Domingo, 27 de septiembre de 2026
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El régimen cubano cesa a Ulises Guilarte de Nacimiento al frente de la CTC tras 12 años de gestión

El régimen cubano cesa a Ulises Guilarte de Nacimiento al frente de la CTC tras 12 años de gestión

El gobierno cubano ha cesado a Ulises Guilarte de Nacimiento de sus funciones como secretario general de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), poniendo fin a 12 años de mandato al frente de la organización sindical. La destitución fue anunciada de manera discreta por el diario oficial Trabajadores durante la cobertura del CXVI Pleno del Consejo Nacional de la CTC. La salida de Guilarte de Nacimiento se produce en medio de una profunda crisis estructural que ha mermado la capacidad operativa de las instituciones estatales, ha destruido el tejido productivo y ha acelerado el éxodo masivo de la fuerza laboral de la isla.

La información sobre la destitución no ocupó los titulares principales de la prensa oficial en su momento de publicación, reflejando el estilo opaco con el que las autoridades de la isla gestionan los cambios en la alta burocracia. Durante el evento, el viceprimer ministro cubano Roberto Morales Ojeda se encargó de despedir al funcionario, destacando lo que calificó como una «rica trayectoria política iniciada en el movimiento sindical». El elogio institucional contrasta con la percepción generalizada de la ciudadanía, que ve a la CTC como un apéndice ineficaz del aparato estatal, carente de poder real para defender los derechos de los trabajadores frente a la miseria salarial imperante.

Ulises Guilarte de Nacimiento, quien asumió el cargo en 2014, es ingeniero en Control Automático y ha sido miembro del Buró Político del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC) desde 2016. Su carrera política está profundamente entrelazada con la estructura de poder del régimen de La Habana. Antes de liderar la CTC, ocupó cargos clave como primer secretario del PCC en las provincias de Artemisa y la antigua provincia de La Habana. Además, ha sido diputado a la Asamblea Nacional desde 2008 y miembro del Consejo de Estado desde 2013, consolidando su posición dentro de la nomenclatura y demostrando que su rol en la CTC era puramente político y no gremial.

Sin embargo, su gestión al frente de la CTC ha sido objeto de fuertes críticas por parte de analistas y opositores. El columnista Orlando Freire Santana, en un artículo de opinión publicado en 2023, lo calificó como el «embustero de la CTC», acusándolo de tergiversar la historia del sindicalismo en la isla para alinearla con la narrativa oficialista. Por su parte, el activista Magdiel Jorge Castro señaló tras conocerse la destitución que la CTC, al igual que el resto de las instituciones del país, se encuentra secuestrada por el Partido Comunista, el cual la controla y maneja a su antojo, sentenciando que el exfuncionario es «otro que la historia no absolverá».

En el mismo pleno donde se anunció la salida de Guilarte de Nacimiento, el ejecutivo cubano informó sobre el aplazamiento del XXII Congreso de la CTC. Originalmente previsto para abril, el evento sindical se celebrará finalmente en la segunda quincena de julio del próximo año. Morales Ojeda justificó el retraso alegando «atrasos en el proceso orgánico», vinculados principalmente a la falta de completamiento en las plantillas de cuadros y al complejo contexto económico y social que atraviesa el país, un tema analizado recientemente en el X Pleno del Comité Central del PCC.

Para organizar el congreso diferido, el Consejo Nacional eligió una comisión encabezada por Osnay Miguel Colina Rodríguez. Colina, de 51 años, es licenciado en Bioquímica y ha dedicado más de dos décadas a escalar en la estructura política del régimen. Hasta hace menos de un mes se desempeñaba como primer secretario del Comité Provincial del PCC en Villa Clara y es actual miembro del Comité Central. El mandato inicial de seis meses de esta comisión organizadora fue extendido hasta la celebración del evento sindical, lo que sugiere fuertemente que Colina Rodríguez podría ser el designado para asumir el cargo que deja vacante Guilarte de Nacimiento, aunque el diario Trabajadores evitó confirmar esta sucesión.

Un sindicalismo secuestrado y una clase obrera en éxodo

El cese de Guilarte de Nacimiento y el aplazamiento del congreso sindical no son meros ajustes burocráticos, sino síntomas del colapso sistémico que atraviesa Cuba. La «falta de completamiento en las plantillas de cuadros» mencionada por las autoridades es un eufemismo para describir la hemorragia de profesionales y trabajadores que ha dejado vacíos a los sectores estratégicos de la economía. La inflación galopante, el desabastecimiento crónico de productos básicos, los apagones prolongados y el colapso de los servicios públicos han empujado a cientos de miles de cubanos a abandonar el país en uno de los éxodos migratorios más grandes de la historia reciente de la isla.

Esta crisis migratoria ha dejado a la CTC sin una base social real que representar. Las fábricas operan con una fracción de su personal, los hospitales carecen de especialistas y enfermeros, y el sector agrícola está paralizado por la falta de mano de obra. En este escenario, la organización sindical, que en teoría debería defender los derechos laborales y salariales de los trabajadores, ha brillado por su ausencia. La dictadura cubana ha mantenido a la CTC como un instrumento de control político y movilización forzada, silenciando cualquier intento de exigir mejoras reales en las condiciones laborales frente a un poder adquisitivo cada vez más devaluado por la inflación y la devaluación del peso cubano.

Mientras los trabajadores se ven obligados a sobrevivir con salarios que no alcanzan para cubrir una semana de alimentación básica, la CTC se ha dedicado a respaldar las llamadas «tareas» del gobierno, como las fallidas reformas monetarias y el ordenamiento empresarial. La organización ha servido como un mecanismo de transmisión vertical de las órdenes del poder hacia la clase trabajadora, exigiendo mayor productividad sin ofrecer a cambio incentivos materiales, seguridad laboral o el derecho fundamental a la huelga. La destitución de su máximo líder es el reconocimiento implícito del fracaso de esta política de subordinación absoluta.

Antecedentes de subordinación y control estatal

Desde la consolidación del modelo totalitario en la isla, el sindicalismo independiente fue desmantelado y absorbido por el Estado. La CTC fue fundada bajo el principio de unidad, pero en la práctica se convirtió en un apéndice del Partido Comunista. Históricamente, sus líderes no han sido elegidos por los trabajadores mediante sufragio libre, sino designados por la cúpula del poder. Ulises Guilarte de Nacimiento es un ejemplo perfecto de esta dinámica: un cuadro político del partido colocado al frente de la organización obrera para garantizar la disciplina laboral y la obediencia ideológica, despojando al gremio de su esencia protectora.

La represión a cualquier intento de sindicalismo auténtico ha sido una constante en las últimas décadas. Organizaciones como la Central Sindical Independiente de Trabajadores de Cuba (CSITC) o la Asociación de Sindicalistas Independientes de Cuba (ASIC) han sufrido el acoso sistemático, detenciones arbitrarias y la confiscación de sus bienes por parte de la dictadura. Mientras estos grupos luchan por el derecho a la libre asociación en la clandestinidad o desde el exilio, la CTC continuó celebrando plenos y congresos totalmente desconectados de la realidad material de los obreros, agricultores y profesionales cubanos.

Implicaciones futuras y la fachada institucional

La destitución de Guilarte de Nacimiento y la posible entrada de Osnay Miguel Colina Rodríguez responden a la lógica del régimen de La Habana de rotar figuras en puestos clave para proyectar una imagen de renovación sin alterar en absoluto el modelo político y económico que ha conducido al desastre. La designación de un exfuncionario del PCC en Villa Clara para liderar la comisión organizadora confirma que la CTC seguirá bajo el control directo del Partido Comunista, sin espacio para la disidencia laboral ni la autocrítica.

Para la ciudadanía, este movimiento burocrático no representa ninguna mejora en sus derechos laborales ni en su poder adquisitivo. La comunidad internacional y los organismos de derechos humanos deberán seguir monitoreando cómo el ejecutivo cubano continúa violando los convenios de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) al proscribir la libertad sindical. Mientras la crisis empuje a más cubanos a la desesperación y a la migración forzada, los cambios en la cúpula de la CTC serán vistos únicamente como un maquillaje sobre una estructura profundamente fracturada e incapaz de representar a una clase trabajadora que, en su gran mayoría, ya ha votado con los pies abandonando el país.

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya
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