La tradicional feria de verano «Arte en La Rampa», organizada por Artex en el Pabellón Cuba de El Vedado, ha abierto sus puertas en medio de una profunda crisis económica que ha transformado un evento cultural popular en un espacio inaccesible para la mayoría de los cubanos. Con un área de exposición notablemente reducida y precios exorbitantes, la edición actual evidencia el deterioro del poder adquisitivo en la isla y la desconexión del régimen de La Habana con la realidad social.
El recinto ferial abrió sus puertas este 11 de julio, fecha que marca el cuarto aniversario de las históricas protestas antigubernamentales de 2021. La elección de esta jornada para el inicio de las actividades veraniegas no parece casual, en un esfuerzo evidente de las autoridades de la isla por proyectar una imagen de normalidad y orden social. Sin embargo, la realidad dentro y fuera del Pabellón Cuba contrasta drásticamente con esa narrativa oficial de tranquilidad.
La feria, que se extenderá hasta el 31 de agosto, ha perdido el dinamismo de ediciones anteriores. Uno de los primeros indicadores de este declive es el costo de la entrada, que ha escalado de los 4 pesos en sus inicios a los 50 pesos actuales. Este aumento, sumado a la escasa promoción, ha eliminado las tradicionales colas en la puerta. El acceso al recinto se realiza ahora sin aglomeraciones, un síntoma claro de cómo el encarecimiento de la vida cotidiana ha desplazado el ocio cultural a un segundo plano para la población.
El área de exposición ha sufrido una notable reducción. Artesanos y expositores que tradicionalmente participaban en el evento han decidido ausentarse este año. La causa principal radica en que el costo del arrendamiento de los espacios y los gastos operativos dentro del recinto superan con creces las posibles ganancias en un mercado deprimido. La oferta se mantiene estancada, repitiendo los mismos productos y disposiciones de años anteriores, pero en menor cantidad y sin la presencia de obras de artistas plásticos, sustituidas por decorados murales.

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Los precios de las mercancías disponibles son un reflejo directo de la inflación descontrolada que sufre el país. Artículos de uso común como sandalias de mujer oscilan entre los 2.000 y los 6.000 pesos, mientras que un par de zapatos de hombre puede costar hasta 12.000 pesos. La ropa femenina se oferta entre 2.500 y 8.000 pesos, y las mochilas alcanzan los 5.000 pesos. Incluso los objetos de menor valor, como espigas de flores de papel o pequeñas tacitas de barro, tienen precios que van desde los 100 hasta los 800 pesos, cifras inalcanzables para un salario medio estatal.
La oferta gastronómica tampoco escapa a esta tendencia alcista y ha visto reducida su variedad. Los refrigerios más económicos, como los tamales, cuestan 180 pesos, y las mazorcas de maíz asadas se mantienen como una de las opciones más solicitadas por su relativo bajo costo. Una simple taza de café cuesta 80 pesos, pero si se desea expreso, el precio asciende a 200. Las palomitas de maíz oscilan entre 50 y 200 pesos. En este escenario, el producto de mayor venta dentro del Pabellón resulta ser la cerveza, un dato que ilustra la búsqueda de evasión en una población sumida en la frustración. No es de extrañar que los asistentes susurren que el lugar está concebido «para ricos y extranjeros».
En cuanto a la propuesta cultural, la monotonía es la tónica dominante. Las actividades en la plataforma central y La Pérgola incluyen presentaciones de grupos como La Colmenita, un modelo teatral infantil ideado por Fidel Castro que se ha multiplicado por el país sin variar su estructura. Durante los fines de semana, estos grupos interpretan música para un público escaso, evidenciando la desconexión entre la oferta cultural patrocinada por el Estado y los intereses reales de una ciudadanía abrumada por la subsistencia.
Un microcosmos de la crisis estructural cubana
El estado actual de «Arte en La Rampa» no es un fenómeno aislado, sino un síntoma más de la profunda crisis estructural que atraviesa Cuba. La inflación galopante, resultado de la fracasada Ordenamiento Monetario implementada por el gobierno cubano en 2021, ha destruido el poder adquisitivo de la población. Con un salario medio que apenas supera los 4.000 pesos mensuales, el acceso a bienes considerados básicos se ha vuelto un lujo, y la participación en eventos comerciales como esta feria resulta materialmente imposible para amplios sectores de la sociedad.
La feria expone además la naturaleza de la economía dual que impera en la isla. Mientras la mayoría de los cubanos luchan por conseguir alimentos básicos en mercados agropecuarios con precios en ascenso, espacios como el Pabellón Cuba operan con una lógica orientada al turismo, las remesas y una incipiente clase burguesa beneficiada por las recientes medidas económicas. Esta brecha de desigualdad se profundiza en un contexto donde la dictadura cubana mantiene un estricto control sobre la propiedad y la iniciativa privada, limitando el desarrollo económico real y reprimiendo cualquier intento de autonomía empresarial.
El éxodo migratorio masivo de los últimos años, que ha visto partir a cientos de miles de cubanos, también ha dejado su huella en estos espacios culturales. La falta de renovación en las ofertas artesanales y la ausencia de obras de artistas plásticos reflejan la fuga de talentos y el agotamiento del sector cultural. El desabastecimiento crónico de materias primas limita la capacidad de los creadores para producir, mientras que el mercado interno se contrae ante la imposibilidad de los ciudadanos de consumir.
De espacio cultural a símbolo de exclusión
Historicamente, «Arte en La Rampa» nació hace más de dos décadas con el propósito de ser un punto de encuentro accesible para la promoción de la artesanía, las artes plásticas y la cultura popular. En sus primeros años, el evento era un referente del verano habanero, con una amplia afluencia de público que podía adquirir obras y productos a precios asequibles. La evolución del recinto ferial hasta su estado actual traza la trayectoria descendente de la economía nacional, pasando de ser un espacio de integración social a un nicho de mercado excluyente.
Consecuencias y panorama futuro
La decadencia de «Arte en La Rampa» es un espejo del fracaso de las políticas económicas del régimen de La Habana. La conversión de un evento cultural popular en un espacio inaccesible envía un mensaje claro sobre la prioridad del ejecutivo cubano: el mantenimiento de las apariencias y la captación de divisas por encima del bienestar de la población. Mientras la crisis se profundice y las libertades económicas y políticas sigan restringidas, es probable que más espacios de la vida cotidiana cubana se conviertan en burbujas ajenas a la realidad nacional. La apatía social, visible en las butacas vacías frente a La Colmenita y en los pasillos desolados del Pabellón Cuba, es el termómetro más preciso del agotamiento de un modelo que ha fracasado en proveer lo más elemental para su pueblo.



