La especialista en salud mental, conocida por millones de latinoamericanos por su participación en Caso Cerrado, revela los pormenores de su salida abrupta del programa de Telemundo, los riesgos de su práctica clínica con pacientes forenses y el agotamiento emocional que la empuja hacia el retiro. Su trayectoria es también la historia de una cubana que tuvo que emigrar para prosperar profesionalmente, como cientos de miles de compatriotas obligados a abandonar la isla por la falta de oportunidades.
Durante más de trece años, la psicóloga Vivian González fue una de las figuras más reconocibles de Caso Cerrado, el programa de Telemundo conducido por la abogada Ana María Polo que alcanzó audiencias millonarias en toda la diáspora latinoamericana. Con su porte sereno, su lenguaje técnico accesible y una empatía que trascendía la pantalla, González se convirtió en un referente para los televidentes que seguían los casos más emotivos y complejos del show. Su papel consistía en aportar una mirada profesional a conflictos familiares, relaciones tóxicas y dramas personales que, aunque presentados en formato de entretenimiento, tocaban problemas sociales profundos que afectan a comunidades enteras, incluida la cubana.
Sin embargo, su salida del programa en 2016 generó especulaciones que persistieron durante años. Como ella misma explicó en una entrevista en 2018, su desvinculación no fue comunicada de manera formal por la producción. «A mí nunca me llamaron cuando se abrió la nueva temporada de Caso Cerrado», reveló. Aunque reconoce la oportunidad que el programa le brindó y valora los años compartidos con Polo, admitió que existieron discrepancias que nunca se aclararon del todo. Esta falta de transparencia en la comunicación institucional, paradójicamente, evoca dinámicas burocráticas que muchos cubanos conocen demasiado bien: decisiones tomadas desde arriba sin explicación ni consulta a los afectados.
El lado oscuro de la práctica clínica: agresiones, robos y situaciones límite
Actualmente, Vivian continúa al frente de su clínica Outpatient Psy Care, fundada en 1995, donde ha acumulado experiencias tan intensas como peligrosas. En una reciente conversación en el programa La Casa de Maka, la psicóloga relató episodios que pocas veces se asocian con la práctica de la salud mental: agresiones físicas, robos y situaciones límite con pacientes, particularmente del ámbito forense. «A mí me han hecho de todo», afirmó con una mezcla de resignación y sorpresa, recordando incidentes que van desde el robo de su automóvil hasta episodios de acoso durante evaluaciones psicológicas con individuos vinculados al sistema judicial.

Dra. Vivian González habla de su familia y cuenta todo de Caso Cerrado y de la Dra. Ana María Polo.
Estas experiencias reflejan una realidad que va más allá del ámbito individual de González. La violencia creciente en sectores de la sociedad estadounidense, particularmente en comunidades con altos índices de marginalidad, es un fenómeno que también guarda paralelismos con el deterioro social que experimenta Cuba. En la isla, la falta de atención en salud mental, el colapso del sistema hospitalario y la ausencia de programas de rehabilitación para personas con trastornos psiquiátricos han generado una crisis silenciosa que el régimen de La Habana se niega a reconocer públicamente. Mientras profesionales como Vivian atienden en el exilio las heridas psicológicas de comunidades enteras, dentro de Cuba los recursos para la salud mental brillan por su ausencia.
De Pinar del Río a Miami: una trayectoria forjada en la emigración
Vivian González nació en Pinar del Río, la provincia más occidental de Cuba, y emigró a Estados Unidos con apenas nueve años. Su formación académica se desarrolló entre Puerto Rico y Miami, donde construyó una carrera sólida en neuropsicología, una disciplina que inicialmente no estaba en sus planes. Soñaba con ser neurocirujana, pero una fobia a la sangre la obligó a redirigir su vocación hacia la psicología, especialidad en la que ha desarrollado un enfoque terapéutico centrado en la reestructuración cognitiva. «Cuando tú cambias la forma en que piensas, cambias la forma en que sientes y actúas», reflexionó, sintetizando la filosofía que ha guiado su práctica durante más de cuatro décadas.
El recorrido de González es representativo de una generación de cubanos que tuvieron que abandonar la isla en busca de condiciones mínimas para desarrollarse profesionalmente. Desde los primeros éxodos hasta las olas migratorias recientes, el gobierno cubano ha perdido a miles de profesionales de la salud, incluidos psicólogos, psiquiatras y neurocientíficos, que ante la imposibilidad de ejercer con dignidad dentro del país optaron por emigrar. Las autoridades de la isla celebran estadísticamente la cantidad de médicos que envían a misiones internacionalizadas, pero silencian la fuga de cerebros que ha dejado al sistema sanitario nacional en estado crítico, con hospitales deteriorados, salas vacías y especialistas que prefieren conducir taxis o vender productos importados antes que ejercer su profesión por salarios que no alcanzan para cubrir necesidades básicas.

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El desgaste emocional de quien escucha el dolor ajeno
Tras décadas de trabajo clínico, González admite sentirse emocionalmente agotada. «Salgo exhausta. El otro día lloré después de ver ocho pacientes», confesó en su entrevista. Este desgaste, combinado con una sensibilidad profunda ante el sufrimiento humano, la ha llevado a contemplar el retiro. «Siento que me estoy gastando emocionalmente… lo cual significa que llegó el momento de comenzar a retirarme», dijo entre risas nostálgicas. El síndrome de burnout o desgaste profesional por empatía es una condición que afecta especialmente a quienes trabajan en salud mental, y que en Cuba rara vez se diagnostica o trata, dado el precario estado de los servicios psicológicos públicos.
La psicóloga también aprovechó la ocasión para desmentir rumores que circularon durante años sobre supuestas relaciones personales con colegas del programa. «Para mí, Misael es como un hermano», aclaró en referencia al doctor Misael González, quien la recomendó para incorporarse a Caso Cerrado. Sobre Ana María Polo, aseguró no haber mantenido contacto tras su salida del programa, aunque le desea lo mejor: «Sé que está bien, disfrutando de la vida, como merece». La aclaración pone fin a años de especulaciones que, en la era de las redes sociales, se amplifican sin control y que en el caso de figuras cubanas del exilio suelen mezclarse con narrativas políticas y campañas de descrédito que el régimen de La Habana ha utilizado históricamente contra personalidades que han ganado notoriedad fuera de la isla.
La crisis de salud mental en Cuba: un tema tabú
El recorrido profesional de Vivian González adquiere una dimensión particular cuando se observa desde la realidad cubana contemporánea. La salud mental en Cuba es uno de los temas más invisibilizados por el ejecutivo cubano. Aunque existen instituciones como el Hospital Psiquiátrico de La Habana —conocido popularmente como Mazorra—, las condiciones en estos centros han sido denunciadas reiteradamente por organizaciones de derechos humanos y familiares de pacientes. Hacinamiento, falta de medicación, ausencia de terapias especializadas y personal insuficiente son algunas de las problemáticas que caracterizan al sistema de atención psiquiátrica en la isla, todo ello agravado por una crisis económica que no da señales de revertirse.
El colapso estructural de Cuba se manifiesta también en el ámbito psicológico. La inflación descontrolada, el desabastecimiento crónico de alimentos y medicinas, los apagones prolongados y la incertidumbre permanente han generado niveles de estrés y ansiedad que la población cubana enfrenta sin recursos profesionales adecuados. El éxodo migratorio masivo de los últimos años —que ha superado el medio millón de personas solo entre 2022 y 2023 según datos de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos— ha dejado a miles de familias separadas, con consecuencias emocionales devastadoras que ningún sistema público está en condiciones de atender. Mientras tanto, las autoridades de la isla priorizan el control represivo sobre el bienestar ciudadano, destinando recursos a la vigilancia y el hostigamiento de opositores antes que a la atención psicológica de una población cada vez más vulnerable.
El exilio profesional y el silencio oficial
La trayectoria de Vivian González ilustra un fenómeno que el gobierno cubano prefiere omitir: el talento profesional que florece fuera de las fronteras nacionales porque dentro de ellas las condiciones son insostenibles. No se trata únicamente de médicos y psicólogos, sino de ingenieros, arquitectos, artistas y educadores que en cualquier otro contexto contribuirían al desarrollo del país, pero que se ven obligados a emigrar ante la falta de libertades, la imposibilidad de emprendimiento privado real y salarios que no permiten la subsistencia. El régimen de La Habana, en lugar de reconocer esta hemorragia de capital humano, la presenta como una «pérdida de la nación» atribuible a factores externos como el embargo estadounidense, eludiendo su propia responsabilidad en el diseño de un sistema que asfixia cualquier iniciativa individual.
A sus más de cuatro décadas en el ámbito de la salud mental, Vivian González suma una humanidad que trascendió la pantalla televisiva y que hoy, desde su clínica en Estados Unidos, continúa atendiendo a pacientes que en muchos casos son propios cubanos emigrados que cargan con el trauma de la separación familiar, la pérdida de su país y la reinserción en una sociedad distinta. Su eventual retiro dejará un vacío no solo profesional sino también simbólico: el de una cubana que, lejos de la tierra que la vio nacer, construyó un legado de empatía y rigor científico que el sistema que la expulsó nunca pudo ofrecerle. La pregunta que queda en el aire es cuántos talentos más se perderán antes de que la realidad cubana cambie.


