido en una mejoría tangible para los ciudadanos.

La realidad que enfrenta la población es diametralmente opuesta a los informes optimistas de la empresa estatal. Aunque el sistema de transmisión está nominalmente conectado, la capacidad para generar electricidad sigue profundamente mermada. El déficit estructural se mantiene debido a la combinación de averías técnicas en plantas clave, mantenimientos programados que se prolongan indefinidamente y la escasez crónica de combustible para alimentar las unidades operativas.

Un sistema generador al borde del colapso total

El parte diario emitido por la UNE detalla una situación crítica en las principales termoeléctricas del país. Se encuentran fuera de servicio por averías la unidad 8 de la Central Térmica (CTE) Mariel, la unidad de la CTE Guiteras, la unidad 2 de la CTE Felton y la unidad 3 de la CTE Renté. A estas salidas forzosas se suman los mantenimientos programados en las centrales de Santa Cruz, Nuevitas y el bloque 5 de Renté, lo que reduce drásticamente la capacidad instalada disponible.

Las cifras expuestas por el propio ejecutivo cubano son elocuentes respecto a la gravedad de la crisis. Para la hora de máxima demanda, se prevé una disponibilidad de apenas 1.160 megavatios (MW), frente a un consumo estimado que alcanza los 3.200 MW. El informe oficial reconoce abiertamente un déficit de 2.040 MW, lo que se traducirá en una afectación pronosticada de 2.070 MW durante el horario pico. En términos prácticos, el SEN es incapaz de cubrir ni la mitad de la demanda nacional de energía.

A la parálisis de las grandes plantas generadoras se suma el paro de numerosos grupos de generación distribuida, una red que el gobierno cubano implementó en décadas pasadas como solución paliativa a los apagones, pero que hoy opera con la misma ineficiencia. La causa principal de esta paralización es la falta de combustible importado, un problema que persiste debido a la incapacidad financiera del régimen de La Habana para asegurar cadenas de suministro estables en el mercado internacional.

Contexto: El colapso energético como síntoma de la crisis estructural

La crisis eléctrica no es un fenómeno aislado, sino la manifestación más visible del deterioro estructural que sufre Cuba en múltiples frentes. La falta de mantenimiento de la infraestructura energética, que en gran parte supera ya su vida útil, es consecuencia directa de décadas de mala planificación, ausencia de inversión y corrupción interna. Este escenario se entrelaza con la hiperinflación, el desabastecimiento crónico de alimentos y medicamentos, y un éxodo migratorio sin precedentes que ha vaciado al país de su fuerza laboral.

El impacto de estos apagones prolongados trasciende la incomodidad doméstica. La interrupción constante del servicio eléctrico colapsa el ya frágil sistema de salud pública, afectando la conservación de medicamentos y el funcionamiento de equipos médicos vitales. Asimismo, paraliza la economía informal y formal, destruye alimentos en hogares que carecen de refrigeración adecuada y agrava la crisis del suministro de agua, dependiente en su mayoría de sistemas de bombeo eléctrico.

Antecedentes de una infraestructura envejecida

Para comprender la magnitud del problema, es necesario remontarse a la llamada «Revolución Energética» impulsada a mediados de la primera década del siglo XXI, que prometió resolver los apagones mediante la instalación de generadores diésel distribuidos por todo el país. Esta solución, costosa e ineficiente, creó una dependencia absoluta del combustible importado sin modernizar la red de transmisión ni construir nuevas plantas de tecnología avanzada. Hoy, el país paga las consecuencias de una política cortoplacista que privilegió el paliativo sobre la inversión sostenible.

Los apagones masivos han sido una constante en la historia reciente de la isla, pero la frecuencia de los colapsos totales del SEN ha aumentado de manera alarmante en los últimos años. La dependencia de aliados como Venezuela y Rusia para el suministro de petróleo ha demostrado ser insuficiente y errática, dejando a la población a merced de las fluctuaciones geopolíticas y de la incapacidad logística del régimen para gestionar los recursos que recibe.

Respuesta social y represión estatal

El desespero ciudadano ante la falta de electricidad, que en muchas regiones supera las 12 y 14 horas diarias, ha comenzado a desbordar los mecanismos de control social. En varias localidades de la isla se han reportado repuntes de protestas espontáneas, cacerolazos y manifestaciones populares en respuesta al progresivo deterioro de las condiciones de vida. La indignación crece en barrios donde la oscuridad se convierte en caldo de cultivo para la inseguridad ciudadana y la desesperación.

Ante este escenario de descontento social, la dictadura cubana ha optado por su histórica estrategia: la combinación de discursos victimistas que culpan al embargo estadounidense, junto al despliegue de fuerzas de seguridad para disuadir y reprimir las protestas. La criminalización de la inconformidad ciudadana y la censura de quienes difunden imágenes de las manifestaciones en redes sociales confirman la naturaleza autoritaria del poder, que prioriza el control político sobre el bienestar de la población.

Implicaciones a futuro

El panorama a corto y mediano plazo es desalentador. Sin una inyección masiva de capital extranjero que el régimen de La Habana no parece capaz de atraer debido a su falta de credibilidad y garantías jurídicas, la red eléctrica continuará degradándose. Cada nuevo colapso del SEN daña aún más los equipos de generación y transmisión, creando un círculo vicioso de averías que se torna cada vez más difícil de revertir.

La comunidad internacional observa con cautela el deterioro de la mayor de las Antillas, mientras la población cubana sigue soportando el peso de un modelo económico y político agotado. Las promesas de reconexión técnica de la UNE son, en la práctica, un espejismo que oculta una realidad ineludible: el Estado ha perdido la capacidad de garantizar uno de los servicios públicos más básicos. Mientras tanto, la paciencia de los ciudadanos se agota en la oscuridad, augurando un escenario de mayor inestabilidad social si las condiciones de vida no mejoran sustancialmente.

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya
Escrito por

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya

Equipo editorial de Reporte Cuba Ya, medio digital independiente especializado en noticias de Cuba. Cubrimos politica, derechos humanos, economia, feminicidios, presos politicos, oposicion y la crisis humanitaria en la isla. Nuestro compromiso es la veracidad, la independencia editorial y el rigor periodistico.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.Los campos obligatorios están marcados con *

Mantente Informado

Recibe las noticias más importantes de Cuba directamente en tu correo.