Domingo, 27 de septiembre de 2026
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Una parroquia en Santiago de Cuba suple la inoperancia estatal y alimenta a 310 personas en medio del colapso energético

Una parroquia en Santiago de Cuba suple la inoperancia estatal y alimenta a 310 personas en medio del colapso energético

El sacerdote Rodhin Alonso Colomar, párroco de la Misión San Pedro Apóstol en el Reparto Flores de Santiago de Cuba, logró repartir almuerzos a 310 personas vulnerables en las últimas horas. La iniciativa, surgida de la solidaridad ciudadana y los escasos recursos de la iglesia católica, evidencia la profundidad de la crisis humanitaria que atraviesa la isla, donde los apagones superan las dos semanas continuas y el Estado ha abandonado a su suerte a cientos de miles de familias que no logran garantizar una ingesta diaria.

La acción humanitaria se desarrolló en la referida misión ubicada en la ciudad oriental, uno de los territorios más castigados por la deficiencia del Sistema Electroenergético Nacional (SEN) y la escasez crónica de agua potable. El menú, modesto pero vital en el contexto actual, consistió en arroz amarillo, vianda hervida, vegetales y salchicha. La jornada estuvo marcada por el esfuerzo voluntario de vecinos y feligreses que, a pesar de sus propias carencias, se unieron para cocinar y distribuir los alimentos frente a la total pasividad de las instituciones gubernamentales.

«Hoy se beneficiaron 310 personas en el almuerzo comunitario para necesitados. Gracias a Dios y a los donantes por esta oportunidad de servir», publicó el padre Alonso Colomar en sus redes sociales tras concluir la actividad. El religioso ha consolidado este tipo de iniciativas desde el año 2024, cuando el deterioro de las condiciones de vida en la antigua provincia de Oriente comenzó a escalar a niveles sin precedentes en las últimas décadas, convirtiendo a los templos en los últimos reductos de asistencia social real.

La labor del párroco trasciende el ámbito espiritual para convertirse en un acto de resistencia civil y supervivencia en un entorno marcado por la desprotección institucional absoluta. En Santiago de Cuba, los cortes de electricidad pueden prolongarse por más de 20 días seguidos, una situación que no solo imposibilita la cocción de los alimentos en los hogares, sino que también provoca la rápida descomposición de los pocos productos perecederos que las familias logran adquirir en los mercados estatales o en la economía informal.

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El colapso estructural y el silencio oficial

El almuerzo comunitario en el Reparto Flores es un síntoma más de la fractura estructural que padece la nación. El régimen de La Habana ha demostrado una incapacidad crónica para garantizar los servicios básicos, delegando de facto la responsabilidad de la seguridad alimentaria a la caridad privada, a las ONG y a las remesas familiares. Mientras el gobierno cubano insiste en narrativas que atribuyen la crisis a sanciones externas, la realidad en las calles demuestra un colapso de la producción nacional, una infraestructura energética obsoleta y una red de distribución acaparada, ineficiente y corrupta.

La inflación galopante ha licuado los salarios estatales, haciendo que la canasta básica sea inalcanzable para la mayoría de la población que no recibe divisas del exterior. El precio de los alimentos en los mercados agropecuarios ha superado en varias veces el salario medio mensual del país, situando a amplios sectores de la población por debajo del umbral de la pobreza extrema. En este escenario, las iglesias, operando con limitadísimos recursos, han asumido un rol de auxilio que en cualquier Estado funcional correspondería a las instituciones públicas.

La situación en la región oriental es particularmente alarmante debido a la combinación de la crisis energética con el clima. Las autoridades de la isla han impuesto cortes de luz que en algunas zonas superan las 18 horas diarias, afectando el bombeo de agua y paralizando la ya mermada actividad económica local. La falta de respuesta del ejecutivo cubano ha generado un creciente descontento social que, en ocasiones, ha derivado en protestas espontáneas, las cuales son rápidamente silenciadas mediante el despliegue de fuerzas represivas y la amenaza de encarcelamiento.

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La Iglesia como refugio ante el abandono estatal

El papel de la Iglesia Católica y otras denominaciones religiosas en Cuba ha mutado en los últimos años, pasando de ser un espacio exclusivamente de culto a funcionar como un punto de apoyo humanitario y de contención social. Desde la crisis provocada por la pandemia de COVID-19, diversas parroquias han tenido que organizar ollas comunes, recolección de medicamentos y distribución de ropa para paliar las deficiencias del sistema de salud y de asistencia social del país, tareas que realizan bajo la estrecha vigilancia del aparato estatal.

El padre Alonso Colomar no es una excepción, sino parte de un clero que ha decidido llenar el vacío dejado por el Estado. En ciudades como Santiago de Cuba, donde el calor extremo y la humedad se suman a la falta de electricidad, la desesperación ciudadana ha empujado a los líderes religiosos a buscar alternativas de supervivencia comunitaria. Sin embargo, estas acciones, aunque heroicas, resultan estadísticamente insuficientes frente a la magnitud de una crisis que afecta a millones de personas en todo el territorio nacional.

El régimen mantiene un control férreo sobre la producción y distribución de alimentos, impidiendo que los productores privados y cooperativistas puedan operar con libertad para abastecer al mercado. Las políticas agrícolas restrictivas, la falta de insumos básicos como fertilizantes y combustible, y el acaparamiento institucional han provocado que tierras fértiles queden improductivas, profundizando la dependencia alimentaria y la miseria tanto en las zonas rurales como en los cinturones de miseria urbanos.

Un futuro incierto bajo la represión

Las consecuencias de este modelo fallido se traducen en un éxodo migratorio sin precedentes que continúa vaciando al país de su fuerza laboral y juvenil. La imposibilidad de acceder a una alimentación digna, sumada a la persecución política y el colapso de los servicios públicos, ha motivado a cientos de miles de cubanos a abandonar la isla en los últimos años. Los que se quedan, como los 310 beneficiarios del almuerzo en Santiago de Cuba, dependen cada vez más de la caridad y de la solidaridad vecinal para evitar la inanición.

Mientras la dictadura cubana priorice el control social, la propaganda y la represión sobre el bienestar de la población, escenarios como el del Reparto Flores se multiplicarán por toda la geografía nacional. La comunidad internacional y las organizaciones de derechos humanos continúan documentando el deterioro acelerado de las condiciones de vida en la isla, pero la falta de una respuesta efectiva que obligue al régimen a abrir espacios democráticos y a implementar reformas económicas reales augura un periodo de mayor escasez, oscuridad y desesperación para los ciudadanos de a pie.

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya
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Equipo Editorial Reporte Cuba Ya

Equipo editorial de Reporte Cuba Ya, medio digital independiente especializado en noticias de Cuba. Cubrimos politica, derechos humanos, economia, feminicidios, presos politicos, oposicion y la crisis humanitaria en la isla. Nuestro compromiso es la veracidad, la independencia editorial y el rigor periodistico.

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